EL COLOMBIANO
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Deportes >> Las barras bravas o la violencia en el fútbol

Simbología de guerra, pasión y fútbol

Las barras colombianas son un híbrido de manifestaciones sociales.
Expertos señalan que su lenguaje es propio de los militares.
Los graffitis reflejan odio por el contrario y amor por lo propio.



Por
Wilson Díaz Sánchez
Medellín


Las paredes y muros de la ciudad se convirtieron en espacios de expresión y confrontación entre algunos hinchas de Nacional y Medellín, integrantes de la Rexixtenxia Norte y Los del Sur. Un fenómeno que no comparten los propietarios de residencias ubicadas en sitios considerados estratégicos para los barristas. Foto Juan Antonio Sánchez

La simbología de las barras bravas en el fútbol colombiano es un híbrido en el que se mezclan elementos de lucha de clases, tendencias musicales, políticas, modas y copias de expresiones de otros países que, a veces, no permiten una identidad clara.

Lo que sí está marcado en esa masa que en cada jornada tiñe los estadios de verde, azul, rojo, y cuantos colores identifican a los equipos, es el lenguaje que, según el profesor de semiología Federico Medina Cano, "pertenece al mismo código de los grupos militares".

Recientemente el líder de Los del Sur, Raúl, protestó porque un periodista radial de la ciudad hizo esta misma aseveración. Sin embargo, los especialistas lo certifican y al mismo tiempo hacen caer en cuenta que muchos jóvenes lo utilizan más por una moda que por conocimiento de causa. El neocolonialismo, como sucede con la música y la literatura, no es ajeno a este fenómeno.

"Los hinchas retoman muchos elementos del gesto, del lenguaje corporal y del vestuario. No tienen el uniforme militar que es tan rígido, pero poseen otro que es el que les da los colores del equipo preferido. El saludo con la mano en alto es propio de la milicia", acota Medina.

Cuando Los del Sur interpretan el himno antioqueño lo hacen con el brazo derecho arriba, la mano abierta y con muchas ganas, pues su líderes aseguran que su barra es una representación simbólica del pueblo antioqueño y es la número uno de Colombia.

En Rexixtenxia Norte y Los del Sur, el bombo es el corazón de la barra, es un símbolo de pertenencia, el núcleo desde el cual se dan las pautas para los cánticos y estribillos en determinados momentos del partido. Los que están a su alrededor representan, de acuerdo con las jerarquías, a los más antiguos, a los fundadores, como sucede entre los barristas escarlatas.

"El bombo es un elemento relativo al ejército y a lo militar, como también son las trompetas. El sonido del tambor acompañaba a los ejércitos cuando entraban al campo de batalla. En este caso es igual: una batalla simulada entre dos fuerzas opuestas, pero no es una guerra real. Los hinchas actúan como su comunidad de apoyo y hay un respaldo ideológico importante", dice Medina Cano.

Un detalle que llama al atención a este catedrático de la Facultad de Comunicación Social de la UPB es la paradoja que descubre en los graffitis: "los mensajes que pintan los muchachos en las universidades reflejan una lucha entre las barras, pero no expresan contenidos sociales. En los barrios hay violencias, pero acá están alejados de un propósito social o de lucha política. Todo gira alrededor del fútbol", agrega el especialista.

Influencias extranjeras
Las subculturas juveniles, con todo y su influencia exterior, expresan a través de este deporte condiciones específicas de cada región. No son iguales las causas de las peleas acá que en Inglaterra o Italia. En Colombia, el contexto de los barrios populares le da otra razón al conflicto, como lo aseguran los expertos.

Cada barra hace lo suyo, es decir, adapta sus tendencias y las pone en práctica. Como las tribus, éstas trasladan al estadio su lenguaje, su música, su manera de bailar, sus creencias.

Las prohibiciones también han permitido que los jóvenes diseñen sus propios mecanismos para hacerse notar y ofrecer un mayor respaldo a sus ídolos, al pintarse la cara con los colores alusivos al equipo. Como en Medellín ya no se permite el ingreso de banderas con astas, es normal encontrarse muchachos con las camisetas en la mano y saltando. En Argentina esta manifestación puede ser motivada por situaciones climáticas en verano, pero aquí se hace por copia o como respuesta a los controles que operan en el estadio.

En Rexixtenxia Norte son abolidas las letras s, c y z, y remplazadas por la x al momento de darles nombre a los frentes. "La x es un símbolo agresivo, de ataque, con ella se corrigen los errores. También puede ser un elemento distintivo frente a los demás. Otra interpretación de la x, en este caso, como el puño levantado y el golpe fuerte a la mesa, puede ser una expresión de fuerza", comenta el semiólogo.

En cuanto al lenguaje utilizado, señala que no difiere mucho al de los barrios porque los fanáticos llegan con una carga semántica adquirida en su comunidad y la incorporan a la masa.

En 1999, cuando empezaron a tomar fuerza las barras antioqueñas, un sector de la población puso el grito en el cielo por la presencia de figuras que llamaron "satánicas" y que han ido desapareciendo por convenio de los propios hinchas, como sucedió en Los de Sur.

Medina Cano considera que la aparición de estas imágenes, más que tendencias de religiosidad, obedecen a otra moda, a ritos que cohesionan a los grupos de los barrios populares, quizás cautivados por la estética.

Opinión especial
Violencia y territorialidad

Nayive Henao Zuleta
Comunicadora social U. de A., investigación realizada con Wiliam Cardona y Jorge Montoya.

"El graffiti es un tipo de comunicación bien cualificado. No tiene un emisor reconocido y tampoco se dirige siempre o, necesariamente, a alguien en particular. A primera vista prodría entenderse como un acto azaroso, en el que el riesgo y la imprevisión de sus resultados constituyen su carga fundamental.

En la capital de Antioquia no es ajeno el mundo del graffiti a las barras del DIM y de Nacional, ya que es un acontecimiento de sicología de masas que inmiscuye a un grupo de simpatizantes, en ocasiones eufóricos que llevan hasta la violencia sus pasiones por su equipo de fútbol.

Los mensajes pintados en paredes y muros dejan ver ese amor por la divisa, expresan la pasión y la diversión para sacar a flote, muchas veces, sentimientos futbolísticos reprimidos porque no pueden o deben expresarse en el estadio, pues la cultura o la norma social lo imponen.

Desde el punto de vista sicoanalítico, un graffiti expresa de cierta manera la relación con la pulsión de muerte -el temor a ser descubierto refleja ese hecho-, a transgredir una regla social.

Los integrantes de Rexixtenxia Norte y Los del Sur emplean el graffiti para indicar territorialidad. El odio por el mensaje escrito del barrista contrario termina en un círculo vicioso: tú pintas un mensaje alusivo a tu equipo y yo grafeo otro.

Las barras son masas primitivas que en la mayoría de casos no ofrecen una jerarquía, porque temen la regularización de unas ideas que sólo son pasiones y que como tal se volverían políticas y eso no les interesa.

Para los seguidores de Rexixtenxia y Los Del Sur, hacer graffitis es responder a un deseo (pulsión). Esta descarga de energía similar a muchos otros procedimientos sociales, equilibran al individuo y a la colectividad, respecto a los naturales mecanismos opresores.

Se comprende entonces, como a través de la prohibición es que accedemos al goce, entre prohibiciones y provocaciones funciona la mecánica del deseo y su objetivo es la satisfacción, como dice Lacan: "Toda inscripción graffiti es, de ese modo, un impulso contra una situación establecida, pero igualmente se manifiesta, comunica un deseo [...] Los mensajes-fantasmas que proliferan en las paredes, muros y objetos de la ciudad, son parte de un mecanismo colectivo de la imaginación, pero por ellos no dejan de ser reales".

El fenómeno graffitis entre rexixtentes y Los del Sur tiene comportamientos tan disímiles que van desde el clamor por un equipo, pasando por el agravio contra el texto contrario, hasta la muestra explícita de la violencia y territorialidad de acuerdo con puntos claves de la ciudad".

EL COLOMBIANO / Marzo 12 de 2002

 


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