Economía
y Negocios >> Empresas Exitosas
Con 120 años, Locería
sigue joven
Con los retos que le impuso la apertura económica,
renovó su cultura organizacional.
En
la empresa no hay pensadores ni ejecutores. Cada uno es jefe
en su puesto de trabajo.
Sexto
informe de la serie "Empresas Exitosas", que inició
EL COLOMBIANO el 7 de abril.
Por
Francisco Javier Arias R.
Medellín

Fotos Henry Agudelo Locería
Colombiana tiene motivos para celebrar. No sólo
por los 120 años cumplidos en agosto de 2001, sino
por la renovación de su cultura empresarial y su
estructura organizacional. La fotografía recoge
un aspecto del proceso de decoración de los platos,
en la planta del municipio de Caldas. |
Próspero Mercado, Clara Oportunidad y Armando Compromiso
son los tres trabajadores más importantes en una de
las empresas más tradicionales de Antioquia. No por
ser los más antiguos, pero sí los más
activos. Ellos son los que, día tras día, se
encargan de promover internamente los valores y principios
que mueven su cultura organizacional y que mantienen viva
y siempre joven a una empresa con 120 años de historia:
Locería Colombiana, la compañía madre
de la Organización Corona.
Ellos no sólo encarnan la conciencia colectiva de
la empresa, sino que, aunque no hacen presencia de carne y
hueso en los salones de producción, son los que representan
a los 1.250 empleados y trabajadores, los que les recuerdan
las normas de los procedimientos y, sobre todo, los que responden
por el compromiso colectivo de hacer una empresa cada vez
más moderna y competitiva.
Llama la atención que, mediante un concurso interno,
fueron los mismos trabajadores los que les dieron vida a estos
personajes que, como de novela, son los actores que representan
sus vidas y sus compromisos. Cada uno de ellos puede ser Próspero,
Clara o Armando y, por lo tanto, debe ser el promotor de los
principios y valores que comparten y practican y que se traducen
en respeto por las personas y por la opinión ajena,
responsabilidad, austeridad, integridad, servicio, calidad,
trabajo y aprendizaje en equipo, conocimiento y creatividad
y confianza.
No sólo están inscritos en una cartilla institucional,
sino que en ella misma existe una hoja en blanco para que
cada uno anote su compromiso personal con la visión
de la empresa, la cual está muy identificada con la
cultura organizacional que se trazó como meta. Una
y otra indican que "Locería Colombiana debe ser
una empresa globalizada, que construye sus objetivos y sus
logros con su gente, que la prioridad de la compañía
es el desarrollo de su gente, y que debe responder a los públicos
que la acompañan, sus clientes, la comunidad y a sus
accionistas".
Como un primer resultado de los cambios que se han logrado,
se advierte este contraste: Hace unos años, cuando
la empresa lanzaba un producto al mercado, los trabajadores
simplemente decían: ¡Cómo les quedaron
de lindas esas vajillas! Ahora, con su participación
más decidida, afirman: ¡Estamos haciendo unas
vajillas muy bonitas!
Un cambio de cultura
Próspero, Clara y Armando son los personajes que les
permiten a sus clientes y consumidores entender cómo
una empresa de 120 años de historia, fundada en 1881
como Compañía de Cerámica Antioqueña,
ha logrado mantenerse siempre joven, con una marca vigente
y de reconocida calidad y siempre demandada en el mercado.
"Cuando la gente se siente escuchada y cuando sabe que
sus sugerencias y comentarios son acogidos y se hacen cosas
con ellos, se vuelve más participativa, ofreciéndonos
un avance importante en compromiso... Nada será posible
si la gente no participa de nuestras ideas y se compromete
con ellas", afirman sus directivos.
¿Cómo, por qué y cuándo la Locería
Colombia toma la decisión de revisar su presente y
replantear su futuro? Hasta cuando llegó la apertura
económica, en los inicios de la década de los
90, su problema fundamental era producir lo que le demandaba
el mercado, puesto que no sólo era reconocida como
una empresa muy sólida, sino muy identificada con su
marca Vajillas Corona-. Pero, con la apertura, llegó
la competencia legal e ilegal-, acentuada con la revaluación
del peso frente al dólar, y con el contrabando, estimulado
por el lavado de activos, factores que hicieron que la apertura
fuera más dramática y dolorosa.
"En estas condiciones, los costos de producción
subían por el ascensor y los precios por la escalera,
lo que nos hacía perder competitividad y participación
de mercado", recordó un directivo de la empresa.
El sueño ya es realidad
Entonces, un severo reto estaba planteado: o se emprendía
un proceso de reorientación hacia una nueva cultura
organizacional, denominada internamente "el sueño
de la compañía que queremos" o, simplemente,
la empresa empezaba a verse en peligro, si no respondía
a los desafíos de la globalización.
Por eso, definió una estrategia que fue seguida paso
a paso y al pie de la letra con mucho orden, perseverancia,
disciplina y, sobre todo, compromiso y que quedó servida
en cuatro pilares fundamentales que todos repasan diariamente
de la mano de sus tres inseparables amigos.
Los dos primeros fueron el mejoramiento en tecnología
y en producto, no sólo en calidad y diseño sino
en actualización de acuerdo con la moda (que, entre
otras cosas, se entró a la cocina hace mucho tiempo).
Ello implicó la incorporación de tecnologías
de punta y la modernización y eficiencia de los procesos
industriales, para lograr productos competitivos y apropiados
en calidad y precios para llegar a los mercados internacionales.
Las inversiones en estos frentes superaron los US$30 millones
en los últimos 8 años.
Y, en segundo término, se puso al orden del día
en la actualización de los mercados y en la capacitación
de su gente, con mejores actitudes y niveles de servicio.
Sin embargo, no podía dejar de lado todo el bagaje
de experiencia y de conocimientos que le ofrecía su
condición de empresa centenaria. La decisión
fue sencilla: "No hubo una ruptura abrupta con lo que
existía en la definición de la nueva cultura.
No desconocimos lo que existía, sino que construimos
sobre ello".
Sistema de calidad
Entonces, cuando se inició el cambio de la cultura
organizacional, los empleados de todos los niveles participaron
desde el diseño de los manuales y de la documentación
hasta en la redefinición de los procesos y eso les
permitió comprender por qué había que
hacer las cosas de una manera diferente y cada vez mejor,
aplicando los valores que ellos mismos definieron: trabajo
en equipo y mejoramiento continuo (avanza en la actualización
de la norma ISO 9001, obtenida en 1999). Esto se traduce en
una idea muy práctica: "aprender de lo que hacemos,
para hacerlo mejor mañana".
En estas condiciones, la estructura jerárquica del
organigrama empieza a borrarse y más que jefes, existen
líderes y compañeros que orientan un trabajo
por procesos, aunque la definición de la estrategia
siga siendo responsabilidad de la dirección de la compañía.
"Aquí no hay pensadores y ejecutores... Cada empleado
tiene facultad para tomar decisiones para mejorar el trabajo
que hace. Todos hacemos vajillas desde cualquier cargo".
Pero, la participación y el compromiso no son, tampoco,
gratuitos, sino que obedecen al resultado de un planteamiento
ético y de una estrategia aplicada desde hace varios
años, que lleva a la compañía a compartir
con todos los empleados los principales indicadores y resultados
económicos trimestrales (una carta que se ha jugado
la empresa, con mucho éxito, a pesar de los riesgos
que implica), con el fin de que los principios de austeridad,
responsabilidad, eficiencia y calidad, que fueron construidos
entre todos, sean también compartidos por todos, como
parte de esa cultura que se edifica y se vive todos los días.
Estos elementos le permiten a la empresa "administrar
con sentido", lo que indica que nadie en "la Locería"
hace nada sin saber por qué y para qué lo hace.
"Cuando la gente interioriza esto, vuela y es capaz de
hacer cosas inimaginables".
Y, como consecuencia, "la locería", como
la conocen cariñosamente tanto sus trabajadores como
los pobladores de Caldas, puede compararse en condiciones
muy favorables con cualquier empresa de cualquier país.
"Hoy tenemos una compañía diferente, con
otros procesos y otros productos, frente a los que existían
hace 10 años, que la hacen más eficiente y más
competitiva".
A exportar en serio
Hace unos años cuando apenas iniciaba exportaciones
("No exportábamos, sino que nos venían
a comprar"), las ventas externas apenas representaban
el 2% de su producción. Hoy en día llegan al
45% de las ventas totales y, de ellas, el 90% se dirige a
los mercados de Europa (Inglaterra, Francia, España,
Rusia y otros países), Canadá (a través
de la cadena The Bay), Estados Unidos (con la marca Waverly,
de la cadena Target), Venezuela (donde es la marca líder),
Ecuador (despachos a la cadena Supermaxi) y México,
donde opera su propia comercializadora -Locería Colombiana
de México- y donde ya se considera la segunda marca.
La meta en los próximos dos años es que el
50% de sus ventas sean en el exterior y, en 10 años,
debe llegar al 70%, o sea, con una vocación netamente
exportadora. Sólo en el 2002 realizaría exportaciones
por unos US$12.5 millones. Para ello, ya cuenta con alianzas
estratégicas comerciales con compañías
de Estados Unidos e Inglaterra, para quienes produce con sus
marcas, pero mantiene la idea de que podría tener un
socio estratégico de más alcance.
Pero también trabaja por fortalecer su participación
en el mercado nacional, afectada en los últimos años
por el auge de los productos importados, especialmente de
China, que tienen una porción estimada entre el 25%
y el 30%. Gran parte de esta mercancía ingresa al país
de contrabando, estimulado por el lavado de activos, que se
convierte en la principal amenaza para esta compañía.
"Para el año 2002 y los siguientes esperamos buenos
resultados por los avances logrados en el desarrollo de nuevos
productos y la apertura y consolidación de nuevos mercados...
El reto que tenemos es consolidarnos en este tema de la internacionalización",
afirmó un alto directivo de la empresa, repasando los
desafíos compartidos con Próspero Mercado, Clara
Oportunidad y Armando Compromiso.
Entre todos recuerdan en sus tertulias que "aprendimos
la lección de la apertura económica, que nos
dio muy duro, pero no podemos bajar la guardia ni, tampoco,
perder la capacidad de asombro. ¡Jamás!".
Ellos saben que la competencia y los retos del mercado los
obligan a mantener los ojos muy abiertos después de
cada despertar.
Implicaciones
La herencia de sus fundadores
Caldas, la población del sur del Valle del Aburrá
donde nació y aún opera, ha sido siempre una
comunidad de productores del campo que, de la mano de la Locería,
se metió en el cuento de la industrialización.
Próspero, Clara y Armando también encarnan
los beneficios que la empresa ha dispuesto para los trabajadores
y sus familias, como parte de un legado que sus fundadores
(Don Gabriel Echavarría Misas, también fundador
de Coltejer y otras sociedades) dejaron sembrado, representado
en un principio que está celebrando los mismos 120
años de la compañía: "No es posible
que los negocios sean rentables, si el personal no crece en
su desarrollo humano... No podemos tener personas que sólo
aportan su fuerza de trabajo, sino que crezcan como seres
humanos a la par con el desarrollo de la compañía".
Entonces, el apoyo al trabajador y su familia es fundamental
en la atención a sus necesidades más elementales
de educación, salud, vivienda y recreación.
La Escuela Locería Colombiana, que por muchos años
funcionó en Caldas, es ahora la sede de la Fundación
Educativa Tercer Milenio, creada con el apoyo de la Diócesis
de Caldas y de su anterior obispo, Germán García
Isaza. Ofrece educación desde kinder hasta sexto grado
a 900 estudiantes.
Locería Colombiana nunca ha tenido sindicato y no
ha vivido una parálisis de su producción por
diferencias laborales con sus trabajadores. El salario mínimo
mensual es de $650.000, los empleados recibieron el año
pasado un promedio de 65.000 horas de capacitación,
el 90% de sus trabajadores tiene casa propia y el estudio
de los hijos está garantizado por parte de la compañía,
tanto a nivel de primaria, como de bachillerato y de universidad.
Y esta política de apoyo a su gente se extiende, como
exigencia y mediante una veeduría permanente, a los
proveedores de servicios: sus trabajadores deben recibir los
mismos beneficios que los operarios de la Locería,
con el fin de garantizar igualdad y trato digno.
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