Deportes
>> Las barras bravas o la violencia en el fútbol
Un encuentro premonitorio
En
1996 se hizo primera radiografía del comportamiento
de las barras.
Por
Oswaldo Bustamante
Escobar
Medellín
"Cualesquiera que sean los
individuos que componen una masa y por diversos o semejantes
que puedan ser su género de vida, sus ocupaciones,
su carácter o su inteligencia, el sólo hecho
de hallarse transformados en una multitud, les dota de una
especie de alma colectiva. Esta alma les hace sentir, pensar
y obrar de una manera completamente distinta de cómo
sentiría, pensaría y obraría cada uno
de ellos individualmente...
Cada uno, tomado aparte, es pasablemente inteligente y razonable;
reunidos, no forman, ya entre todos, sino un sólo imbecil".
Sigmud Freud
Hace ya seis años, aún sin presentir siquiera
la rápida y peligrosa metamorfosis que iba a sufrir
el fenómeno de la pasión desbordada por un equipo
de fútbol, un grupo de veteranos dirigentes de las
barras organizadas del Atlético Nacional se dio a la
tarea de promover una especie de convivencia, bajo la simple
premisa de estrechar lazos de amistad con similares de todo
el país.
"Todo se implementó porque veíamos con
preocupación cómo las dos más importantes
barras de los equipos antioqueños de ese entonces,
el Escándalo (de ascendencia verde) y La Putería
(la contraparte roja), se habían enfrascado en una
pelea sin ton ni son. Sus integrantes eran enemigos. Y ese
sentimiento ya se estaba extendiendo por el país, incluso
hasta enfrentar estos dos movimientos con los Ultras de Cali",
señala Guillermo Otálvaro, promotor del I
En esa ocasión, los participantes, vinculados todos
a diferentes barras de equipos del país, partieron
del respeto por los derechos, los valores, los sentimientos
y las creencias de los demás, como base fundamental
para lograr la convivencia.
Se reclamó, entonces, la institucionalización
de mecanismos que propiciaran la participación del
hincha no sólo en los estadios sino en la toma de determinaciones
de orden deportivo, cultural y social para permitir la libre
expresión de ideales, que permitiera, en un futuro,
la consolidación de una integración fraternal
y deportiva de los protagonistas del espectáculo.
Fueron pieza vital para lograr los objetivos del Encuentro,
las autoridades de Policía, en cabeza del Comandante
de la Policía Metropolitana de ese entonces, Brigadier
General Alfredo Salgado Méndez; de los equipos profesionales,
con los dirigentes Juan Guillermo Montoya y Hernán
Cadavid, por Nacional, y Octavio Rivera, por el DIM; del arbitraje,
con Armando Pérez; de los jugadores, con Alexis García;
así como expertos en sicología y sociología
y, claro, hinchas.
Y como lo reconoce el sicólogo y catedrático
de la Universidad de Antioquia, Vladimir Zapata Villegas,
un experto en este tipo de fenómenos, "se rompió
la línea de la previsión y la prevención
en un corto período de tiempo, nos tomó con
toda su fuerza y no tuvimos la suficiente capacidad para manejarlo".
En el fondo, tal y como se dijo en el Encuentro, quienes
protagonizan estos fenómenos de violencia se aprovechan
de la masa y actúan como tales dejándose arrastrar.
"No quieren someterse a patrones de mando, no quieren
pertenecer a organizaciones porque hay reglas; quieren ser
solos, sin normas. No aceptan voces de mando", señala
Otálvaro.
Sin embargo, esa reunión sirvió para bajarle
la tensión a las dos tradicionales barras del momento
en Antioquia y para aplacar la ola de robos y desórdenes
que se presentaban en estaderos cercanos al Estadio. Se erradicó
la costumbre de no pagar donde se pedía y de recibir
a palo y piedra a los visitantes. Y las relaciones amistosas
mejoraron ostensiblemente. El problema ahora es que, según
quienes participaron en ese seminario, se le ha revuelto el
apoyo a un equipo con consignas peligrosas de fanatismo y
sectarismo donde el respeto por el contrario vale cinco centavos.
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