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Serpa, un quijote en la política

Este santandereano ha ocupado cargos en las tres ramas del poder.
Su vibrato y su bigote más que un sello político, una forma de ser y hacer.
Sus hijos y su esposa hacen parte del equipo político que lo siguen a todas partes.


Por
Edward Jaramillo González
Medellín

Cuando habla, lo hace de manera fuerte y rítmica, como el tecleo de una vieja máquina de escribir. Y es que cuando se expresa con palabras como "mamola", "contubernio" o "estartazo", no puede alejar de su memoria esas mañanas en las que su padre, José Serpa, un tinterillo de un juzgado de Barrancabermeja que, sin poseer ningún título, tramitaba diversas diligencias, lo llevaba para que le ayudara a hacer memoriales o declaraciones de renta.

Allí fue donde empezó a apropiarse de esa fraseología típica de abogado, que es la base de su oratoria o de las cáusticas alusivas a sus adversarios. Palabras que lo han acompañado por las tres ramas del poder público a lo largo de más de 30 años de actividad política y que lo distinguen tanto como su bigote o el particular vibrato que suena a esa vieja corriente del gaitanismo.

El Partido Liberal ha sido su casa, desde aquella época en la que al lado de Alfonso López Michelsen, Mario Olarte Peralta y Alfonso Gómez Gómez empezó a trabajar junto con otros jóvenes del partido que lo acompañaron durante muchos años y que, hoy ocupando cargos importantes, le han dado la espalda.

Sin embargo, él no abandona su hogar político, no es capaz de perder contacto con "la casa", al igual que llama a su mamá hasta cinco veces en un día o va de gira con su esposa Rosita y sus hijos a distintas ciudades, no deja de interpelar, diariamente, a las cabezas del movimiento liberal colombiano que ven en él un líder nato, que hace cuatro años consiguió 5’ 700.000 votos en la segunda vuelta que lo respaldan hoy como aspirante presidencial.

Serpa le es tan fiel al Partido como lo fue a Ernesto Samper en momentos críticos, quizá más aún que los que enfrenta, en la actualidad, el liberalismo. Lo que le ha costado ser tachado por unos como leal y por otros como alcahuete.

Así es este candidato que, de todos los que ahora se disputan el liderazgo del país, es quizá, el más curtido en el escenario público. Así es Serpa, aquel que terminó estudiando en Barranquilla porque llegó tarde al examen de admisión de la Universidad Nacional y que, años después, como juez promiscuo de Tona (Santander) dictó sentencia de seis años de cárcel contra un muchacho que le había robado a su abuela.

Un hombre familiar
Una verdadera colección de formas de lucha se dan en Serpa, tal como el Quijote, es capaz de enfrentarse a los molinos de viento, a príncipes y mendigos durante un día entero y, olvidarlo todo, mientras descansa en el consuelo brindado por su Dulcinea que, para el caso, tiene un nombre aún más coloquial: Rosita.

A Rosita Moncada, una joven que cursaba tercer año de Trabajo Social en la Universidad Industrial de Santander, la mamá le anunció que el Alcalde de Barrancabermeja iba a ser su edecán en el club. Pero antes que nada, le advirtió que no le iba a gustar porque aunque, era joven y soltero, tenía unos bigotes muy grandes.

Lo que la mamá de Rosita nunca se llegó a imaginar fue que, desde ese encuentro, no sólo le parecieron atractivos, sino que se dedicó, cada ocho días, a su disciplinado cuidado, a cortarlos y pulirlos con amor y entrega.

Como en un capítulo de Cien Años de Soledad, Serpa le dio su primer regalo a su amada: unos pescaditos de oro. Este detalle, que ella aún conserva, cautivó el corazón de la novia y marco el destino de la pareja que ahora cuenta con tres hijos que trabajan activamente en la campaña política.

Sandra Serpa, administradora de empresas y la mayor de los tres, se desempeña como la secretaria privada de su padre; Rosita Serpa, por su parte, terminó sus materias de Derecho y coordina el programa de juventudes en todo el país. El menor de los tres hijos del candidato, Horacio José, está cursando su tercer semestre de Administración de Empresas y trabaja, en los momentos libres, con las juventudes en Bogotá.

Así, la política está enmarcada dentro de la cotidianidad de esta familia que tiene prohibido hablar de elecciones, ministerios o negociaciones en horas de comida o fiesta y, cada mes, se reúne en la mesa del comedor para hablar del país y los amigos, los problemas y las alegrías.

Populista o popular...
Serpa no deja de hablar del pueblo cada vez que le toca hacer un planteamiento, sus contactos visibles e invisibles con guerrilleros y líderes obreros comunistas, amén de uno que otro contacto con líderes de las autodefensas, lo ubican como un hábil estratega que sabe moverse entre las aguas tormentosas de la izquierda y de la derecha.

Y es que el país ha podido ver su participación en negociaciones como la de Tlaxcala con la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar, de la cual se levantó por no estar de acuerdo con algunas posiciones de los negociadores; gestionando la reinserción del Epl, participando como crítico de los recientes diálogos de paz con las Farc y liderando acercamientos con los grupos de autodefensa para lograr la liberación de una de sus grandes amigas, en la política y en lo personal, Piedad Córdoba.

Ese capítulo, a ojos de la senadora liberal, es el perfecto para describir su relación que data de hace más de una década. "Yo no me pude ver con él hasta tres días después de mi liberación. Mientras a mí me sacaban, él estaba hablando con quienes me tenían secuestrada. Sólo hablamos por teléfono y le agradecí el ofrecimiento que hizo de canjearse por mí, eso sólo lo hace un amigo, no se lo dejaré de agradecer nunca", afirmó Córdoba.

Serpa ha conocido a la mayoría de sus amigos en la política. María Emma Mejía, Luis Guillermo Vélez, Ernesto Samper, Bernardo Guerra, son sólo algunos de ellos. Esta relación tan estrecha con varios servidores públicos es la que le ha costado las mayores críticas de sus contradictores y algunos analistas que aseguran que el talón de Aquiles de Serpa, muchas veces, ni siquiera es su desempeño público, sino, quienes lo acompañan.

Así, este hombre que le escribía, en su infancia, cartas al Niño Dios mecanografiadas; que fue reconocido durante su época de estudiante por ser uno de los mejores, obteniendo un reconocimiento por su tesis en la Universidad del Atlántico; que es sumamente tímido, así la gente no lo crea, y se escuda en la miopía que no le permite ver claramente el auditorio al que se enfrenta, es el que quiere ser Presidente de Colombia los próximos cuatro años.

Y para lograrlo duerme cuatro horas diarias sin roncar un solo segundo, lucha, como el Quijote, por lograr una meta que no pudo alcanzar, en las elecciones pasadas, sobre todo por su estrecha relación con la administración Samper en la que más que la mano derecha, fue el hombre detrás del poder.

Antecedentes
Hoja de vida

Horacio Serpa nació en Bucaramanga el 4 de enero de 1943. Empezó su discurrir político al graduarse de abogado de la Universidad del Atlántico de Barranquilla con una tesis aclamada, bajo el título de Estado de Sitio y sus Consecuencias Jurídico-Políticas. Su carrera pública comienza en el Juzgado Promiscuo Municipal de Tona (Santander).

Luego se desempeña como juez penal municipal de San Vicente del Chucurí, juez civil municipal del Circuito de Barrancabermeja, investigador criminal de Santander y juez superior de Barrancabermeja. Luego fue director de una caja de compensación familiar, concejal y alcalde. Fue representante a la Cámara como suplente en un período y como titular en dos más. Senador en dos períodos más.

Mientras estaba de vicepresidente del Senado en 1990, César Gaviria disuelve el Congreso y se lanza para la constituyente, siendo su copresidente. Procurador General de la Nación, Ministro de Gobierno de Virgilio Barco y de Gobierno y del Interior de Ernesto Samper.

 


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