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>> Las barras bravas o la violencia en el fútbol
Barritta, el duro de la barra
Una historia con comandante malevo, encarcelamientos y muerte.
Un imperio del miedo en la tribuna.
Cuestionamientos
sobre la violencia fuera y dentro de los estadios. ¿Qué
factores influyen en las barras bravas?
EL
COLOMBIANO inicia serie de investigación sobre barras
bravas. Cinco capítulos con revelaciones insospechadas.
Por
Reinaldo
Spitaletta
Medellín
A José Barritta, de 48 años, lo mató
una neumonía el 19 de febrero de 2001. Había
sido el hincha más temible del Boca Juniors y desde
principios de los 80 hasta mediados de los 90, comandó
La 12, la barra más brava y pendenciera del fútbol
argentino.
El Abuelo, como le decían por su cabellera blanca,
era la encarnación de la violencia en los estadios.
Una suerte de Atila al mando de fanáticos depredadores.
De las tribunas de La Bombonera y de otras canchas lo había
alejado, primero, su detención, junto a ocho "barrasbravas"
más, por el asesinato de dos hinchas de River en 1994
y, después, su internamiento de casi dos meses en el
hospital San Juan de Dios, en la localidad de Ramos Mejía,
donde murió.
Barritta, nacido en Italia en enero de 1953, llegó
muy chico al barrio de La Boca, a la calle Olavarría,
y, aunque jamás militó en equipo alguno porque
siempre desertaba de los entrenamientos, su pasión
por el fútbol lo condujo a estar casi toda su vida
en las tribunas. Se convirtió en el capo de La 12,
en la que estableció un imperio, mezcla de estribillos,
euforias y agresiones.
Pero su reinado se derrumbó cuando fue acusado de
asesinato. Lo condenaron a 13 años de cárcel,
aunque después se los redujeron a nueve (dicen que
por sapo). Pasó 83 meses y cuatro días en prisión.
Se le excarceló con libertad condicional, la cual no
pudo gozar porque salió directo para el sanatorio.
Barritta podría ser el arquetipo de los miembros de
las barras bravas, de ese fenómeno social que, si bien
ya es viejo y preocupante en Argentina, Chile y otros países,
en Colombia todavía se puede considerar último
modelo y como un nuevo agregado a las múltiples violencias.
¿Por qué un deporte, como el fútbol,
tiene relación con la violencia?, ¿es el fútbol
una diversión inocente?, ¿cómo influye
el mercantilismo en el deporte, en las manifestaciones agresivas?,
¿por qué se presentan rivalidades letales entre
los aficionados? Y así pueden plantearse centenares
de interrogantes más, tal vez cada uno con más
de una respuesta adecuada. O sin ninguna.
La influencia de los entornos sociales y culturales, los
ámbitos familiares, la disgregación del hogar,
las subculturas juveniles, las frustraciones económicas
y de otro tipo pueden tener conexión directa con el
fenómeno de la violencia en el fútbol.
El espectador deportivo, en especial el del fútbol,
es, a diferencia, por ejemplo, del de teatro, el de ballet
o el de un concierto sinfónico, más activo.
Con el tiempo ha tejido las redes del protagonismo y cobrado
una importancia capital en el espectáculo, y a veces
se torna más animado y bullidor que los mismos a los
que él va a observar, a abuchear o rendir tributo de
admiración.
El aficionado establece relaciones pasionales y afectivas
con un equipo, hasta llegar, en estados de exacerbación
extrema, a considerarlo como parte esencial de su existencia.
El partido del domingo o de otro día- pasa a
ser asunto vital o también, como ya se ha visto en
muchos casos, mortal.
En esa misma esfera, crea el sentimiento contrario por el
rival. Al cual puede ver como enemigo, ya no tan metafóricamente,
igual que a sus partidarios, en un proceso que puede considerarse
alienador. Hasta ahí podría no haber problemas
mayores, excepto el de los desfogues normales que se presentan
en un estadio, los madrazos al árbitro, a un jugador
del equipo oponente y, aun, a alguno de los del onceno de
sus amores y desvelos.
El aparente cuento de hadas cambia a uno de horror cuando,
de los lenguajes simbólicos, los colores, la fiesta,
los cánticos, se pasa a las agresiones físicas
adentro y afuera de los escenarios deportivos. Es cuando del
hombre racional se hace el tránsito al hombre masa.
Y, como se ha dicho, toda masa puede ser peligrosa. ¿Por
qué?
No es nueva la violencia en el fútbol, pero buscar
sus causas siempre será un principio de la solución.
La aparición de las barras bravas y su evolución
hay que enmarcarlas en contextos socioeconómicos, políticos
y culturales. Es una de las propuestas de esta serie periodística
de EL COLOMBIANO.
Que las barras bravas tienen un lenguaje vulgar y degradante.
Que son parte de la identidad popular. Que en su interior
hay delincuentes. Que son expresión del barrio y sus
contradicciones. Que sí. Que no. Que obedecen a intereses
de los clubes, o de políticos, o de capos de la droga.
O de mercachifles. Tanto se habla. Tanto se desconoce.
Las barras bravas semejan, por sus comportamientos extradeportivos,
hordas guerreras. Y en ellas se distinguen, para bien o para
mal, los tipos como José Barritta.
En el entierro del Abuelo, un grupo de hinchas, miembros
de su clan, lo despidió con el estribillo de "¡José,
querido, La 12 está contigo!". Una bandera del
Boca cubría el ataúd. Ni a su velorio ni a su
inhumación asistieron dirigentes de fútbol ni
jugadores ni políticos, con los cuales mantuvo buenas
relaciones en sus tiempos de gloria. Lo olvidaron rápido,
tan pronto lo encanaron.
Su abogado, José Novello, declaró al diario
Clarín: "Por el momento no tenía pensado
volver a la hinchada. Quizás al fútbol sí,
para combatir la violencia".
El día en que Barritta falleció, Jorge Cárdenas,
tío de Walter Vallejos, hincha de River asesinado en
1994 por "barrasbravas" de Boca, declaró:
"Me pone muy contento que haya muerto. Por su culpa mataron
a mi sobrino. Le hizo mal a demasiada gente y ahora va a pagar
todo en el infierno".
Servicio y utilidad
Nombres extraños
A continuación el nombre de algunas barras que más
violencia han provocado en el mundo:
Alemania
Eurofightur 97, del Shalke 04
Argentina
La 12, del Boca Juniors
Los Borrachos del Tablón, de River
Guardia Imperial, de Racing
Los Cuervos, de San Lorenzo
Barra de la Goma, de San Lorenzo
(sólo duró siete partidos y dejó el recuerdo
de sanguinaria)
Los Canallas, de River
Diablos de Avellaneda, de Independiente
Los Leprosos, de Newell s
La Academia, de Racing
El Aguante, de River
Uruguay
La Banda del Parque, de Nacional de Uruguay
Chile
Los de Abajo, de la Universidad de Chile
La Garra Blanca, del Colo Colo
Trinchera Norte, de la Universidad de Chile
Perú
Comando Sur, de Alianza Lima
Trinchera Norte, de Universitario
Brasil
La Garra Negra, de Corinthians
México
Adicción Rayada, de Monterrey.
EL COLOMBIANO / Marzo 10 de 2002
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