Inicio EL COLOMBIANO Consulte noticias

EL COLOMBIANO.COM | CRÓNICAS DE LA MORGUE POR GERMÁN ANTÍA

Henry Agudelo | La tanatopraxia garantiza el cuidado adecuado de los cadáveres.
El cuidado y la
preservación del cadáver



“…Efímero es, pues, el cuerpo humano.
Esto no significa solamente que esté destinado,
por hermoso, fuerte y perfecto que parezca a la decrepitud y a la muerte…”

Jean Pierre Vernat


Por
Germán Antía M.
Colaboración especial
Medellín


En la mitología popular existe la infundada creencia que los cadáveres permanecen en las cavas de las morgues colgados por un afilado gancho de acero insertado en la quijada del mismo, y la cavidad abdominal rellenada con aserrín después de la necropsia. Así lo suelen “afirmar” quienes en sus fantasías morbosas dicen haber entrado a una morgue.

Después que el examinador médico termina la inspección interna del cadáver, las vísceras son nuevamente eventradas, las incisiones abdominales y craneales cerradas, y el cuerpo en su conjunto aseado para disponerlo en una cava que lo albergara hasta ser entregado a la familia

Luego vendrán los ritos fúnebres que darán consuelo a sus seres queridos.

Las morgues poseen cavas alimentadas por motores que rugen las 24 horas del día para producir el frío que preserva los cadáveres a una temperatura de menos 10 grados centígrados.

A partir de la experiencia de un programa de formación académica llamado tanatopraxia, jóvenes de ambos sexos se dedican a la noble tarea de restañar las heridas que deja la violencia criminal en los cuerpos de las víctimas.

Las arterias son disecadas para introducir líquidos preservantes. A través de incisiones en las venas de mayor calibre, se drena la sangre; esta que antes era el sinónimo de la vida, es ahora la amenaza de la corrupción del cuerpo. Las vísceras se desinfectan y liberan de todo contenido y se ponen en la cavidad abdominal.

Así, el cuerpo se encuentra listo para ser embellecido y ungido con oleos que le darán resplandor, es decir se animan los restos mortales para ser depositado en un cofre en medio de frondas de seda y ser expuesto para las honras fúnebres. Todo ser humano tiene derecho a una sepultura.

Terminadas las honras, es costumbre llevar el cuerpo al horno crematorio, donde arderá bajo una llama abrasadora que sale del techo del horno durante 1 hora a 900 grados centígrados. Poco después todo será una masa incandescente de 500 gramos de huesos calcinados que serán recogidas en un cenizario.

Tras bambalinas
Los preparadores de cadáveres, conocidos en otras latitudes como embalsamadores, se caracterizaban aquí, por ser en su gran mayoría hombres, la sociedad tenía dedicado este espacio sólo para hombres, quienes por su rudeza eran, según se creía, capaces de enfrentarse con la imagen de la muerte reflejada en el cadáver, armado de una jeringa de veterinaria, una botella con alguna fórmula alquimista para ungir el cadáver, algodón y una jofaina para lavar las manos.

Medellín tiene una amplia base poblacional e jóvenes ávidos de conocimiento y de espíritu altruista y emprendededores, características propias de su raza. También, esos jóvenes son testigos de la violencia que deja en las calles víctimas fatales; han visto como la figura dantesca de la muerte les arrebata sin compasión amigos y familiares.

Y es quizá ese ímpetu que les da su juventud, pletórica de vida, la capacidad de enfrentarse de manera desafiante a la imagen de la muerte representada en el cadáver.

Los jóvenes que embalsaman cadáveres, en su mayoría mujeres, han cambiado el paradigma que antaño se tenia de quienes ejercían el oficio funerario. Hoy la mujer ha conquistado este espacio, y con la ternura y el afecto que solo ellas saben prodigar, han llegado a las morgues para poner la nota amable en este oficio, también han sabido demostrar sus capacidades para desarrollar y enaltecer el oficio milenario heredado de la cultura egipcia.

Aun más, con la presencia de la mujer en la morgue se ha dado especial tratamiento al cadáver, el instinto maternal también se refleja en el cuidado que proporcionan al cuerpo yaciente en la mesa de necropsia.

Así las cosas, lo que antes eran espacios que parecían asociados al abandono y al terror, son hoy lugares silenciosos, donde se le la puesto a la muerte (Tánatos) la máscara de su bello hermano gemelo Hipnos (Sueño) para ocultar las desgracias humanas que dejan las insanas pasiones humanas en la ciudad.



 
Directora: Ana Mercedes Gómez Martínez | Gerente: Luis Miguel De Bedout Hernández | Producción: Medios Electrónicos
Para visualizar nuestro sitio recomendamos utilizar navegador Internet Explorer 4.0 o superior y una resolución mínima de 800 x 600