Docencia
y Educación >> Calidad de la Educación
La violencia y la pobreza
acechan
Muchos jóvenes deben decidir entre sobrevivir y estudiar.
Los grupos armados son una posibilidad de emplearse.
La violencia y el desempleo, factores determinantes en la
calidad.
Por
María
Cristina Rivera Ochoa
Medellín

El hambre y la violencia
son dos factores que inciden cada vez más en la
educación y en su calidad. En no pocas áreas
de Antioquia no pueden ir a las aulas por temor a las
balas o a que los recluten. O cuando van, el hambre no
los deja concentrarse. Acá, una niña en
la convulsionada Comuna 13. Foto Donaldo Zuluaga
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A muchos jóvenes de las comunas de Medellín
les toca faltar o salir temprano de clase por los enfrentamientos
entre grupos armados. En muchos municipios del departamento
algunos se vinculan a estas organizaciones para recibir un
salario y los otros se dedican a trabajar para vivir, pues
el estudio es un lujo que no les da plata.
Diana lleva al colegio, además de los cuadernos, la
ropa del día siguiente, en una bolsa, por si por la
noche no puede entrar a su casa. Estudia en la jornada nocturna
del Liceo Concejo Municipal y cuando su barrio, Belencito
Corazón, "está prendido", le toca
amanecer en una casa prestada.
"La calidad de la educación también se
asocia con la violencia y la pobreza", comenta el profesor
de Filosofía del Liceo y las cifras lo respaldan pues,
por temor al conflicto armado, 350 estudiantes abandonaron
las clases en la comuna 13 al Occidente de la ciudad, mientras
que 13 de cada 100 personas pertenecientes al 30% más
pobre de la población de Medellín no tienen
ninguna escolaridad y 29 de cada 100 tienen la secundaria
incompleta.
El profesor recuerda que en el Liceo, cerca de un 30% del
estudiantado nocturno también desertó por problemas
de violencia y otros jóvenes trabajan mientras estudian.
"Hay muchos que vienen sólo un ratito". Esos
son los que retan el orden público y los que le sacan
tiempo al deber. "A mí que me maten pero estudiando",
dice un joven de once que quiere ser comunicador social. "Miedo
de Dios solamente", pero reconoce que por su casa, en
la zona nororiental de la ciudad, "el diablo sube rezando".
Aunque la situación es ajena en términos estructurales
a la educación, algunos expertos piensan que es necesario
que el sistema presente respuestas frente al problema. ¿Qué
va a hacer la educación sobre el tema de la violencia
y la pobreza? Por los enfrentamientos muchos hombres dejan
de estudiar, por el desempleo muchos salen a trabajar y en
la zona rural los jóvenes son reclutados por los grupos
armados. Es una realidad.
"Una educación de calidad es la que forma para
la no violencia, la convivencia, la tolerancia", dice
Jaime Saldarriaga, investigador de la Corporación Región.
A su parecer, los factores externos condicionan y marcan pautas
al sistema educativo y es una situación en la que se
trabaja muy poco.
Violencia vs. educación
Cuando se les pregunta al Rector y al Coordinador del Liceo
Integrado Julio Restrepo de Salgar, en el Suroeste, por los
factores que inciden en la calidad de la educación,
de inmediato se les escucha decir algo sobre la violencia,
el miedo a estudiar, a protestar, a enseñar.
"La educación en el departamento es regular y
el factor de principal incidencia es el conflicto armado,
que a la vez causa desempleo y desplazamiento", afirma
sin dudar Rodrigo Valencia, coordinador general de la institución.
En Salgar, las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) acuartelan
a la población estudiantil y les pagan salario.
En Andes sucede algo similar pero con los grupos guerrilleros.
Dos colegios de la vereda Santa Inés, en la parte alta
del municipio, fueron cerrados por problemas de orden público
y 92 de 8.622 estudiantes dejaron el estudio en toda la población,
según cifras otorgadas por la directora del Núcleo
Educativo, Margarita María Rico. En esta región,
la crisis cafetera es la principal causa de deserción,
pero también hay acuartelamiento de los grupos armados.
Los padres de familia solicitan que dejen salir antes a los
estudiantes de la jornada de la tarde para que no los coja
la noche y de paso el peligro, de regreso a la casa.
En el departamento la tasa de deserción en los tres
niveles educativos es del 7.5%, en comparación con
un 6,7% que abandona las aulas en el país. Y ha descendido
la escolarización. "Esta disminución se
da debido a los problemas de violencia y orden público
que obligaron a los alumnos y familias a desplazarse a otros
lugares", dice José Fernando Montoya, secretario
de Educación departamental.
Otros se salen porque deben trabajar y los que estudian y
trabajan obtienen 13 puntos menos en el Icfes que los que
no lo hacen. En el colegio Los Andes, en Chigorodó,
un 70% de los alumnos proviene de familias en donde no cuentan
con el padre y deben laborar para rebuscarse el sustento.
En esta región desertaron 1.651 jóvenes y niños
en 2001, por causa del desplazamiento, la violencia, el hambre
y los problemas sociales que afectan la zona.
Jeison, en Salgar, paga el colegio con la venta del chance.
"El que se descuide con el trabajo está grave",
dice Rodrigo, un estudiante de once del Julio Restrepo, quien
asegura que cuando termine va a prestar servicio militar y
después a conseguir trabajo. Del estudio nada, para
eso no hay plata. Es más, espera en septiembre la cosecha
de café para salirse de estudiar y ganar unos pesitos.
* Nombres cambiados para proteger la identidad de las
fuentes.
Implicaciones
La pobreza se combate con educación
Una persona sin educación primaria tiene un 80% de
probabilidad de continuar siendo pobre. Está comprobado
que la educación es clave para combatir la pobreza
y que se necesitan por lo menos doce años de estudio
para lograrlo, según un informe de Corpoeducación.
Cuando la educación es de mala calidad o no alcanza
los doce años, la probabilidad de tener hijos pobres
o más pobres varía entre 82% y 91%.
Según este mismo estudio, cuando se obtiene un mayor
nivel de educación de mejor calidad, la posibilidad
de tener hijos con la misma capacidad económica o más
ricos varía entre 54% y 60%. Por esta razón,
la falta de educación se convierte en un mecanismo
reproductor de la pobreza. Un estudio realizado por el investigador
Alejandro Gaviria afirma que la falta de acceso a una buena
educación limita las posibilidades de movilidad social
de los menos favorecidos.
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