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>> Las barras bravas o la violencia en el fútbol
"La
vida vale más que el fútbol": Perrota
Este es el juez que paró torneos en Argentina por la
violencia.
Nunca
le tembló la mano a pesar de las presiones y amenazas.
Lamentó
los hechos de violencia alrededor del fútbol colombiano.
Por
Pablo
Arbeláez Restrepo
Medellín

Víctor Juan Perrota,
quien persiguió las barras bravas de Argentina.
Un juez que buscó que la gente pusiera los pies
sobre la tierra. Primero la vida y después el fútbol.
Archivo, Colprensa |
"La vida vale más que el fútbol".
Al otro lado de la línea, el juez Víctor Perrota,
el mismo que persiguió hasta el cansancio a las barras
bravas de Argentina, dejaba su sentencia a manera de despedida.
Por lo que hizo, por lo que predica, por su decisión
al hablar, se nota a la legua, que el famoso hombre que trabaja
en el Juzgado Nacional en lo Civil 61, de la Avenida Inmigrantes,
1950, en un cuarto piso, sigue siendo implacable, así
no haya seguido con la causa que lo volvió conocido
en el mundo entero.
"¿Y ustedes en Colombia pueden salir a la calle?",
fue lo primero que preguntó cuando fue informado de
dónde le telefoneaban. Estaba extrañado de que
desde un país en guerra lo llamaran para preguntarle
por algo de fútbol, de cómo manejar el asunto
de los desmanes de los hinchas.
Perrota fue el encargado de poner en jaque la violencia en
el balompié de Argentina, que aún sigue convulsionado,
no sólo por los múltiples problemas de índole
social sino por los asesinatos que se continúan presentando
por la acción de las barras que él combatió,
pero que hoy no lo puede hacer, ya que está a un mes
de su jubilación como juez.
Con su decisión y fe en Dios soportó amenazas
telefónicas, advertencias y presiones de quienes querían
que el fútbol continuara en la nación gaucha
como si nada.
Juez Perrota
¿Qué pasa con tanta violencia alrededor del
fútbol?
"Esta es una problemática de violencia mundial.
Estamos sujetos a un sistema perverso en el orden establecido.
Es notoria la influencia que ejercen los medios de comunicación
masivos por cuanto la gente copia lo que se ve allí.
Creo que se ha perdido el sentido de la realidad".
¿Esto tiene alguna salida?
"En este momento sólo se ven los números,
porque el que gana es el que especula en el mercado. Es el
momento de pensar en el cambio y dejar de escudarse detrás
de las máquinas, en búsqueda de un mundo más
justo. Estamos parados sobre una bisagra, en la que hay que
pensar en un mundo de mayores oportunidades. Veo algunos focos
importantes de reacción en varias partes, pero la muerte
no se puede volver una costumbre, porque siempre es más
importante la vida que un partido de fútbol".
¿Qué conclusión
le dejó el trabajo de control sobre las barras bravas?
"Que el rigor lo deja todo. Sin el rigor los hinchas
violentos hacen de las suyas, la droga y el crimen llegan
a las canchas".
¿Se enteró de los
dos muertos que hubo en Medellín, después de
un clásico entre Nacional y el DIM?
"Sí, en los diarios publicaron una o dos líneas
sobre el tema. Aquí no se le dio mayor difusión.
Sin embargo, por ustedes y amigos de la radio supe del asunto
con mayor claridad. Es una lástima que sucedan esta
clase de cosas. Infortunadamente pasamos malos momentos. Para
esto hay que buscar causas comunes que nos ayuden a frenar
la ola de violencia".
¿Cuáles son las formas
ideales para controlar los excesos en los estadios o fuera
de ellos, especialmente en los clásicos?
"Tener un control de los aficionados por medio de videos
en circuito cerrado, dentro y fuera de los estadios. Seguirlos
e identificar a los violentos. Las filmaciones deberán
ser auténticas para identificarlos. La segunda es con
la salida primero de una de las hinchadas y esperar un tiempo
prudencial antes del abandono del estadio de la otra. Con
eso se ha logrado que no se junten, pero en ocasiones hay
que seguirlos un buen trecho por parte de las autoridades,
para evitar las confrontaciones".
¿Qué opina de no dejar
ir al estadio a los que tengan mal comportamiento?
"Es más difícil hacerlo, pero con la identificación
de quienes hacen los desmanes se hace menos complicado sancionarlos,
porque las pruebas están a la mano".
¿Cómo le parece una
eventual medida de no permitir el ingreso de menores de edad
a estos clásicos?
"En este caso si los menores son los que tienen a las
autoridades en problemas, lo mejor sería como medida
preventiva, que los niños vayan acompañados
de los padres y permitirles el ingreso de esta manera únicamente".
¿Qué hacer con partidos
considerados clásicos, en los que no se permita la
utilización del estadio que emplean regularmente los
equipos?
"A veces ha sucedido acá en la Argentina, que
se disputen partidos a 200 kilómetros de distancia
de la sede donde actúan. Esto exige largos desplazamientos.
Es una medida extrema, pero de todo hay que probar, ya que
no hay una fórmula inventada".
¿En qué radica la
base del problema con las hinchadas?
"En la falta de una cultura familiar, de la educación
en general. Hay que buscar desarmar a una cultura violenta.
La violencia de lo cotidiano encuentra un escape en las canchas.
En la familia, en las escuelas se pasa por momentos difíciles.
Si no se puede, no se juega, porque valen más las vidas
de las personas".
Aquí la problemática
tiene mucho que ver con los menores de edad. Las leyes no
son contundentes con ellos ¿Qué piensa de la
judicialización del menor?
"Las menores no pueden dejarse como un ente por fuera
de la ley. Judicializarlos o no depende de los jueces y de
las normas establecidas. Hay fórmulas como la detención
en centros especializados para el menor, con el fin de reeducarlos,
pero, cuidado, que en el lugar donde sean internados no puede
ser un centro de enseñanza para sus malos hábitos,
y el asunto puede ser peor aún".
Antecedentes
Un juez con muchos pantalones
Víctor Juan Perrota, un juez de verticales decisiones,
que fueron las encargadas de parar el fútbol de Argentina,
país el que él soñaba sin violencia,
sin la parca andando suelta por ahí en los alrededores
o dentro de los estadios, pero al que no le quedó más
remedio que frenar los torneos de Primera y de Ascenso, en
1998.
Este hombre de 61 años de edad, de aspecto bonachón,
está casado con Elba Ferrari (en segundas nupcias).
Tiene dos hijos, uno de 38 años y otro de 36. Ella
tiene uno más de 18.
El juez Perrota se graduó en la Universidad de Buenos
Aires, en 1963. Ejerció como abogado durante diez años.
Fue juez hasta 1976, después afrontó un receso
y en 1996 volvió a la parte judicial. En 1998 se vinculó
al control de la violencia en el balompié y en 1999
terminó su papel.
EL COLOMBIANO / Marzo 11 de 2002
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