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>> Las barras bravas o la violencia en el fútbol
Una masa que se "hincha"
Aunque
los enfrentamientos disminuyeron, en Bogotá y Cali
falta compromiso.
Ciudades
como Pereira, Armenia, Pasto e Ibagué empiezan a sentir
la problemática.
Hay
indicios de infiltración de tendencias políticas
al interior de las barras.
Por
Wilson Díaz
Sánchez
Medellín

Los hinchas de Santa Fe
también entraron en la onda de las celebraciones
desenfrenadas, así se ponga en peligro la integridad
física de los demás aficionados. En la capital
de la República, el tema también está
en estudio. |
"El problema de las barras en Colombia se volvió
una guerra fratricida", dijo con la mirada fija el comandante
88 de Rexixtenxia Norte, mientras saboreaba una cerveza.
Cinco minutos antes había presenciado un intento de
bronca entre seguidores de Nacional y Medellín, tras
finalizar el foro Las barras y la Cultura del fútbol,
el pasado martes.
Por los alrededores del teatro Porfirio Barba Jacob aún
caminaban jóvenes adeptos al equipo verdolaga con los
rostros pálidos, después de contener la rabia
para no responder a las provocaciones de los rivales rojos.
La multitud se dispersó.
El fenómeno de la violencia alrededor del fútbol
profesional colombiano mantiene en vilo a la comunidad, que,
impávida, ve cómo aumentan los enfrentamientos
entre los barristas, sin que las autoridades y entidades vinculadas
a este deporte encuentren la varita mágica para frenarlas.
La presencia de menores de edad, hombres y mujeres entre 12
y 17 años, llama la atención por su amplio protagonismo.
"Las soluciones que se han planteado hasta ahora son
salidas de la ignorancia, pues vienen de gente que no conoce
a fondo la problemática. Este es uno de los fenómenos
socioculturales más grandes de los últimos años
y como tal merece un tratamiento serio. A diferencia de lo
que muchos creen, éste fue pensado, orientado y dirigido",
comentó Raúl, líder de Los del Sur, en
tono pausado.
Desde su surgimiento, entre el 97 y 98, las barras antioqueñas
han experimentado un aumento vertiginoso, especialmente la
verdolaga que, según sus líderes, tiene más
de 20.000 afiliados en todo el país.
Bogotá señaló
el camino
Bogotá, Cali y Barranquilla, y otras ciudades intermedias
como Pereira, Manizales, Armenia, Ibagué y Pasto, no
han sido ajenas al fenómeno. Los grupos de hinchas
con manifestaciones violentas surgieron primero en la capital
de la República y luego crecieron las antioqueñas,
con influencia argentina.
La afición recuerda con especial interés el
partido entre Millonarios y Nacional del 26 de abril de 1989,
que terminó 1-1 en Bogotá, y que le dio el paso
a los verdes a las semifinales de Copa Libertadores, con el
empate de John Jairo Tréllez. Para muchos, ese fue
el comienzo de los enfrentamientos entre hinchas que más
tarde terminaron organizados en las ahora catalogadas barras
bravas.
El periodista Eduardo Arias, investigador del tema, citado
por el concejal bogotano Juan Carlos Flórez, asegura
que las bases de las barras bravas en Bogotá se implantaron
a principios de las década de los 90, gracias al apogeo
de las antenas parabólicas, "traduciéndose
en la adopción de cánticos, uso de camisetas
de equipos en la vida diaria y cierta cultura de furia futbolística".
El edil, en su afán por contribuir con la investigación,
señala que en el 2001 se retuvieron en promedio 83
espectadores por partido de alto riesgo y "sólo
se han judicializado 15, porque el resto son menores de edad
o no han cometido delito".
Guardia Albirroja Sur, de Santa Fe; Comandos Azules #13,
de Millonarios; Los de Sur, de Nacional y Disturbio Rojo,
de América, son las más grandes y representativas
barras bogotanas.
Además del estadio El Campín, el parque de
la 93, la carrera 30 y los barrios Venecia, Bosa, Kennedy
y Santa Helena, aparecen como los sitios preferidos de los
barristas para sus encuentros.
Según el estudio, de las estrategia emprendida por
la administración de Enrique Peñalosa "destacamos
la inconsistencia percibida por la falta de permanencia y
coherencia de las acciones que tomaba el Distrito frente al
tema de la seguridad y las barras en el estadio. No existió
una política continua proyectada a largo plazo".
En cuanto a Antanas Mockus, quien utilizó el tema
en su campaña proselitista, concluye que su programa
en relación con las barras no cuenta con acciones de
fondo para los jóvenes y que se reduce a reuniones
previas a los partidos de alto riesgo, aunque el pasado 15
de febrero se firmó, con el programa Goles en Paz,
un protocolo de intención con los dirigentes deportivos
y se acordó un comité interinstitucional para
evaluar, en los próximos tres meses, el comportamiento
dentro y fuera de las tribunas.
"Nosotros empezamos acompañando a Nacional en
la Copa Merconorte del 99, con poca gente y en un buen ambiente,
pero esto se volvió una masa. Llegó gente que
no sabía nada de fútbol y decidí retirarme.
Recuerdo que Los Ultras de Cali nos recibían en su
casas, pero esa caramadería ya no existe", cuenta
un ex fundador de Los de Sur, de Bogotá, de 30 años
y padre de familia.
En Cali, los líderes de Los Ultras, el Frente Radical
y el Barón Rojo, las dos primeras del conjunto azucarero
y la otro del América, no dan la cara por estos días
por temor a represalias y amenazas, pero recientemente y tras
las muertes en Medellín, condenaron el hecho y firmaron
un pacto de no agresión previo al clásico del
17 de febrero.
"Nuestro compromiso es no a la guerra entre barras.
Lo ideal es ir al estadio a disfrutar de un verdadero partido
de fútbol", dijo en esa oportunidad Jorman, integrante
del Barón Rojo.
Aunque no existe un censo, se habla de que los escarlatas
suman 6.000 adeptos y los verdes, unos 2.000.
En su momento los barristas vallecaucanos desmintieron la
versión de que les exigían plata a los jugadores
y reiteraron su objetivo de apoyo irrestricto al equipo. Sin
embargo, reconocen que hay momentos en los que la multitud
se les sale de las manos por la presencia de pandillas que
buscan el fútbol como pretexto para sacar a flote manifestaciones
violentas.

Cali también ha
vivido de cerca la problemática de las barras bravas.
Un pacto de paz, firmado recientemente, calmó los
ánimos. |
La ciudadanía caleña recibió con beneplácito
la buena nueva de paz, aunque todavía hay taxistas
que guardan sus vehículos los horas previas a los partidos
en el Pascual.
El gerente del Medellín, Libardo Serna, aseguró
que en las últimas visitas del equipo a Pasto, Pereira
y Barranquilla los buses que los conducían a los hoteles
fueron atacados por hinchas, dejando varios heridos, entre
ellos jugadores y personal del cuerpo técnico. Los
hechos no fueron denunciados para no darles protagonismo a
los revoltosos, pero la situación se está tornando
tensa.
Con menos de cinco años de existencia, el fenómeno
de las barras bravas acosa en Colombia, pero los estamento
vinculados en el tema están dispuestos a buscar soluciones.
El camino educativo es, según los expertos y el propio
Comandante 88 de Rexixtenxia, el primero a seguir.
Implicaciones
Regionalismo y clase social
El regionalismo es un componente trascendental
en la rivalidad que existe entre las barras colombianas, la
mayoría de veces acrecentado por el manejo irresponsable
de un sector de la prensa.
Un directivo del Medellín contaba sorprendido las
frases de los aficionados pastusos, en las que catalogan a
la paisa como una "raza maldita". Esta es una característica
especial del fenómeno en el país.
Otro elemento a tener en cuenta es el factor socioecómico
que diferencia a las barras en cada ciudad, que termina en
una lucha de clases. Los de Sur, Los Ultras, Frente Radical
y Comandos Azules #13 representan estratos altos de la sociedad,
contrario a sus rivales, disputas que salen a flote y se reflejan
en estribillos y graffitis.
La presencia de grupos políticos también empieza
a manifestarse, pues en Rexixtenxia Norte ya hay quienes promueven
tendencias del nacional socialismo.
EL COLOMBIANO / Marzo 11 de 2002
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