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EL COLOMBIANO.COM | CRÓNICAS DE LA MORGUE POR GERMÁN ANTÍA

Henry Agudelo | Los sobrios mausoleos dieron paso a tumbas más llamativas, con grandes esculturas.

Henry Agudelo | Las clases emergentes adornaron sus tumbas con escudos de fútbol.
Crónica de tradiciones, costumbres y otros mitos fúnebres | Transformaciones
Del réquiem a los mariachis


Las tradiciones fúnebres permiten hacer una lectura y caracterización de la evolución histórica y social. Más recientemente indican costumbres y fenómenos de desadaptación social.


Por
Germán Antía M.
Colaboración especial
Medellín


Las tradiciones fúnebres permiten hacer una lectura y caracterización de la evolución histórica y social. Más recientemente indican costumbres y fenómenos de desadaptación social.

La ciudad experimenta cambios sociales que trae el tiempo. En relación a las fúnebres, los cementerios comienzan a experimentar en los años 70 la transformación arquitectónica hacia los jardines y parques cementerios, cuyo diseño consideraba elementos paisajísticos como extensas zonas verdes para la recreación de los dolientes, las inhumaciones en bóvedas en galerías dejaron de ser una costumbre y predominan desde entonces la uniformidad en las lápidas. No obstante, esto en la actualidad sobre las bóvedas los amigos pegan los emblemas de sus equipos de fútbol favoritos.

Al terminar el siglo XX estos jardines o parques cementerios, con la masificación de la práctica de la cremación, empezaron a conocer su ocaso para dar paso a panteones que guardaran sólo cenizas, es decir de las bóveda y criptas se pasó a los cenizarios.

El narcotráfico, en especial, introdujo cambios radicales en las tradiciones funerarias de Medellín y su Área Metropolitana con actitudes irreverentes, desafiantes y lesivas a la sociedad que se podían observar en los sepelios de presuntos criminales.

Todo transcurría muy calmadamente en la otrora Villa de la Candelaria, entre el respeto, la solemnidad, el dolor y la tradición. Luego, en la década de los 80 el narcotráfico irrumpió en la sociedad medellinense y dejó sentir sus terribles tentáculos en todos los aspectos de la vida social. Aparecieron signos y síntomas que indicaron enfermedad social: clase emergente, dinero fácil, aumento de las tasas de delitos y de la mortalidad violenta.

Con el auge del narcotráfico se observan comportamientos atípicos en las costumbres fúnebres. El grupo californiano de música tejana Exterminador, en su corrido Cruz de Marihuana, ilustra claramente aquellos comportamientos:

“…Cuando me muera levanten
Una cruz de marihuana,
Con diez botellas de vino,
Y cien barajas clavadas…”

“…En mi caja de la fina,
Mis metrallas de tesoro…”

“…No quiero llantos ni rezos,
Tampoco tierra sagrada,
Que me entierren en la sierra
Con leones de mi manada;
Y que me toquen mis sones,
Ahí canten mis canciones…”

“…Y que con balas se diga
La fama de mi pistola…”

“...Que en mi epitafio se ponga: con llanto
Te ama Pola...”

Lo cantado en dicho corrido ilustra parcialmente las irreverencias de los narcotraficantes en los cementerios. Fue frecuente observar en algunos sepelios que sus amigos le introduzcan en la ropa del difunto artesanales cigarros de marihuana llamados “puchos” o rocíen su ataúd con hojas secas de esta hierba. En otras ocasiones los “parces” (una jerga que indica amigo) introducían en el sepulcro, al momento de la inhumación, una radio grabadora que reproducía la música favorita del “parce”, como postrer homenaje de los amigos al difunto.

Y como lo dice el corrido, mientras más disparos haya más “importante” era el difunto. Otra de los corridos famosos con que se homenajeaba al narco fallecido era Pero sigo siendo el rey.

En la época del recrudecimiento de la guerra del narcotráfico la policía debió custodiar las salas de velación y las ceremonias fúnebres, porque se conocía de la amenaza de los asesinos de dinamitar los cadáveres. En la ceremonia de inhumación, además de la balacera, se observaron actos de histrionismo: gritos desgarradores, desmayos, golpes al cofre o sacar el cadáver del féretro.

El difunto era sacado de la caja mortuoria y sostenido por sus amigos para tomarse una foto con el finado. En ocasiones, esa toma era exhibida en el salón principal de humildes viviendas en medio de las fotos de bodas, cumpleaños y otros festejos familiares.

En los cementerios durante los actos fúnebres puede leerse, como en ningún otro escenario, el grado de agresividad y de violencia que se vive en la ciudad

Así mismo, los narcotraficantes dejaron ver en los sepelios su agresividad y la imposición del modelo de “hombre duro” y mediante las armas el patrón de la “ley del más fuerte”, que de ninguna manera se puede asociar con lo que ocurre en el mundo animal en su lucha por la supervivencia, el alimento, el espacio y la conservación de territorio.

La desmedida agresividad, violencia y criminalidad fueron hechos, que con frecuencia se empezaron a observar como consecuencia del narcotráfico y del fanatismo en actos mortuorios. Indican la sicopatología de la sociedad actual y los desequilibrios sociales y la incapacidad de adaptación a las normas sociales. Con ella manifiestan no sentir, ni padecer dolor ni solidaridad por el daño causado a sus conciudadanos.

De otro lado, los cortejos fúnebres de las personas de estratos socioeconómicos bajos, en la actualidad, se desplazan en buses de transporte público y sonando en sus equipos de sonido música salsa, de origen etnoafricano, y el coche mortuorio es escoltado por las motocicletas de los amigos del difunto.

Ante la incredulidad de la muerte del amigo o familiar, en grupos sociales más deprimidos, los familiares acostumbran “examinar que el pariente sí esté muerto”, pues aún se tiene la falsa creencia que algunas personas son enterradas vivas, durante un estado cataléptico, para lo cual prueban los reflejos del difunto punzándole con una aguja en lugares sensibles como el párpado.

En ocasiones, en los sepelios de jóvenes se cantan con alguna frecuencia las siguientes canciones: Al otro lado del silencio, del grupo roquero español Ángeles del Infierno y que entre sus estrofas canta: “¿Qué hay amigo al otro lado del silencio?”; y el son en ritmo de salsa del puertoriqueño Cheo Feliciano titulada Tumba humilde, que en algunos apartes dice: “…Sobre las tumbas de gente humilde que se ama tanto, una flor de llanto quiero dejar…”

Se tienen algunas creencias, después de la visita al cementerio, entre ellas: sensación de cansancio, porque el cementerio roba fuerzas; la tierra del cementerio sala el cuerpo y trae malas energías.

Así, después de llegar del cementerio los “parces” y familiares llegan “cansados” del cementerio, deben tomar una ducha de agua tibia con alcohol, para limpiar el cuerpo de malas energías. Finalmente, el ex visitante del cementerio debe echarse azúcar en los pies para exorcizar así todo atisbo de malos presagios.



 
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