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Uribe, primero la autoridad
Álvaro Uribe ama el trabajo y el campo como un buen
arriero paisa.
Habla
fuerte, claro y sin pelos en la lengua sobre la disciplina
y el orden.
Es
un caballero con las mujeres y un hombre leal con los amigos.
Por
Alfonso López
Suárez
Bogotá
Lo que menos espera una persona que se acerca por primera
vez a Álvaro Uribe Vélez, un hombre de aspecto
calmado, baja estatura y menudo, y con cara de niño
bueno, es que cuando diga algo lo haga como los arrieros paisas:
fuerte, claro y sin pelos en la lengua, sobre todo en aquellos
temas que relaciona con la disciplina y el orden.
Pero lo que más llama la atención, dicen los
que de alguna manera siempre lo tienen cerca, es la proyección
de su mirada directa a los ojos de su interlocutor, gesto
que fortalece con el movimiento de sus manos, tratando de
crear confianza.
Álvaro Uribe Vélez, aspirante a la Presidencia
de la República, es perfeccionista, sensible y detallista;
"un caballero con las mujeres y un hombre leal con los
amigos", dice Anny Vásquez, quien por años
ha trabajado al lado de Uribe.
Uribe Vélez emana optimismo y tranquilidad, que conjuga
con ilusión y esperanza; cualidades que transmite a
quienes lo están escuchando no solo en sus debates
políticos, igual en las tertulias al momento de compartir
y debatir la filología de los poemas con amigos y extraños.
Porque no solo la política ha sido su pasión.
La poesía y los caballos igual ganan su mayor atención.
Declama de memoria los versos de nadaístas como Gonzalo
Arango y Jota Mario Arbeláez, y lee con frecuencia
-cuando los compromisos políticos lo permiten- los
poemas de Darío Lemus y Jaime Jaramillo Escobar, entre
un buen número de poetas.
Y su amor por los caballos comenzó con los primeros
años de su infancia en la finca de la familia en Salgar,
al suroeste de Antioquia, donde junto con su padre Alberto
aprendió de los secretos de la agricultura y la ganadería,
conocimientos del campo que debe manejar al dedillo un buen
arriero paisa, como Alvaro Uribe proclama con orgullo.
Su permanente contacto con la poesía, el campo y la
política fueron suficientes para formar con el paso
de los años a un Álvaro Uribe Vélez serio
y disciplinado, bien educado y con modales, sencillo y humano,
optimista y trabajador; que antepone la razón y el
buen juicio a la impaciencia y desesperación.
Con alguna frecuencia menciona y comparte con sus amigos
y allegados la huella que dejaron en él sus padres,
Alberto y Laura. "Dejaron una huella en su alma, en su
educación, en su manera de ser, y que se ha reflejado
en ser un buen padre y esposo con su esposa Lina y sus hijos
Jerónimo y Tomás", comentan personas cercanas
a Uribe.
Ese don de familia tan tradicional en la cultura antioqueña,
y que heredó de sus progenitores, ha hecho que Uribe
Vélez aproveche al máximo el poco tiempo libre
que le dejan sus compromisos políticos para estar con
su esposa e hijos, quienes al mismo tiempo lo apoyan en sus
aspiraciones profesionales y personales.
Pero no solo es paternal y justo con los suyos, sino con
quienes los rodean y acompañan en sus proyectos, incluso
con sus contradictores.
Atento con todos
"Aunque es el candidato a la Presidencia, de manera permanente
está atento a apoyar a sus compañeros de trabajo,
incluso se pone al mismo nivel de ellos para no solo compartir
el día a día, sino para servir de confidente,
porque guarda bien los secretos, además le gusta enseñar
sin egoísmos, y no deja el paternalismo de lado porque
a sus subordinadas le dice hija y ellas lo consideran un padre
putativo", comentan sus asesoras en la campaña.
Uribe Vélez considera que un hombre, no importa la
edad, debe seguir estudiando, por eso lee y memoriza los legados
de los líderes que marcaron huella en la historia de
Colombia y el mundo, también conoce sobre tecnología
de vanguardia, maneja las teorías económicas
sobre todo las que tienden a lo social y domina con propiedad
las tesis políticas.
Su habilidad por la política la cultivó desde
muy joven. En las juventudes liberales de Antioquia se convirtió
en uno de sus líderes gracias a que en sus discursos
conjugaba las tesis del liberalismo con las citas -que recita
aún de memoria- de líderes como Rafael Uribe
Uribe, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer
Gaitán, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo.
Ni siquiera cuando ingresó a la Facultad de Derecho
de la Universidad de Antioquia dejó de lado su visión
sobre la política. En las aulas promovió las
tesis del Liberalismo Progresista y chocó con las ideas
revolución cubana y el marxismo, que eran las que estaban
de moda en el centro de educación superior, y cuya
bandera enarbolaban en aquella década los movimientos
estudiantiles mediante discursos y marchas de protesta.
Desde aquellos días, Álvaro Uribe Vélez
ha labrado con rigor y disciplina su carrera política,
a punta de conversar para convencer, y a todos por igual,
con el fin de hacer ver si sus verdades son únicas
e incontrovertibles. Y si se le pregunta a qué le tiene
temor, sin vacilación contestará: a tener temor
y a sentir temor.
Antecedentes
Un recorrido la vida pública
Álvaro Uribe Vélez nació el 4 de julio
de 1952, fue el primero de cinco hijos del matrimonio de Alberto
Uribe y Laura Vélez. Al momento de recibir su título
de abogado en 1977, en la Facultad de Derecho de la Universidad
de Antioquia, desempeñaba el cargo de Jefe de Bienes
de las Empresas Públicas de Medellín.
Su ingreso definitivo a las grandes ligas de la política
lo hizo en 1983, al unirse a las filas del Directorio Liberal
de Antioquia, bajo el mando del cacique electoral Bernardo
Guerra Serna, quien lo puso de primero en una lista al Concejo
de Medellín para el periodo 1984 -1986.
Pero discrepancias con el barón electoral lo llevaron
a él y a William Vélez Mesa, a armar una lista
disidente que lo llevó de nuevo a ocupar un escaño
en el Concejo de la ciudad y a propinarle un duro golpe a
quien era considerado en esa época un gran barón
electoral.
Cuando el entonces presidente de la República, Belisario
Betancur Cuartas, comenzó a hacer consultas en los
sectores político y empresarial de Antioquia para que
le aconsejaran qué persona era la más capacitada
e inteligente para organizar a Medellín desde la alcaldía,
encontró que el nombre de Álvaro Uribe Vélez
era el más recomendado por liberales, conservadores
y gremios económicos del departamento.
Pero el primer escalón de la carrera política
de Álvaro Uribe Vélez no comenzó precisamente
como burgomaestre de Medellín, sino seis años
antes, cuando en el gobierno de Alfonso López Michelsen
fue nombrado por el jefe de la cartera de Trabajo de entonces,
Óscar Montoya, como secretario general del Ministerio.
Y fue tal el éxito de su gestión, que el mismo
López Michelsen se lo recomendó a su sucesor,
Julio César Turbay Ayala, quien de inmediato lo nombró
director de la Aeronáutica Civil en 1980, con la única
misión de terminar los aeropuertos José María
Córdova en Medellín; Ernesto Cortissoz, en Barranquilla,
y el Puente Aéreo, en Bogotá.
Su gestión como concejal le sirvió para que
en 1990 se lanzara al Senado de la República donde
obtuvo una curul, la cual logró recuperar luego de
la revocatoria por la Constituyente en 1991, pero ahora por
circunscripción nacional y en donde contó con
el respaldo de 65.000 votos.
Además de su título de Abogado, Álvaro
Uribe Vélez, realizó un postgrado en Administración
y Gerencia en la Universidad de Harvard, donde también
estudió una especialización en Negociación
de Conflictos. En 1998, una vez dejó la gobernación,
viajó a Londres, donde gracias a la beca Simón
Bolívar del Consejo Británico fue nombrado Senior
Associate Member de Saint Antony´s College en la Universidad
de Oxford.
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