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Deportes >> Las barras bravas o la violencia en el fútbol

Los jinetes del miedo


La década de los 60 marcó el camino que se extendió por todo el mundo.
El término "hooligans" se generalizó en Europa como sinónimo de violencia.
Argentina fue el punto de partida para las barras bravas en el continente americano.



Por
Jaime Herrera Correa
Medellín


En junio de 1998, en Lens, Francia, los hinchas ingleses protagonizaron desórdenes, la Policía tuvo que hacer esfuerzos para controlarlos. Así como lo muestra la foto superior, estaban borrachos o drogados. Ellos, los “hoolingans”, crean terror por donde pasan. Archivo Reuters

Por la mente de Edward Hooligan, según los historiadores, jamás pasó la idea de que su comportamiento fuera el punto de partida de las barras bravas, que a través de individuos vestidos de manera estrafalaria, con cortes salidos de la realidad, calzados con botas militares y pintados hasta el cuello, se convirtieron hace 40 años en sinónimo de terror, pánico y miedo dentro y fuera de los estadios del fútbol.

Edward Hooligan era un personaje que por allá en 1877 se caracterizaba en el sudeste londinense por ser un borrachín, perezoso, poco amante del trabajo y protagonista de las escasas peleas que existían en la capital inglesa.

A diferencia de lo que se vive casi siempre los domingos en el mundo, Edward armaba los enfrentamientos con todo el que se oponía a su exagerada forma de consumir cerveza los sábados, ya que el resto de la semana lo dedicaba al completo ocio.

Sus escándalos impresionaron tanto a la sociedad londinense que, a partir de Edward, todo aquel que protagonizó hechos violentos y actuó en contra de las normas comenzó a ser llamado "hooligan".

Fueron las diferencias sociales producidas por la industrialización y el imponente capitalismo las causantes de que en Inglaterra un sinnúmero de grupos juveniles comenzaran a imitar a Edward generando el desorden y el caos social en nombre del naciente movimiento conocido como el ultranacionalismo.

El mal ejemplo, que copiaron los ultras de Edward y que se extendió rápidamente por Alemania, Italia, Holanda, Turquía y Argentina, se hizo oficial en el Mundial de 1966. Durante este torneo los grupos conformados por hippies, rockers, teddy-boys, rude boys, hell-angels y hard-mods empezaron a transformar los estadios de fútbol en campos de batalla.

Tras cuatro décadas de muerte
Las barras en Inglaterra no se hicieron bautizar con nombres especiales (excepto algunas como Eurofightur’ 97, del alemán Shalke 04), ya que el término "hooligans" fue genérico y sirvió para señalar a la mayoría de revoltosos en el fútbol europeo, aunque en cada país tienen una caracterización especial.

La variedad de influencias les dio vía libre a los skins que entre 1966 y 1971 cobraron los primeros muertos en Inglaterra por las peleas generadas en los estadios. A partir de esta época, el caos comenzó a ser la nota predominante en el balompié inglés y en los estadios donde jugaran la selección y los equipos británicos. En los Mundiales de Fútbol, la Eurocopa, la Liga de Campeones y la Uefa, los "hooligans" estamparon su firma con el sello de la muerte.

La acción de los cabeza rapada y "buscapleitos" (como llaman a los hinchas ingleses en Europa) generó la muerte de 39 personas en 1985, durante el partido de la final de la Liga de Campeones entre Liverpool y Juventus, en el estadio Heysel de Bruselas. De inmediato las autoridades de la Uefa sancionaron al balompié inglés con la expulsión de la Eurocopa hasta el 91; antes esta clase de incidentes perjudicaron al Tottenham, Leeds y Manchester United.

La acción de las autoridades empezó en forma en 1997, después de los 95 muertos y 200 heridos que provocaron los desórdenes en el estadio de Hillsboroucgh durante la final de la Copa Inglesa. En la Eurocopa del 2000, 900 hinchas británicos fueron detenidos luego del juego de su selección frente a Alemania y el terror que han sembrado desde la década de los 60 hizo que la Fifa le negara la sede del Mundial del 2006 a Inglaterra.

Continuidad europea
El inconformismos social, la negación de los asuntos políticos, raciales y la ideología neonazi se expandió por toda Europa, especialmente por los países donde el fútbol es la razón de ser para los ciudadanos.

Jorge Valdano, quien sintió la presión de los ultras en España, asegura que "un club de fútbol es, a la vez, una excusa para sentirse juntos y una posibilidad de emitir un mensaje a través de los símbolos".

En España el fenómeno comenzó en los 80 con el aporte de las barras bravas argentinas. Las ultranacionalistas catalanes y vascos, sumados a los neofascistas llegaron a sumar más de 25.000 revoltosos que sembraron el pánico en la península ibérica. El rechazo social y las campañas gubernamentales diezmaron los grupos y la tranquilidad volvió al bolompié español.

En Italia el racismo es la disculpa que tienen los "tifosis" para sus acciones. Según un informe del periódico argentino Clarín, en la península itálica los actos violentos de los ultras producen cerca de 200 incidentes, 200 heridos y más de 2.000 arrestos por año; además, en la última década hubo once muertos. Todo por cuestiones de raza, por si es "sudaca" (suramericano), africano, tunecino o no son de la extrema derecha como ellos.

En Alemania y Holanda el panorama es similar y antes, durante y después de los mundiales se realizan fuertes campañas para evitar que los "hooligans" ingresen a los países sedes a hacer daños, infundir miedo y a matar, como en Francia-98, cuando hinchas germanos casi logran la cancelación del campeonato al herir a un gendarme galo, quien después murió en una clínica.

Rusia, Austria, Hungría, Albania, Turquía, Polonia y Grecia son otros países que han padecido el problema de las barras bravas o "hooligans" que en el Mundial de Corea del Sur y Japón-2002 ya tiene prohibido su ingreso.

Argentina, alumna aventajada
Las barras bravas en Argentina han dejado un saldo poco envidiable de 152 muertos y tienen en jaque el actual Torneo Clausura debido a los últimos inconvenientes protagonizados por los seguidores de Racing, Independiente, Chacarita y Boca Juniors.

El especialista gaucho Amílcar Romero asegura en sus estudios que los hinchas argentinos son los alumnos más aventajados de los "hooligans" ingleses, aunque en "nuestro país las barras bravas fueron instrumentadas para violar las leyes, a partir de los once o doce años de edad cuando los varones empiezan los ritos del fanatismo con base en la independencia personal. Situación que se agudiza más con las diferencias económicas y los problemas sociales que vive un país en caos".

Según el periodista del diario deportivo Olé, Pablo Cavallero, los enfrentamientos entre La 12 de Boca, los Borrachos del Tablón de River, Funebreros de Chacarita y la La Guardia Imperial se han encargado de distorsionar la razón de ser del fútbol al infundir miedo y rechazar los símbolos sociales en Argentina desde finales de los 60.

"El problema de las barristas se agravó acá en 1983 cuando murió el hincha de Racing, Roberto Basile, en un enfrentamiento; en 1989 fue Adrián Escacerra, seguidor de Boca, resultó muerto y eso generó el rechazo de la sociedad y la incipiente acción del Gobierno. Este problema se agudizó con el patrocinio que tienen las barras bravas de parte de algunos directivos y políticos, acción que puso al juez civil Víctor Perrota a seguir de frente el caso parando las divisiones A y B, antes de plantear la judicialización de los revoltosos", dijo Caballero".

El tema tocó fondo estos días cuando, después de los cuatro muertos que van en el año, Nora Rousoullis, quien perdió a su hijo en un disturbio el 22 de diciembre de 1996, aprovechó para decir en Olé que la culpa de la violencia "no es del fútbol, sino de las barras que son hinchas de ellas mismas y no defienden otra cosa que no sea su negocio: la reventa de boletas y la venta de drogas y el crimen".

Esto puso a los responsables de los principales clubes, en conjunto con la comunidad, a pedirle al Gobierno la creación de un organismo de control independiente de la AFA que evite una crisis mayor a la que vive el país bicampeón del mundo.

Implicaciones
El fenómeno se extiende en América

Mientras en México apenas empiezan estos movimientos con Adicción Rayada del Monterrey y en Brasil las cosas no han llegado a mayores con barras como la Garra Negra del Corinthians, en Chile se dejaron contagiar del miedo sembrado por los argentinos.

Los encargados del pánico en el territorio austral son las barras Los de Abajo (siguen a la Universidad de Chile) y la Garra Blanca, que supuestamente defiende los intereses del Colo Colo. Ambas son formadas en su mayoría por gente de estratos bajos y se han hecho más violentas con el pasar de los años.

La pasión del fútbol ha generado un fanatismo inmanejable por las autoridades, que afanosamente tratan de seguir los modelos ingleses y españoles para controlar a los violentos.

Al igual que en la mayoría de esta clase de grupos de hinchas, sus integrantes oscilan entre los 14 y 25 años de edad. Los de Abajo iniciaron la era de las barras bravas en Chile bajo el lema de "todos somos uno, todos somos iguales", mientras que los de la Garra Blanca se miran a sí mismos como combatientes.

Los integrantes de los dos grupos se caracterizan por usar símbolos satánicos, identificarse con el rock pesado y cantar estribillos que promocionan las drogas y la violencia.

EL COLOMBIANO / Marzo 10 de 2002

 


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