 |
| AP | El cadáver de Ernesto Che Guevara
en una de las imágenes históricas que anunciarían
al mundo su muerte. |
 |
| AP | Estas son las huellas tomadas en Higuera
por el personal forense, durante la autopsia de Ernesto Che
Guevara. |
 |
| Reuters | Militares bolivianos se tomaron
fotos al lado del cadáver de Ernesto Che Guevara en Higuera,
el 9 de octubre de 1967. |
 |
| AP | Ernesto Che Guevara se convirtió
en un mito tras su muerte. |
Ernesto Che Guevara,
una autopsia en la clandestinidad
¿Qué va a ser de mí?
yo mismo no sé en qué
tierra dejaré mis huesos
Ernesto Guevara.
Por Germán
Antía Montoya
Decano Facultad de Ciencias Forenses
y de la Salud Tecnológico de Antioquia
Necropsia histórica
| Prueba de muerte | Última
morada | A la luz forense
“¡Tirá cobarde, no tengás miedo que vas
a matar a un hombre!” fueron las últimas palabras con
marcado acento porteño pronunciadas por el Che con una fuerza
y firmeza que conmovieron a los presentes en la escuelita de la
Higuera y, en especial, al militar Mario Terán, a quien le
tembló la mano para fusilarlo.
El Che puso su protuberante frente en alto y expuso a los verdugos
con firmeza su tórax que recordaba las historias de agobiantes
asfixias infantiles. De inmediato, un severo ataque de asma afectó
al guerrillero y le dificultó la respiración primero
que las balas. Ernestito desde chico se fastidiaba aún con
el agua de las piletas porque le desataba ataques de asfixia.
Ernesto Che Guevara fue fusilado por un comando militar en la Higuera,
Provincia de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el 9 de octubre de
1967 a la 1:10 del medio día.
El cadáver fue llevado para la necropsia sobre una camilla
de lona militar al lavadero del Hospital Nuestro Señor de
Malta.
Para controlar la situación, los militares nombraron en
rango de subteniente a los médicos del hospital de La Higuera,
Abraham Isaac Baptista y José Martínez Casso, quienes
ya impuestos de su condición militar realizaron hacia el
final de la tarde la autopsia, bajo la estricta vigilancia de Toto
Quintanilla, jefe de la temida inteligencia boliviana.
Necropsia histórica
Caía el Sol de los cóndores. Eran las 5:30 de la tarde.
Los doctores Baptista y Casso iniciaron la necropsia del Che.
Inspeccionaron el cadáver y por la pésima condición
de las ropas reconocieron el estado de abandono en que se encontraba.
La enfermera Susana Osinaga desvistió el cuerpo de Guevara
que yacía sobre el lavadero del hospital. Tenía muy
sucios los pantalones y los calzoncillos, vestía una campera
nueva, diez pares de medias y una gorra con una estrellita bordada
en rojo. Observó heridas de bala en el pecho, la clavícula
izquierda y una tercera en el antebrazo izquierdo.
El protocolo de la necroscopia y el certificado de defunción
del guerrillero permanecen después de cuarenta años
en una caja fuerte como reserva clasificada de la inteligencia militar
boliviana.
Solo se conoció oficialmente esta parte del informe de la
necropsia: “…Su fallecimiento se debió a múltiples
heridas de bala en el tórax y en las extremidades…”
El acta de la autopsia reconoce nueve heridas de balas así:”…
Dos en las piernas, una en el tercio medio de la pierna derecha
otra en el tercio medio del muslo izquierdo en sedal (herida de
bordes finos); dos en las regiones claviculares; dos en las costales;
y una en la pectoral…”.
El informe médico legal atribuye como causa de la muerte
“…Las heridas de tórax y la hemorragia consecuente…”.
Algunos testigos presentes en la improvisada morgue dijeron que
por el clamor de las monjas y enfermeras el cadáver del subversivo
escapó a la decapitación que le querían ejecutar
los militares que lo capturaron. Las monjas pidieron clemencia para
que no se decapitara el cadáver que les evocaba una figura
religiosa yaciente.
Los presentes dijeron que era un cadáver que imponía
solemnidad en el cuchitril que hacia las veces de morgue.
La mirada abierta del cadáver del Che vigilaba todos los
movimientos siniestros. Los enormes parpados se negaron a dejarse
cerrar.
Prueba de muerte
La luz del Sol de octubre entró por la ventana del lavadero,
iluminó los ojos aceitunos del cuerpo dejando ver la mancha
de Sommer que indicaba la deshidratación cadavérica.
No obstante, los militares le ordenaron al Doctor Abraham Isaac
mutilarle las manos para dejar evidencia de la muerte del Che, enviarlas
a La Habana, Cuba, en una lata con formol y hacerle saber a Fidel
Castro la muerte de su compañero de luchas.
Uno de los militares presentes en la necropsia amputó la
falange distal del dedo meñique izquierdo. Y, en efecto,
la carta necrodactilar del guerrillero no registra la impresión
de las huellas de la última falange del dedo meñique
izquierdo.
Castro lloró amargamente en la soledad ante las manos cercenadas
y arrugadas por la acción del fuerte líquido que preservaba
los pedazos del Che.
Fue la primera noticia que se tuvo de las lágrimas derramadas
por el dictador. Compungido el 15 de octubre de 1967 confirmó
desde La Habana la noticia del deceso de Ernesto Guevara.
Los altos oficiales destacados en La Paz, Bolivia, telegrafiaron
a los comandos acantonados en la Higuera ordenando la cremación
del cadáver. Más peligroso que el Che era su cadáver,
se dijeron los militares. Dieron la orden expresa de esparcir las
cenizas por las altas cordilleras suramericanas donde anidan los
cóndores.
Y, es que los militares estaban empecinados en que el cadáver
del guerrillero no debía tener tumba ni mausoleo ninguno,
prohibían darle sepultura. Ese cadáver, a criterio
de los militares, debía quedar expuesto a la voracidad de
loa cóndores y quedar para siempre en el olvido del mundo
de ultratumba sin el honor de una tumba.
Pero otra cosa pensaron los médicos y los militares en el
escenario de los acontecimientos aquella tarde de octubre de 1967.
Alguien sugirió embalsamarlo para dejar la evidencia de la
muerte del Che y dar a conocer al mundo la noticia del operativo
militar.
Pensaron embalsamar la cabeza para evidenciar la muerte de Guevara.
En efecto, abrieron el cuello para buscar la arteria carótida
y le inyectaron formol.
Todos posaron en una foto con el cadáver sobre el lavadero
para lo cual se atalajaron los uniformes.
Las contradictorias noticias de prensa de ese entonces daban a
conocer que el guerrillero fue capturado herido y dado de baja en
combate.
Un oficial de alta nomenclatura del ejército boliviano contó
ante los periodistas una herida más; esta última era
en la garganta y no estaba registrada en el polémico informe
de autopsia del Doctor Abraham Isaac.
Estos detalles fueron mencionados en momentos de gran confusión
en la lejanía de las selvas bolivianas y bajo el sigilo de
la inteligencia militar de La Paz.
Por las contradicciones de los informes las heridas y las circunstancias
pasaron desapercibidas en esos momentos. De haber sido cierto que
el Che fue capturado vivo no podía hablar vivo con sus captores
con una herida de bala en la garganta. No había un crematorio
en la apartada región donde fue abatido el guerrillero argentino.
Última morada
El cadáver mutilado fue sepultado en una fosa clandestina
y sin dignidad por los militares bolivianos.
Años después se conoció que los huesos del
guerrillero estaban enterrados en la mitad de una pista de aviación
en Vallegrande, Bolivia. Una comisión humanitaria internacional
promovió en 1995 el rescate de aquellos huesos.
El 28 de junio de 1997 una comisión forense cubano argentina
halló el lugar de la fosa común en los alrededores
de la pista de aterrizaje de Vallegrande e iniciaron las tareas
de exhumación.
El ocho de julio de 1997 los restos del guerrillero fueron encontrados
en una fosa común con siete cuerpos más en una fosa
clandestina cerca de la pista de aterrizaje.
Los restos del Ernesto Che Guevara fueron cotejados con una radiografía
tomada en 1954 y con la carta dental que se tenia en La Habana.
Se reconocieron en el cráneo las prominencias frontales de
la calavera producidas por los ataques de sinusitis que sufrió
en la infancia.
Los restos fueron trasladados a La Habana, Cuba, para practicarle
pruebas de ADN que se cotejaron con los de su hermano Roberto. Fueron
enterrados en Santa Clara, Cuba.
A la luz forense
Las circunstancias de la muerte de Ernesto Guevara Lynch siempre
fueron ambiguas; no hubo unidad de criterio en las versiones entregadas
por los militares bolivianos. Las fotografías del cadáver
recorren aún el mundo y son utilizadas como material publicitario
en los comercios de importantes metrópolis.
Del acervo fotográfico de la muerte de Ernesto Che Guevara
al cual puede acceder cualquier ciudadano de la aldea virtual se
destacan las fotografías del cadáver sobre el lavadero
del Hospital Señor de los Milagros de Malta y otra de las
agencias de prensa internacional de julio de 1997 donde se muestra
la osamenta del Che Guevara.
De las fotografías del cadáver sobre el lavadero
de ropas de hospital que sirvió como mesa de necropsias se
destaca una donde esta el cadáver del Che de cuerpo entero,
un militar señala una herida en el tórax entre la
tercera y cuarta costilla izquierda justo directo sobre la aurícula
derecha.
Una herida en esta región corporal ocasiona un sangrado
de 0,3 litros por minuto que lleva a la muerte en unos 7 a 10 minutos.
Otra herida de proyectil de arma de fuego sobre el punto medio de
la clavícula izquierda que comprometen el plexo braquial
y la cúpula pulmonar izquierda.
Así las cosas, y teniendo en cuenta otras heridas, el Che
pudo haber entrado en estado de inconciencia aproximadamente dos
minutos después del disparo sobre el tórax. Por causa
del ataque de asma crónica los estertores de la muerte se
iniciaron rápidamente y conmovieron a los verdugos presentes
en el patíbulo.
En las fotografías del cadáver boca arriba sobre el
lavadero se observa también una herida en el antebrazo derecho,
sobre el tercio medio del cubito una herida al parecer orificio
de entrada de proyectil de arma de fuego. Las heridas en esta región
indican defensa de la víctima para protegerse la cara cuando
está frente al agresor que va a disparar.
En el brazo izquierdo y sobre el músculo bíceps se
observa un hematoma ocasionado, posiblemente, cuando lo sujetaron
y condujeron.
Debió ocurrir primero el disparo sobre el antebrazo izquierdo.
Las víctimas de ataques con armas de fuego narran ver un
fogonazo que sale de la boca del arma y la reacción instintiva
es la de defensa y protección de la cara con el antebrazo.
Después le propinaron los impactos en la clavícula
y en el corazón.
No es posible aclarar detalles de las características de
las heridas ocasionadas por los proyectiles de arma de fuego como
bandaleta contusiva o tatuaje para determinar si los disparos fueron
hechos a quemarropa.
En otra fotografía del Che Guevara sobre la mesa de necropsia
se observan disecciones en las regiones laterales del cuello; una
pinza quirúrgica sostiene la arteria carótida; esta
disección es utiliza en los cadáveres para inyectar
líquidos de embalsamamiento y fue la herida que posiblemente
el oficial que recontó las heridas confundió con un
orificio de proyectil de arma de fuego en la garganta.
Los mencionados cortes quirúrgicos son post mortem; sus
bordes se ven suturados y sin hemorragias. En ningún caso
se observan incisiones en cráneo ni en la línea media
corporal.
En ninguna de las secuencias fotográficas tomadas al cadáver
sobre el lavadero del hospital se observan instrumentos de autopsia
ni cortes necro-quirúrgicos.
La fotografía de los huesos de Ernesto Che Guevara tomada
el ocho de julio y difundida por las agencias internacionales de
prensa se observa la calavera con mandíbulas y dentadura
completa, escápulas, húmeros, costillas y vértebras.
El cráneo de la fotografía ofrece los detalles anatómicos
de un cráneo masculino en especial una apófisis mastoides
sobresaliente y maxilares y mentón en ángulo de aproximadamente
90 grados.
En la calavera del Che se observan en la región frontal
las prominencias supra orbiculares muy desarrolladas; indican que
esa persona padeció sinusitis crónica. No tiene corte
necro quirúrgico como es costumbre en las necropsias.
Las Costillas y esternón no evidencian cortes como los utilizados
en las necropsias.
De haberse realizado la necropsia esta fue incompleta. No se hizo
con los estándares académicos ni científicos
que reglamentan la práctica de la necropsia.
En esta diligencia se hace un corte transversal en el cráneo
y se abre la cavidad torácica cortando esternón y
costillas.
Así las cosas, queda en duda la calidad científica
de la necropsia consignada en un documento celosamente custodiado
por la inteligencia militar boliviana en una caja de caudales. Tal
vez el certificado de defunción se hizo según las
impresiones clínicas de los médicos que realizaron
las necropsias.
Por tratarse de un guerrillero muy buscado por el cual se pagaba
una recompensa si capturaba vivo o muerto no interesó a los
militares hacer una necropsia con el rigor médico legal.
Tenían el cadáver de un hombre de ímpetu con
el vigor de 39 años. Consternados y rabiosos dieron nacimiento
al mito del Che parido por sus fusiles en la escuela de La Higuera.
|