Ciudad
Región / Paz y DH >> Conflicto Urbano
Violencia en Medellín
equivale a borrar del mapa un municipio
Entre 1992-2002 se registraron 42.393 muertes violentas en
la ciudad.
Desigualdad + violencia, peligrosos ingredientes de una bomba
social.
La urbe tiene el 0.6% del territorio antioqueño y el
36.6% de la gente.

El subempleo, las crisis
del modelo económico regional, el desempleo y otros
fenómenos asociados con la capacidad productiva
y de desarrollo social de Medellín constituyen
una bomba social y un factor que agudiza los conflictos.
Fotos Donaldo Zuluaga |
Por
Germán
Jiménez Morales
Medellín
Nacer en Antioquia es un privilegio que cuesta. La región
es de las más ricas del país, pero tiene el
corazón partido por diversas formas de violencia. Eso
convierte en pesadilla el sueño de morir de viejo.
Cada mortal que nace aquí tiene la expectativa de vivir
68 años, cuando el promedio para un colombiano es de
70 años.
La brecha es mayor tratándose de los hombres. El antioqueño
llega con dificultad a los 62 años de existencia, frente
a un colombiano que supera los 67. Por supuesto, en la realidad
hay gente que pasa la frontera de un siglo de vida. Sin embargo,
en las estadísticas hasta un pakistaní o un
boliviano tienen un horizonte más promisorio que el
paisa en esta materia.
El reto de salvar el pellejo y morir anciano o víctima
de una enfermedad es bien difícil de afrontar en Medellín,
su capital. La urbe es un hervidero de gente. Sus 382 kilómetros
cuadrados de extensión equivalen al 0.6% del territorio
departamental, y aún así alberga al 36.6% de
la población de Antioquia. La desproporción
suena a hacinamiento urbano: en la región hay 88 habitantes
por kilómetro cuadrado y en la capital 5.305.
Semejante tendencia concentradora le facilita el trabajo
a la misma muerte. De cada 100 personas que en el 2000 murieron
en el departamento por agresiones personales, casi 40 cayeron
en Medellín.
Esa violencia pesa mucho como pasaporte al otro mundo. De
los 12.298 muertos registrados en la ciudad en el 2000, el
23.6% fueron víctimas de agresiones. Tal porcentaje
ni siquiera se alcanza sumando las tres primeras causas de
muerte natural, como fueron los ataques al corazón
(10.5%), las enfermedades crónicas de las vías
respiratorias inferiores (6.2%) y las cerebrovasculares (5.9%).
Decir que por la ciudad ha corrido un río de sangre
es una exageración que raya en lo real. Entre el 1°
de enero de 1992 y el 6 de abril del 2002 un total de 42.393
personas perdieron la vida en forma violenta en Medellín.
Lo que equivalaldría a la desaparición de una
de las 125 poblaciones antioqueñas.
Por eso no es gratuito el título de Medellín,
la ciudad, como campeona mundial en violencia. Aquí
mueren violentamente 220 personas por cada 100.000 habitantes,
cuando Buenos Aires tiene 34, Bogotá 36 y México
14. Con un agravante: a nivel local prima la "plomonía".
El 88% de los homicidios se cometieron con arma de fuego.
Así mismo, en el 31% de los casos el alcohol fue invitado
de honor, mientras que en el 69% de los delitos las drogas
también oficiaron como actores de reparto.
Ninguna zona tiene el monopolio de los muertos. Aunque sí
hay comunas, como la Centroriental, que acapara 30 de cada
100 homicidios. Le siguen la Nororiental, con el 28%, y la
Noroccidental, con el 20%. Eso resulta doblemente tenaz para
los residentes en estos barrios. Primero, por el nivel de
riesgo al que están expuestos. Y segundo, por el estigma
de violentos que recae sobre su población joven y que
se vuelve una barrera a la hora de buscar empleo.
Congruente con lo anterior, el Instituto Popular de Capacitación
(IPC) hace notar que tanto los homicidios como la presencia
de actores armados en la ciudad son más graves en donde
hay limitaciones de espacios públicos, mayor pobreza,
más desempleo, carencia de educación, déficit
de vivienda y dificultades para el acceso a la justicia formal.
Mejor dicho, "en donde son más claras las consecuencias
producidas por la desigualdad y la exclusión social".
¿Qué desequilibrios?
El coctel de la violencia tiene un asiento marcado por la
desigualdad en el reparto del bienestar y de las oportunidades
de progreso.
En Medellín el índice de calidad de vida es
del 83.8, superior al 75.7 de Antioquia y al 78.7 de Colombia.
Este es un indicador de bienestar, que se construye a partir
de 12 variables relacionadas con la educación, la vivienda,
los servicios públicos y el tamaño y composición
de los hogares.
Lo anterior no quiere decir que esto sea el Paraíso.
De hecho, 16 de cada 100 habitantes de Medellín tienen
necesidades básicas insatisfechas y un 3.5% de la población
vive en la miseria.
Por sus calles también deambula un ejército
de 200.000 infantes, cuota local que está incluida
en los tres millones de niños que trabajan en el país.
Muchos de ellos forman parte de los hogares de los 253.000
desempleados que hay en Medellín y el Área Metropolitana
o pertenecen al seno familiar de los 372.000 subempleados
que no alcanzan a devengar un salario mínimo. Esa falta
de empleo golpea de manera especial a los jóvenes.
Entre ellos la tasa de desocupación oscila entre el
28.9% y el 49.3%. Y, cuando trabajan, 40 de cada 100 "sardinos"
lo hacen a través de contratos temporales.
El campo educativo no está exento de problemas. Por
lo menos 25.000 niños y jóvenes no encuentran
cupo en la educación básica. De cada 100 que
entran a cursar primaria, 6 terminan como desertores, un nivel
que es muy similar en la secundaria. En la formación
media, el 44.3% de los muchachos se queda por fuera de las
aulas. Adicionalmente, educarse ya no parece un derecho, sino
un privilegio, pues la oferta que más aumenta es la
privada, de mayor costo para las familias.
No es cuento. El Observatorio para la Equidad y la Integración
Social, afirma que en Medellín y el Área Metropolitana
una persona perteneciente al 10% más rico de la población
puede aspirar a culminar bachillerato y a continuar en la
universidad. En cambio, quien pertenece al 10% más
pobre sólo puede aspirar, en promedio, a terminar la
primaria.
En cuanto a la seguridad social, allí se ha ido desdibujando
el logro de un departamento que aumentó la cobertura
de 1.1 a 3.2 millones de personas entre el 94 y el 98. Razones:
el salto de la pobreza, que medida por los ingresos de la
gente supera el 54% en Antioquia, y el alto desempleo provocado
por la crisis económica. En Medellín, de más
de un millón de personas que en el 2000 calificaban
para el Sisbén, apenas estaban afiliadas 224.868, o
sea el 21%.
Las carencias son extensivas a la vivienda. Con todo y lo
esencial que es, se calcula que el déficit cuantitativo
en la capital es del 24%. Fuera de ello, Medellín concentra
el 45% de las 52.029 viviendas que en el departamento están
ubicadas en zonas de alto riesgo y el mismo porcentaje de
las 256.911 personas que se mueren de miedo cada vez que llueve
o tiembla la tierra. Todo esto ocurre en una ciudad, urbanizada
en un 95%, y en la que por cada rico del estrato 6 hay 13
pobres de los estratos 1 y 2.
Pedagogía
Otras violencias
 |
Según datos del IPC, Medellín y el Área
Metropolitana tienen 45 asentamientos de desplazados forzados,
de los cuales el 40% está en las zonas Centroriental
y Nororiental. En los últimos diez años ese
fenómeno ha afectado en el país a 1.7 millones
de personas y se estima que en la capital antioqueña
hay 100.000 de ellos. A esa lista habría que agregar
los que llegan presionados por la miseria, el desempleo, los
desastres naturales y "los protagonistas de inéditos
conflictos que se están incubando en los nuevos escenarios
urbanos".
Cada día desaparece más de una persona en Medellín.
Del 43.85% no se conoce el paradero ni se encuentra su cuerpo,
por lo cual se presume que se esfumaron contra su propia voluntad.
El 43% de los desaparecidos retorna vivo.
El hogar también es un escenario de conflicto. Datos
de Medicina Legal y el Observatorio de Violencia Intrafamiliar,
dan cuenta de 16 violaciones diarias en el Área Metropolitana.
Sólo 4 se denuncian. El IPC anota que "la violación
y el acoso sexual a las mujeres vienen siendo utilizados como
una estrategia de los grupos armados en retaliación
o provocación hacia los contendores de los grupos enfrentados,
según testimonios recogidos entre habitantes de los
barrios populares. Estos datos, sin embargo, no aparecen en
las estadísticas claramente identificados porque regularmente
no se denuncian y porque cuando eventualmente se presenta
un homicidio el acceso carnal como hecho pasa a un segundo
plano".
|