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>> Las barras bravas o la violencia en el fútbol
La política penetra
las barras
En Medellín opera grupo que promueve el nacional socialismo.
Barrista
asegura que en Bogotá hay gente con ideales comunistas.
Señala
a padres de familia y prensa, entre otros, como causantes
de la problemática.
Por
Wilson Díaz
Sánchez
Medellín

Los grupos políticos
encuentran en esta masa el sitio perfecto para promover
sus ideologías, según reconocen algunos
líderes. Los jóvenes, muchas veces por moda,
ingresan sin tener claridad del alcance de sus decisiones.
Es ahí donde se requiere la presencia de los padres
de familia y educadores. |
La política ya incursionó en algunas barras
bravas colombianas. Un integrante de la Rexixtenxia Norte,
quien pidió no revelar su nombre y se autodenominó
como el Comandante 88 del Frente Skinheads, reconoció
que su presencia allí, "por encima de ser barrista,
es que tengo una postura clara: soy nacional socialista".
Según él, en el fútbol encuentra el
espacio apropiado para reclutar jóvenes y adultos que
comulguen con sus ideales.
El hombre de cabeza rapada, quien dijo ser abogado, vestido
de chaqueta, pantalón y botas negras, tomó la
palabra durante el foro realizado la semana pasada en el teatro
Porfirio Barba Jacob y sentado frente al auditorio, con los
pies cruzados, expresó abiertamente que "esto
se está volviendo una guerra fratricida".
Minutos más tarde, luego de presenciar un intento
de bronca entre los seguidores de Los del Sur y Rexixtenxia
Norte, aseguró que "es preocupante que las barras
bravas en Colombia estén entregadas al vicio".
Comentó que están equivocados quienes piensan
que el conflicto se puede resolver de un día para otro.
"Esto debe tener un proceso en el que participen hinchas,
prensa, directivos y jugadores; no olvidemos que Argentina
lleva más de 30 años tratando de frenar la violencia
en los estadios".
Otros líderes de Rexixtenxia
hablan de que la barra no tiene intereses políticos
ni religiosos, ¿entonces cuál es su posición?
"Mi opinión es muy específica y traduce
el pensamiento del Frente Skinheads, que dista mucho de esa
posición. Nosotros pensamos que el fútbol es
un medio idóneo para concientizar a la gente de la
política, como en su momento fue la literatura. Lo
único que hoy mueve a la juventud es el rock y el fútbol,
pues nadie lee un libro. Con jóvenes con actitud política,
estamos haciendo presencia en el fútbol para reclutar
gente que se acerque a nuestros ideales. Nosotros, como nacionalsocialistas,
sabemos que debemos estar tan unidos que hasta tenemos amistad
con gente de Los del Sur y los hemos incentivado para que
hagan lo mismo en su barra. Ahí es donde se acaban
las rivalidades, el ideal de una Colombia mejor está
por encima de la rivalidad".
¿Usted conoce de otras tendencias
políticas infiltradas en el fútbol?
"Aquí en Medellín no tengo conocimiento.
En Bogotá sí sé de gente con raigambre
comunista, pero no tengo mucho conocimiento de causa para
hablar del tema".
¿Será necesario esperar
más muertes para ponerle fin a los enfrentamientos
entre hinchas?
"La represión es uno de los mecanismos viables
para erradicar el problema, pero el verdadero camino es el
preventivo, éste debe ser el pilar sobre el que se
debe edificar esta construcción de paz".
¿Cómo ponerlo en práctica?
"Así como sabemos que el problema es muy repentino,
que se creció mucho en los dos últimos años,
vamos a tener que recurrir a un proceso de metamorfosis para
poder corregirlo. La Alcaldía, por medio de cátedras
de educación, igual que las sociales y las matemáticas,
debe implementar una de convivencia ciudadana. Esto no sólo
sirve para las barras, sino para los problemas de milicias
y delincuencia común".
¿Usted cree que deben participar
expertos en solución de conflictos?
"Donde más fuerte se debe trabajar es en las aulas
de clase, con programas pagados por la Alcaldía, a
través de las Juntas de Acción Comunal. Mire
que la mayoría de los pelaos no está trabajando
ni estudiando y hay una cantidad de ociosidad que desemboca
en violencia. No sólo con buscar a los que están
estudiando se soluciona el problema, no, hay que ir hacia
los muchachos que no están haciendo nada".
¿Será ociosidad solamente
o son expresiones de juventud?
"Las hinchadas de Nacional y Medellín son muy
distintas. Los muchachos que siguen al verde, en un 80%, provienen
de conjuntos residenciales, de estrato cuatro para arriba,
con una vida buena. Y como no saben qué hacer con tanta
comodidad y libertad, buscan un medio para desaburrirse y
catalizar sus energías. Los aficionados del Medellín,
en su mayoría, son de estrato tres para abajo y, contrario
de los anteriores, lo que buscan es catalizar una energía
por la falta de garantías y oportunidades que les niega
el Estado. La gente lo ve como un problema de camisetas, pero
esta es una lucha de clases, igual que sucede en Cali y Bogotá.
Este es apenas uno de los tantos factores del conflicto".
¿Qué buscan comunicar
con sus estribillos y simbologías?
"Lo que yo percibo es que esto se volvió una forma
de neocolonialismo. Así como el pelao compra zapatillas
Nike, se mete en determinado ritmo musical o moda pasajera,
lo mismo sucede con las barras. Lo que más está
influyendo en este caso son las tendencias argentinas, en
las que las situaciones de beligerancia con estribillos son
pan de cada día entre los hinchas. Eso sería
hasta tolerable porque es una situación de rivalidad,
pero lo triste es que se lleve afuera del escenario donde
gana es el que más bala dé, ya se ven armas
de fuego".
La situación crítica
ahora no es en el estadio, ¿qué alcances tiene
el problema?
"Lo del estadio es mínimo y lo puede controlar
la Policía. Sin embargo, afuera y en los barrios eso
se vuelve un monstruo de siete cabezas, no hay forma de solucionarlo.
Es más, hay muchos heridos y hasta muertos que no han
salido a la luz pública que pasan como peleas callejeras
o atracos y que en realidad se debió a riñas
de fútbol".
¿Por qué el fenómeno
se trasladó tanto a los niños, es cierto que
los adultos influyen en los comportamientos?
"La prensa, especialmente la televisión, se encargó
de crear ese mito. Desde mi barra puedo decir que los infantes
no son maleados por los mayores. Los medios les dan mayor
despliegue a las barras haciendo énfasis en los actos
violentos, pero cuando hacen las salidas y programas de reinserción
de jóvenes e impulsan escuelas de fútbol, eso
no lo difunden. Hay una descompensación informativa
que se convierte en un arma de doble filo: el niño
de 12 años que está viendo la televisión
no quiere entrar a esa agrupación por los proyectos
sociales, sino porque allá se pelea, hay sangre y emoción".
¿Usted reconoce que en las
barras hay alcohol y licor?
"Mi posición, por encima de ser barrista, es que
tengo una postura clara y es que soy nacional socialista.
Me parece preocupante que las barras bravas de Colombia estén
entregadas al vicio. En gran parte la Corte Constitucional
tuvo un acierto en permitir la dosis personal de marihuana,
pero el problema es que no supo delegar responsabilidades
al ejecutivo. Fue como darle licencia a la juventud para que
se autodestruyera, sin una clara cultura, sin mostrar consecuencias
en los colegios y establecimientos educativos. Obviamente
en la barra se ve licor y droga y mucho de ese consumo influye
en la efervescencia a la salida de los partidos y todo termina
en hechos violentos".
¿A quién atribuye
esta responsabilidad?
"Al Estado. El problema del fútbol colombiano
es la violencia, pero eso no es lo principal. El hecho de
los enfrentamientos no es el efecto del licor, sino porque
el uno tiene una camiseta verde y el otro la roja. El grado
de ignorancia al que hemos llegado es alto. La mayoría
de los jóvenes que actúan lo hacen sin estar
bajo ningún estimulante".
¿Qué otro camino se
debe seguir?
"La clave está en la reeducación. Usted
puede hacer mil campañas publicitarias y no va cambiar
los conceptos de la gente vieja. Educación con las
nuevas generaciones y represión con los adultos mayores".
¿Cuál debe ser el
papel de la familia en este caso?
"Los padres de familia viven preocupados por otras cosas
y descuidan a sus hijos. Primero está la televisión,
el cine, la diversión y dejan al muchacho solo, nunca
dialogan con él. Por eso buscan en las barras un espacio
para llenar ese vacío. En Rexixtenxia somos más
de 10.000 personas y, aunque la relación es muy impersonal,
el joven asume como su gente. Ser rexixtente es casi un apellido
y uno por los hermanos está dispuesto a hacerse matar".
Antecedentes
El neonazismo en los estadios
El Partido Nacional Socialista, o partido nazi, se desarrolló
desde 1918 en Alemania y dio lugar a la dictadura de Adolfo
Hitler, desde 1933 hasta 1945, cuando el Tercer Reich, fue
derrotado por los Aliados, en especial por el Ejército
Rojo soviético, en la Segunda Guerra Mundial.
El Nacionalsocialismo, con similitudes con el fascismo italiano,
era un movimiento extremista, racista y sus principios atacaban
el liberalismo, el comunismo y las ideas socialistas. Privilegiaba
la violencia y el terror.
En la Europa contemporánea han surgido movimientos
neonazis, emparentados con manifestaciones de subculturas
juveniles. En Alemania y otros países sus violentas
actuaciones racistas han tenido como objetivos a paquistaníes,
turcos, africanos y suramericanos, especialmente. Se influencia
se nota en las llamadas "barras bravas" del fútbol.
Los skinheads o cabeza rapadas se originaron en Inglaterra,
en los sesenta. En 1966, en el Mundial de Fútbol de
Inglaterra, en medio de una cultura roquera, aparecieron las
hinchadas juveniles, con la violencia como estilo de vida
en los estadios. Ahí estaban los bootboys. Los skinheads
nacieron como una mezcla, un mestizaje de subculturas de grupos
callejeros. Además de la música, la violencia
y el vandalismo eran parte de su identidad. Después,
en los setenta, irrumpió el punk. Algunos skins adoptaron
los símbolos nazis, aunque, otros, los redskins, lo
hicieron con la hoz y el martillo, comunistas. Un explosivo
coctel ideológico.
En las barras bravas, en los hooligans, se manifiestan esas
tendencias, que no sólo obedecen a una caracterización
musical, sino que han derivado en grupos con orientación
política. El neocolonialismo cultural en Latinoamérica
no sólo se da con la importación de modelos
(como el caso de las barras bravas) sino con manifestaciones
como las arriba descritas.
EL COLOMBIANO / Marzo 11 de 2002
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