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Deportes >> Las barras bravas o la violencia en el fútbol

Es tiempo de reposición

Recomendaciones para una solución del conflicto de barras bravas.
Se necesita más participación del Estado y educación para la convivencia.
Crear mesa interdisciplinaria para profundizar en las causas del problema.


Por
Redacción Deportiva
Medellín


Los barristas tienen mil formas de demostrar su pasión. Las imágenes, los tatuajes, las invocaciones, cantos y estribillos. Se refugian en fetiches y no tienen reparos en cambiar su estilo de vida. Se vuelven una masa, y como masa, arrastran comportamientos colectivos que se hacen avasalladores. Foto Archivo, Donaldo Zuluaga.

La sociedad colombiana es agresiva. Lo demuestra, principalmente, la guerra que, desde hace cuarenta años, se libra en campos y ciudades. El predominio de esta mentalidad, en la que no hay respeto por la diferencia ni un reconocimiento en el otro, influye en los comportamientos de las denominadas barras bravas.

¿Cómo erradicar la violencia en el fútbol? Las soluciones tienen que partir desde el Estado, pasando por las iniciativas particulares (equipos de fútbol, por ejemplo), los maestros, padres de familia, medios de comunicación.

Los expertos, académicos, voceros oficiales, miembros de las barras, entre otros, consultados en esta serie, coinciden en que es necesario realizar campañas educativas en colegios y universidades, crear una cátedra de convivencia ciudadana, que incluya la cultura barrista y el respeto por el otro.

Se debe aplicar una medicina preventiva, aunque, para otros, sea esencial la represión. En principio, desde la Alcaldía de Medellín se propone que los padres de familia acompañen a sus hijos al estadio.

El conflicto generado por las barras, al estar ligado al resto de la sociedad, merece un tratamiento en todos los frentes: en la educación, la generación de empleo, en la asesoría familiar.

Las autoridades, en el caso de Medellín, con la colaboración de los equipos de fútbol, deben crear un reglamento especial para el estadio Atanasio Girardot, en el cual se definan las responsabilidades de los espectadores y las sanciones que tendrían si infringen las normas. En Inglaterra, por ejemplo, los jóvenes "hooligans", cuando violan la ley, son internados en correccionales el fin de semana y tienen que desarrollar labores sociales.

Los padres de familia, por su parte, deben tomar posición en cuanto al comportamiento de sus hijos en las barras de fútbol y responsabilizarse del mismo. La Secretaría de Educación y Bienestar Familiar tendrían que desarrollar un trabajo de capacitación para padres e hijos.

Otro "deber ser"
Entre tanto "deber ser" también está el de las barras. Se propone que tengan reglamentos, estatutos, carnetización, es decir, una organización, con directivos y un código de disciplina, con énfasis en la convivencia pacífica.

Sus líderes pueden manejar programas, como vacaciones recreativas con los equipos y entidades oficiales, con lo cual, de paso, se les crea empleo. A su vez, los clubes de fútbol deben estimular con premios a las mejores barras e hinchas, y tenerlos en cuenta para la organización y ejecución del espectáculo.

El Estado, a través de sus canales de televisión, como Señal Colombia, TeleMedellín, canales universitarios y regionales, debe promover campañas sobre el papel de los aficionados dentro y fuera de los estadios. El Municipio de Medellín debe entender que el problema de las barras bravas no es sólo del fútbol, sino de ciudad, por lo cual debe intervenir en aspectos culturales, educativos, de recreación y capacitación, entre otros.

Los clubes de fútbol deben establecer cláusulas especiales en los contratos con sus jugadores, para que éstos, dentro de sus actividades, contemplen las del trabajo social, visitas a colegios y universidades, con el objetivo de promover la convivencia.

Dentro de las medidas de control, se propone reprimir el consumo de estupefacientes y licor en el estadio y extremar las medidas de seguridad. La Policía debe considerar la creación de un cuerpo elite especializado en el manejo y control de masas, como las de las barras, y que preserve el orden y el buen comportamiento dentro y fuera de estadio.

Mesa de trabajo
El problema de las barras bravas es más que una rabieta de muchachos. Por eso, hay que establecer una mesa permanente de trabajo interdisciplinario, que profundice el estudio del problema. En ella deben participar la Alcaldía, el Inder, la Dimayor, la Federación de Fútbol, los clubes, periodistas, jugadores, técnicos, hinchas, científicos sociales y la Policía.

Los medios de comunicación, por su lado, deben hacer un alto, cultivar la autocrítica y analizar su responsabilidad social. Son canales de educación y orientación, y no vehículos para incitar pasiones. Su papel debe promover la reflexión. Se sugiere que comentaristas y narradores estudien más. En últimas, todavía hay tiempo para tratar el problema con eficacia y profundidad. Así, algún día, el fútbol volverá a ser una fiesta y no una guerra fratricida.

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