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Inicio serie Con el sudor de tu frente
Raúl, el domador que se
juega la vida cada noche
Son labores que sí generan el verdadero sudor de
la frente.
Raúl, como domador, se expone a diario a un continuo peligro.
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| Desde los seis meses de edad,
los seis tigres blancos del Circo Hermanos Gasca han sido
amaestrados por Raúl Fuentes Vásquez. Cada uno
de los animales desempeña un papel en el espectáculo.
Foto: José Luis Chavarriaga |
Por Gustavo León Ramírez Ospina
Medellín
Sentado en una de las cómodas sillas de plástico
desde donde cada noche los niños y los adultos lo ven jugarse
la vida con los seis tigre blancos y con el globo de la muerte,
Raúl Fuentes Vásquez recuerda una frase que un día
le escuchó decir a uno de los tíos: "Los primeros
accidentes que padecerá la familia serán en una
carretera o en un avión".
Y eso fue lo que pasó, pues, a pesar de ser un lugar de
riesgo constante, nadie de la saga familiar circense ha muerto
en el interior de una carpa donde se hacen malabares en los trapecios,
se salta sobre caballos en pleno movimiento y se convive a diario
con animales salvajes que se levantan soportando su propio genio
frente al que hay que estar prevenido.
"Mi mamá Lidia Vásquez y mi hermanita murieron
en 1988 en un avión de Avianca que iba de Cúcuta
con destino final a Barranquilla. A penas salió el avión,
se chocó contra un cerro. Ahí murieron 180 personas.
Yo tenía ocho años y ya hacía la cama elástica.
Mi papá estaba en el otro circo y le había dicho
a mi mamá: vente para acá para que pasemos el fin
de semana. En ese entonces, mi papá tenía dos circos
aquí en Colombia".
El anuncio certero del tío se había hecho realidad
ocho años antes. Un tío, una tía y un primo
fallecieron en un accidente contra un camión cuando viajaban
con los remolques del circo de una ciudad a otra en Perú.
Raúl, de 24 años, es un hombre polifacético,
carismático, amable y tranquilo que no se trasnocha pensando
que al otro día tendrá que aparecer en el redondel
del escenario y repetir los actos que ponen en vilo al público.
En el Circo Hermanos Gasca, este domador de felinos se gana en
cada función la vida con el sudor de su frente durante
un trabajo intenso de dos horas. Su circo fue creado en 1938 en
México y tomó el nombre de su abuela María
Luisa Gasca de Fuentes que, en sus tiempos mozos, hacía
de malabarista arriba de un monociclo, mientras el abuelo, Jesús
Fuentes Savalsa, era contorsionista. Los dos murieron hace más
de tres años.
Todero consumado
En cada jornada Raúl oficia de presentador; de animador
del espectáculo y del acto de acrobacia de los niños
Martín y Juan Cebolla; de payaso con Carlitos, un mico
travieso que hace reír a carcajadas a adultos y pequeños
cuando comienza a recorrer el escenario después de que,
supuestamente, se le da cuerda en la espalda con una llave enorme;
de domador de tigres; de trapecista, asunto que le dejó
de herencia 15 clavos y dos platinas en una pierna; y de motociclista
en la Esfera de la Muerte donde, con otros tres jóvenes
motorizados, se entrecruza en un pequeño espacio a más
de 70 kilómetros por hora. Pero, realmente, ¿cuál
es su profesión?. La pregunta toma por sorpresa a Raúl
y le provoca una sonrisa. "Fíjate. Cuando voy en un
avión le dan a uno un formulario donde hay que poner la
profesión. No la tengo porque cada vez pongo algo diferente:
domador, payaso o acróbata...".
Como él, su padre Martín Fuentes Gasca y la dinastía
de sus ocho tíos y cuatro tías aprendieron a desempeñarse
en diferentes actividades. "Así como ellos yo también
hago varias cosas. Eran trece superartistas de la familia. Cuando
nací mi papá ya tenía el circo y cada uno
fue creando el suyo", dice Raúl, quien creció
rodeado de animales, entre ellos los tigres que hoy se amaestran
en un zoológico que tiene la familia en las afueras de
Ciudad de México.
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| En el Circo Hermanos Gasca,
este domador de felinos se gana en cada función la
vida con el sudor de su frente durante un trabajo intenso
de dos horas. Foto: José Luis Chavarriaga |
Raúl llegó a ser domador por casualidad a los 15
años. Tuvo que reemplazar en pleno espectáculo al
domador oficial, quien fue mordido en la cabeza cuando trató
de separar a dos tigres que peleaban entre sí. "De
los nervios, ese domador salió corriendo y él mismo
se fue para un clínica en un taxi. En ese tiempo eran diez
tigres amarillos. Al que lo mordió, que estaba muy nervioso,
le abrieron la compuerta y se fue solito. Mi papá me dijo:
¡Métete! ¿Y yo por qué? ¡Dale!
En días anteriores, cuando los entrenaban, ya me había
metido con el domador. Bueno, me tocó meterme. Tuve unos
nervios terribles y la gente estaba aterrorizada. Salvé
el asunto".
Raúl sostiene que de niño vio a los tigres inalcanzables.
"De pequeño a uno le dicen que no se acerque a las
jaulas porque son peligrosos. Cuando son pequeños uno los
puede tocar y cuando crecen hay que verlos a metros".
Y esto lo sabe muy bien porque desde hace nueve años se
encierra en un redondel enrejado con seis de ellos. Fueron domados
por él cuando tenían seis meses de edad. Son tres
hermanos y tres hermanas que viven en jaulas individuales y que
proceden de dos circos.
"Raúl hace un drama con uno de los tigres",
dice Luis Bustos, publicista del circo. "Es un ceremonial
que exige mucha preparación y mucho cuidado".
En el espectáculo central, Raúl es el director
y los tigres los actores. Cada uno posee papeles especializados
en cada función. Cuando grita: ¡Luz, cámara,
acción! y hace restallar el látigo, Paulina recibe
un pistoletazo y se hace la muerta. Raúl le explica al
público infantil que el disparo es de mentira, una simple
broma.
¡Paulina, levántate! grita el domador por un micrófono
inalámbrico. La tigresa permanece impasible cuando él
le jala la cola, le hace cosquillas y se sienta sobre ella. El
animal sólo reacciona cuando le dice: "Si no te levantas,
viene tu suegra". Otros tigres se hacen regañar, no
obedecen cuando se les ordenan salir del escenario, se dejan besar
y amagan con mandarles las garras a Raúl.
"Los tigres son como cualquier persona. Hoy te levantas
contento y al otro día no. De repente salen malgeniados.
Les dices que hagan algo y te hacen mala cara. Lo sé por
sus expresiones y por sus gestos. Paulina y Rosita son cariñosas
y se acercan para que las acaricie. Los otros te gruñen.
Uno está ahí todos los días y no tiene que
pensar que eso es peligroso pues, si no, entraría presionado
y con miedo".
Contexto
Un circo que se ha modernizado
Los circos de los Hermanos Gasca -el de Moscú, el Unión,
el Fuentes Gasca, Gigante Modelo de México, Hollyday on
Ice, el Norteamericano y el Roland- ya no son los de antes, pues
han entrado en un proceso de modernización y de confort
para los asistentes. El Circo Hermanos Gasca, dice el publicista
Luis Bustos, tiene luces robóticas, sonido estéreo
digital y luces computarizadas y la carpa es a prueba de fuego.
Los asientos son de plástico y removibles. Posee su propia
planta eléctrica y da empleo a 120 personas en diferentes
actividades.
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