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>> Inicio serie Turbo, un municipio con el Estado de espaldas

Pescadores, comerciantes y lancheros están a la deriva

Los que encarnan la vocación de Turbo están inmersos en la crisis.
No hay centro de acopio de pescado contra abuso de intermediarios.
La supresión de privilegios de importación tiene al comercio en quiebra.


Por
Catalina Montoya Piedrahíta
Turbo

En Turbo se calcula una cantidad aproximada de 3.000 pescadores, muchos agrupados en 17 Empresas Asociativas de Trabajo, que se formaron respondiendo a la necesidad de agrupación en vista de la precariedad de condiciones de los pescadores, que no tenían los implementos para trabajar. Fotos Robinson Sáenz, Turbo

Terminó la faena que comenzó el día anterior, esa que Bety Pérez, desde el barrio de los pescadores, describe gráficamente como una "expedición Robinson". Y, aritmética simple: $50.000 de la venta del pescado, o de "la captura", en lenguaje técnico. Menos $35.000 de gastos en comida y hielo. ¿La ganancia? Igual a $15.000 dividido entre tres: la porción de los dos ayudantes, y la del dueño de los equipos.

En últimas, $5.000 para la sobrevivencia de tres familias, hasta que haya con qué emprender una nueva faena de tres días con sus noches. Las operaciones matemáticas de los comerciantes de Turbo no son muy distintas. También tienden a cero.

En pleno centro, la zona que otrora invadía aceras enteras con productos recién sacados de los buques, y más baratos que en cualquier lugar del país, continúa resistiendo el negocio de John Jairo Otálvaro. Hace quince días vendió el último televisor. "Le cuento que nos estamos quebrando. La mercancía se trae de Medellín y Panamá y estamos tirando es al que más aguante. Como no viene nadie, le vendemos a la misma zona de Urabá, y ésta no da más porque no hay empleo, y si no hay empleo, no hay moneda".

Y en el muelle del Wafe, los lancheros se sientan en los alrededores mano sobre mano. De vez en cuando alguien se para a mirar la lista de salidas, porque hay que turnarlas entre las 35 lanchas de las que dispone el puerto. Elmer Osorio viajó el miércoles como motorista a Acandí, y tiene que esperar cuatro días para volverse a ganar la comisión. Cuenta que la cosa está tan grave que los viajes por el Atrato, a Riosucio, tienen que hacerse cada 32 días, por falta de pasajeros. Y a Quibdó, esa gran ruta de intercambio comercial, hace siete años que no pueden ir porque la guerrilla no deja.

Pescadores, comerciantes y lancheros, en últimas, quienes encarnan la vocación del municipio de Turbo, dibujan con sus bolsillos vacíos, ese otro rostro del abandono.

Un barco para todos
Por las costas de Turbo, Necoclí, San Pedro y San Juan de Urabá navegan dos embarcaciones. Una de 40 pies y otra más pequeña. Permanecen de a mes en cada puerto y sirven para que pescadores pertenecientes a Empresas Asociativas de Trabajo, y carentes de equipos, se turnen las faenas y logren salir de la pobreza.

Bety Pérez se inventó el proyecto en el 97 e invirtió todo lo que tenía para sacarlo adelante. Apenas el año pasado se hizo realidad, gracias al apoyo de la Secretaría de Agricultura y la Fundación Eduardoño, con dineros de la Embajada de Japón.

El barco pasó por Turbo y le dejó a Bety un ventarrón amargo. "Imagínese, vuelve en mayo o junio. Y aquí pasó la mayor parte del tiempo parado porque le hicieron un daño en otro municipio. Las ganancias no fueron buenas y todavía falta capacitación. Y es que el problema de fondo de los pescadores, que hoy viven en palafitos agrietados, comiéndole raíces a los mangles, es la falta de un centro de acopio con el que puedan ganarle la pelea a los intermediarios. Y lo tuvieron casi en las manos.

De acuerdo con Jorge Mario Mora, de la Fundación Eduardoño, iba a ser a través de Empleo en Acción y $200 millones de la embajada japonesa. Pero el alcalde se declaró sin recursos para ceder un terreno. Y ahí siguen, lanzando y recogiendo los trasmallos, en una lucha contra la miseria y las disposiciones de la naturaleza.

El fin de los privilegios
Eliécer Cárdenas, presidente de la Asociación de Comerciantes, Ecotur, dice que se acostumbró a ver el cero en las cuentas de su negocio, cada día. Como también, a sostener reuniones y a guardar actas, con todo cuanto funcionario existe, sin obtener resultados. A Turbo hace tiempo se la satanizó con el contrabando y por eso el gobierno suprimió las preferencias arancelarias que tenían electrodomésticos, alimentos, licores y telas, materia prima de los comerciantes. Mientras negocian para recuperar privilegios, las dos manzanas de los almacenes permanecen sin clientes.

El puerto caído
"Y cómo quieren que uno no se meta en negocios raros si aquí no dejan trabajar". Además de la escasez de viajes, los lancheros enfrentan el obstáculo de la reglamentación. Tienen que tramitar un certificado de estupefacientes que cuesta $85.000 y demora eternidades en llegar. "Y mientras tanto, uno aquí varado y con el puerto caído".

El wafe no tiene baños, hace un año le cortaron la luz y el techo se le está cayendo a la gente en la cabeza "sin que uno vea que inviertan la tasa que todo pasajero tiene que pagar para poder viajar". Turbo anochece y amanece cosecutivamente sin que a su gente le lleguen soluciones.

Contracara

La Dian está dispuesta a dialogar

De acuerdo con Carlos Andrés Pineda, director regional de la Dian, las instancias gubernamentales nunca se han negado a dialogar con los comerciantes de Turbo. En la actualidad, Urabá es una zona aduanera especial y, según su vocación, definida como agroindustrial, existen privilegios en las importaciones de insumos agrícolas, maquinaria, entre otros. Dice el funcionario que se recibieron en su momento muchas quejas por parte de distintos gremios que, con cifras, demostraron el perjuicio por el contrabando, y que eso motivó al gobierno a controlar por medio de restricciones.

Según Carlos Pineda, lo que hace falta es un compromiso decidido de las asociaciones de comerciantes en la lucha contra el contrabando.

 


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