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EL COLOMBIANO.COM | CRÓNICAS DE LA MORGUE POR GERMÁN ANTÍA

Esta estampilla muestra los últimos momentos de vida del Libertador Simón Bolívar, editada por Carvajal en 1980, en su lecho de la Quinta de San Pedro Alejandrino.
Jofainas, escalpelos
y oleos perfumados

“… Acabada la autopsia del cadáver, que fue trasladado sobre la marcha de la Quinta de San Pedro a la casa que primero habitó el general Bolívar en Santa Marta, fue menester proceder a su embalsamamiento. Por desgracia estaba enfermo el único boticario que había en la ciudad. Muy escasas fueron sino faltaron, las preparaciones que se usan en semejante caso, hallándome solo para practicar esta operación. Se me hizo muy laboriosa la tarea, máxime cuando se me había limitado un corto tiempo, y que este trabajo se hacia de noche. Así que no se concluyó sino cuando era ya de día…”
Reverand

Por Germán Antía Montoya
Decano Facultad de Ciencias Forenses y de la Salud
Tecnológico de Antioquia

Cae la tarde, el catafalco con Bolívar vendado y necropsiado es portado por hombres con ropajes negros. Lo llevan al aposento que servirá como morgue. Mujeres rollizas de piel morena preparan lámparas de aceite, agua, paños de lino, algodón egipcio, marmitas, jofainas y jarras de porcelana.

Otro grupo de mujeres disponen dos mesas de madera. En una, Reverand pone un envoltorio de lino blanco del cual extrae dos brillantes cuchillos, una tijera de plata, cuatro afilados escalpelos, una jeringa de vidrio, dos gruesas agujas e hilo de cáñamo. En la otra yace el cuerpo arropado en sábanas de holán impregnadas de sangre y fluidos de color pardusco.

El ricino quemado impregna el cuarto opacando la hedentina de las secreciones. En el patio pompeyano, hojas de espliego y romero arden en un pebetero.

Las mujeres cierran la habitación donde yace el cuerpo del Libertador. Reverand, ataviado con delantal de cirujano, inicia la tarea de embalsamar el cuerpo.

Una imagen poco común, de este Bolívar joven.

Desprende los vendajes ensangrentados que envuelven el cadáver rígido. De la incisión de la necropsia, que va desde el esternón hasta la sínfisis púbica, brota sangre; el cuerpo tiene color y dureza de mármol, la cara luce apariencia hipocrática.

Con sus dedos retira los hilos que cierran la incisión. Extrae el cerebro colocándolo en una jofaina de porcelana azul.

Hombres de la servidumbre ingresan portando frascos de apoteca marcados con letras doradas; se dirigen al aposento fúnebre, después de tocar la pesada puerta de nogal Reverand recibe los frascos y lee los rótulos: Aceite de trementina, lavanda, romero, espíritu de vino; observa que escasearon espliego y vinagre aromático.

Rayos de luz de Luna samaria entran por los postigos y resplandecen sobre el ilustre cadáver. Reverand retira las vísceras y las deposita en marmitas con espíritu de vino; desprende las postemas y esparce vinagre aromático; absorbe con algodón egipcio la sangre.

Impregna las cavidades con aceite de trementina, inyecta en las venas cinabrio. Terminada la inyección pasa las vísceras a una salmuera de nitro. Las escurre y las seca con paños de lino holandés para reintroducirlas.

Avanza la noche, el cuerpo ha sido tratado y se han detenido los efectos de la putrefacción. El ambiente, purificado con sahumerios de incienso y lavanda.

Toma la aguja, enhebra y con cáñamo cierra el cuerpo. Después envuelve tórax y abdomen con vendajes impregnados de resina. Los signos de enfermedad y dolor han sido borrados.

Con trementina, lavanda y romero unge el cadáver acuñando una atmósfera de frescos aromas.

Alborea; el galeno normando tapona boca y orificios nasales con tarugos de algodón; les esparce compuesto de zinc. Toma las atalajas de general y solitario con el vigor que le dan sus treinta y cuatro años inicia la dura tarea de vestir los despojos.

Concluido el embalsamamiento, los generales entran al tanatorio, emplazan el cadáver en un catafalco. El embalsamador lava sus manos y cara con jabón de Francia en un aguamanil. El instrumental aseado en una marmita junto con una piedra en forma de avellana que Reverand extrajo de las apostemas pulmonares del General.

Tres días podrá velarse el cadáver sin signos de descomposición.

Abatido en sus fuerzas físicas y morales por la invencible lucha con la muerte, Reverand observa su postrera obra. Sentimientos encontrados cruzan su mente. El joven Reverand con profunda tristeza en su alma da un adiós a los despojos.

Embalsamamiento del cadáver
del Libertador Simón Bolívar

Un retrato de autor desconocido.

Preludio
Autopsia significa “ver por uno mismo” y es sinónimo de necropsia. Es de interés clínico para conocer el comportamiento de una enfermedad.

La historia registra autopsias célebres como las de Julio César, realizada por Antistisio; la de Napoleón, por Antonnmarchi y la de Simón Bolívar, por Reverand.

Los médicos europeos, de principios del siglo XVIII, conocieron las técnicas de embalsamamiento desarrolladas por los profesores de anatomía de Amsterdam y Escocia quienes utilizaban aceites de trementina, lavanda, romero, bermellón; también polvos preservantes y sales deshidratantes.

Para la época de la muerte del Libertador Simón Bolívar, el embalsamamiento la hacían los boticarios según lo aprendido en el ejército napoleónico. Esta es su historia, reconstruida a partir de los elementos médicos con los que se contaba en la época del deceso y las técnicas empleadas.

El dictamen
“Autopsia del Cadáver del Excelentísimo Señor Libertador General Simón Bolívar. El 17 de diciembre de 1830, a las cuatro de la tarde, en presencia de los señores generales beneméritos Mariano Montilla y José Laurencio Silva, habiéndose hecho la inspección del cadáver en una de las salas de habitación de San Pedro, en donde falleció S.E. el General Bolívar, ofreció las características siguientes:

1. Habitud del cuerpo
Cadáver a dos tercios del marasmo, descolorimiento uniforme, tumefacción en la región del sacro, músculos muy poco descoloridos, consistencia natural.

2. Cabeza
Los vasos de la arachnoides en su mitad posterior ligeramente inyectados, las desigualdades y circunvoluciones del cerebro recubiertas por una materia pardusca de consistencia y transparencia gelatinosa, un poco de serosidad semiroja bajo la dura-máter; el resto del cerebro y cerebelo no ofrecieron en su sustancia ningún signo patológico.

3. Pecho
De los lados posterior y superior estaban adheridas las pleuras costales por producciones semimembranosas; endurecimiento en los dos tercios superiores de cada pulmón: el derecho casi desorganizado presentó un manantial abierto del color de las heces del vino; jaspeado de algunos tubérculos de diferentes tamaños no muy blandos; el izquierdo, aunque menos desorganizado, ofreció la misma afección tuberculosa, y dividiéndolo con el escalpelo, se descubrió una concreción calcárea irregularmente angulosa de tamaño de una pequeña avellana (1). Abierto el resto de los pulmones con el instrumento, derramó un moco pardusco que por la presión se hizo espumoso. El corazón no ofreció nada particular, aunque bañado en un líquido ligeramente verdoso, contenido en el pericardio.

4. Abdomen
El estómago, dilatado por un color amarillento de que estaban fuertemente impregnadas sus paredes, no presentó, sin embargo, ninguna lesión ni flogosis; los intestinos delgados estaban ligeramente meteorizados; la vejiga enteramente vacía y pegada bajo el pubis, no ofreció ningún carácter patológico. El hígado de un volumen considerable, estaba un poco escoriado en su superficie convexa; la vejiga de hiel muy extendida; las glándulas mesentéricas obstruidas; el bazo y los riñones en buen estado, Las vísceras del abdomen no sufrían lesiones graves.

Según este examen es fácil reconocer que la enfermedad de que ha muerto S.E. el Libertador era en su principio un catarro pulmonar, que habiendo sido descuidado pasó al estado crónico y consecutivamente degenero en tisis tuberculosa. Fue pues esta afección morbídica la que condujo al sepulcro al General Bolívar, pues no deben considerarse sino como causas secundarias las diferentes complicaciones que sobrevinieron en los últimos días de su enfermedad, tales como la arachnoides y la neurosis de la digestión, cuyo signo principal era un hipo casi continuo; y ¿quien no sabe por otra parte que casi siempre se encuentra alguna irritación local extraña al pecho en la tisis con degeneración del parénchina pulmonar?

Si se atiende a la rapidez de la enfermedad en su marcha y los signos patológicos observados sobre el órgano de la respiración, naturalmente es de creerse que causas particulares influyeron en los progresos de esta afección. No hay duda que agentes físicos ocasionaron primitivamente el catarro del pulmón, tanto mas que cuanto la constitución individual favorecía el desarrollo de esta enfermedad que la falta de cuidado hizo mas grave que el viaje por mar que emprendió el Libertador con el fin de mejorar su salud le condujo al contrario a un estado de consunción deplorable, no se puede contestar; pero también debe confesarse que afecciones morales vivas y punzantes como debían ser las que afligían continuamente el alma del General, contribuyeron poderosamente a imprimir en la enfermedad un carácter de rapidez y en su desarrollo, y de gravedad en las complicaciones, que hicieron infructuosos los socorros del arte.

Debe observarse a favor de esta serción. Que el Libertador, cuando el mal estaba en su principio, se mostró muy indiferente a su estado, y se denegó a admitir los cuidados de un médico; S.E. mismo lo ha confesado; era cabalmente en el tiempo en que sus enemigos lo hartaban de disgustos, y en el que estaba mas expuesto a los ultrajes de aquellos que sus beneficios habían hecho ingratos. Cuando S. E. llegó a Santa Marta, bajo auspicios mucho más favorables, con la esperanza de un porvenir mas dichoso para la patria, de quien veía brillantes defensores entre los que rodeaban, la naturaleza conservadora retornó sus derechos: entonces pidió con ansias los socorros de la medicina. Pero ¡ha! Ya no era tiempo! El sepulcro estaba abierto aguardando la ilustre víctima, y hubiera sido necesario hacer un milagro para impedirle descender a él.-San Pedro, Diciembre 17 de 1830, a las ocho de la noche”.-



 
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