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| Henry Agudelo | El cementerio Campos de Paz
proyecta cine en el mes de noviembre. |
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| Henry Agudelo | La lúdica llega a los
campos santos. |
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| Henry Agudelo | Los ciclos de cine cuentan
con buena asistencia. |
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| Henry Agudelo | El Museo Cementerio San Pedro
fue el primero en abrir sus puertas al arte y la escénica. |
Cementerios, de las virgenes
dolorosas a los cinemas
Por Germán
Antía Montoya
Decano Facultad de Ciencias Forenses y de la
Salud
Tecnológico de Antioquia
La cultura de la Edad Media (476-1453) estuvo impregnada de un
profundo misticismo. La espiritualidad y la concepción de
los valores tuvieron su influencia en la doctrina de “las
últimas cosas” (las postrimerías); es decir,
lo que depara el destino final a los seres humanos.
En relación con la muerte, los textos de los oficios religiosos
de difuntos dejan ver escenas de profundo dramatismo. Los miedos
y las dudas del hombre del siglo XII quedaron plasmados en los escritos
cristianos y en la vasta iconografía religiosa, documentos
en los cuales se describen aspectos como: el eterno transcurrir
del tiempo, la naturaleza transitoria de la vida terrena, los misterios
de lo inmortal y lo terreno, los sentimientos de culpa de un alma
llamada al juicio divino y la patria celestial, entre otros.
Así mismo, la literatura universal de la época narra
el fin del hombre. Dante (1265-1321), en su epopeya cristiana La
divina comedia, resume la ciencia de la Edad Media y describe
siete anillos o círculos destinados a recibir las almas de
los hombres según la categoría de sus pecados. Cabe
recordar que en El infierno, el último círculo,
estaba reservado para quienes cometían el pecado más
horrible: la traición.
Por su parte, en el arte pictórico se encuentran importantes
obras de artistas fieles a la escolástica de la Edad Media
que ilustran el mundo de los difuntos. Se destaca, en especial,
la obra del pintor de los Países Bajos, Hieronymus Bosch
(hacia 1450-1516), llamado en España El Bosco, quien
en su tríptico, El jardín de las delicias,
describe un infierno donde el maligno inflinge terribles tormentos
a quienes no renunciaron a los placeres terrenales.
Para esta tercera época de la historia, el tiempo era medido
y manejado desde los monasterios con el tañido de las campanas.
Desde allí se indicaba el tiempo (prima, tercia, sexta, nona,
vísperas, completas). De igual manera se dejaron, en la antigua
iglesia de Roma, iconos sacros como el purgatorio, el cielo, el
infierno, las ánimas del purgatorio, vírgenes dolorosas,
santos sepulcros y cementerios monacales.
Es así, como en las manifestaciones del arte y la literatura,
al igual que en las tradiciones populares, se deja ver cómo
el hombre de la Edad Media creía en el misterio de los cementerios
y, entre sus paredes, imaginaba el mundo de ultratumba.
Ritos, cultura y ficción
Creencias medievales como las ánimas del purgatorio
y los espantos han sido, también, de gran arraigo popular
en América Latina y, de manera especial, en Colombia.
En los sismos ocurridos en las ciudades de Manizales (1962), Popayán
(1982) y Armenia (1999), los daños afectaron sus cementerios
y dieron lugar a escenas dantescas con ataúdes y osamentas
saliendo de sus tumbas. Fueron hechos que dieron lugar a mitos populares,
salidos de las ruinas y los difuntos.
Quizá toda la herencia del Medioevo persistió entre
las tradiciones hasta muy entrado el siglo XX, época en la
cual surgió el Nadaísmo, un movimiento literario de
los años sesentas caracterizado por romper los cánones
y costumbres tradicionales de la sociedad colombiana.
Cuentan los vecinos del cementerio más tradicional de Medellín,
el San Pedro, que por esa época los nadaístas de la
ciudad hacían peregrinajes desde la calle Junín, centro
de sus reuniones literarias, hasta ese lugar donde en las noches
realizaban tertulias literarias e inspiradas con infusiones y sahumerios
de hojas de marihuana llegada de la Sierra Nevada de Santa Marta
y conocida como punto rojo. Tal vez, una basta productividad de
la poesía nadaísta fue inspirada en el mencionado
camposanto.
Por causa de los muchos muertos que hubo en la ciudad de los años
setentas, los cementerios comenzaron a tener numerosos visitantes
y abundantes intrusos.
Y, tal como sucede con las grandes ciudades, los cementerios empezaron
a tener nuevos roles y actores sociales. Después de los poetas
nadaístas llegaron los narcotraficantes y los miembros de
sectas satánicas, quienes, desprovistos de todo miedo y prejuicios,
se apropiaron de estos espacios para ingerir bebidas embriagantes,
consumir sustancias psicoactivas, protagonizar balaceras o enterrar
gatos y muñecos de trapo.
Otros grupos, inspirados en mitos esotéricos, planteaban
que los cementerios de Medellín, que recibían cientos
de cuerpos de personas jóvenes fallecidas por causa violenta,
estaban impregnados de energía positiva la cual se transmitía
a los vivos después de ritos de iniciación celebrados
en las noches de Luna Llena.
Más aún, algunos esoteristas, con infundados conocimientos
de química, creían encontrar en los cadáveres
un alcaloide llamado tomaína con la errónea creencia
de que ese compuesto tenía efectos como enervante del sistema
nervioso.
Espacios lúdicos
Más recientemente, las organizaciones culturales se han dado
al rescate de dichos espacios exequiales para el arte, la recreación
y la cultura y, también, para mantener viva la memoria de
la cultura funeraria en la ciudad.
Algunos cementerios de Medellín, al igual que los de otras
capitales como París, Praga, Buenos Aires, entre otras, alcanzaron
categoría de museo y declarados como bienes de interés
cultural de carácter nacional. Diferentes organizaciones
culturales se dedican al rescate artístico de la arquitectura
y de mausoleos y esculturas instaladas en los camposantos.
Para el mencionado propósito se programan visitas guiadas,
conciertos, espectáculos de teatro, rituales para la terapia
del duelo, entre otras actividades que traspasaron el silencio sepulcral
de épocas atrás.
Así mismo, es ahora común encontrar que la actividad
cultural incluya ciclos de cine. Lo cierto es que el mundo de la
cinematografía hizo de los cementerios el escenario propicio
para el desarrollo de argumentos de películas como: Halloween,
El regreso de los muertos vivientes y La resurrección
de los muertos, entre otras producciones.
Recientemente, en noviembre, el mes dedicado a los difuntos, en
uno de los cementerios privados de mayor tradición en la
ciudad, Campos de Paz, se inauguró el cinema cementerio.
Como nunca se había visto, el temor y el espanto que generaban
estos lugares se transformó en entretenimiento.
Los cambios en la actividad y transcurrir de los cementerios, en
la primera década del siglo XXI en Medellín, deja
leer que la sociedad confronta la realidad de morir de una manera
menos terrorífica y ha encontrado en los mencionados campos
un espacio para el disfrute de la vida, lugares que también
se disputan museólogos y urbanistas.
La evolución de las costumbres y rituales fúnebres
experimentan cambios operados por avances tecnológicos como
la cremación que se impone como una práctica corriente
y reduce la utilización de tumbas y cementerios. Las actuaciones
y las prácticas, antes insólitas en los cementerios,
ahora hacen parte de la cotidianidad.
En las zonas de escenarios militares del conflicto armado colombiano,
los cementerios albergan un sinnúmero de tumbas marcadas
como: NN negro, NN indio, NN blanco, NN mestizo.
En ocasiones son escenarios de exhumaciones y de litigios judiciales,
en los que se pretenden con la búsqueda de un diente o un
trozo de hueso el rescate de fragmentos de la molécula de
ADN, como evidencias que permitan demostrar la paternidad o relación
genética de algún querellante o la identificación
del difunto.
También, los cementerios, al igual que los mortales, van
conociendo el final de sus días. Algunos, gracias a la importancia
de sus ilustres moradores, lograrán sobrevivir a la modernidad
y a la informática.
Existió la costumbre de esparcir cenizas humanas en mares
y ríos; hay naves interplanetarias que llevan cenizas humanas
para ser esparcidas en el espacio cósmico; habrá cementerios
espaciales con naves interplanetarias portando pequeñas cápsulas
de cenizas humanas. Los rituales de despedida se harán desde
plataformas de lanzamiento aeroespaciales ubicadas en los otrora
jardines cementerios.
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