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| Henry Agudelo | Vivir con la incertibumbre
de en dónde está el ser querido, el drama de los
familiares de los desaparecidos. |
Del Faro de Alejandría al faro de
Nutibara
La tragedia de los N.N.
en Medellín
El problema de las víctimas N.N.
se ha acrecentado en el país, las ciudades que más experimentan
la agudización de este son las capitales escenarios del conflicto
armado.
Por
Germán
Antía M.
Colaboración especial
Medellín
Los conflictos socioeconómicos y políticos conllevan
al desplazamiento forzoso de minorías étnicas, personas
en pobreza absoluta y aumento de N.N. y desaparecidos. Un claro
ejemplo de este puede observarse en Medellín, donde gran
parte de las víctimas N.N. provienen del campo, pues allí
el conflicto entre actores armados al margen de la ley es más
acentuado.
Como respuesta al problema el Estado ha avanzado en materia de
identificación y custodia de las víctimas NNs conforme
al derecho humanitario.
Caracterización del Problema
La ciudad de Alejandría, en el antiguo Egipto, poseía
un maravilloso faro de vidrio que iluminaba a los navegantes del
Mediterráneo y los guiaba para llegar a puerto seguro. También
había allí al lado de aquel, otro faro, sin luz, en
cuyos alrededores se inhumaban los cuerpos de los fallecidos y conducía
los espíritus de los muertos hacia el mundo de Osiris.
El Valle de Aburrá tiene en su centro dos cerros que sirven
de referencia histórica y geográfica para la ciudad:
uno llamado El Volador y, el otro, Nutibara. Los aborígenes
que poblaron el Valle de Aburrá escogieron el cerro El Volador,
para inhumar los cuerpos de los aborígenes fallecidos. En
las estribaciones de este lugar se encuentra un gran espacio fundado
en el año 1934 y que desde la guerra del narcotráfico
se utiliza para depositar los cuerpos de las víctimas NNs:
el Cementerio Municipal.
Existe también en la ciudad otro cerro que hace de “acrópolis
paisa”: es el Cerro Nutibara, donde se encuentra un faro -que
igual al de Alejandría- emana potentes chorros de luz láser
que destellan en la noche (especialmente en las navidades) y que
parecieran guiar la llegada de cientos de desplazados por la violencia;
quienes desterrados de sus parcelas buscan en esta urbe un lugar
seguro que cada vez les es más esquivo.
Colombia ha experimentado en las últimas cinco décadas
conflictos sociales y un proceso de urbanización acelerada,
se estima que en el 2025 las ciudades concentraran cerca del 90
por ciento de la población. El fenómeno de la “ruralización”
de las ciudades ha traído como consecuencia varios problemas:
población en pobreza absoluta, demanda satisfecha por servicios
del Estado, hacinamientos, barrios subnormales, desaparecidos y
personas vivas sin identificación que se constituyen en N.N.
El conflicto armado que vive Colombia desde hace 45 años
ha ocasionado fenómenos de desarraigo y muertes violentas
que aumentan cada vez más en las ciudades. Cientos de personas
que huyen a la ciudad en procura de un techo seguro, paradójicamente,
encuentran la muerte en estas.
Cifras de muerte
En el 2002 las estadísticas registraron en Medellín
cerca de 903 NNs, que representan el 19 por ciento de las víctimas
fatales que cayeron por la violencia en la ciudad. Un número
considerable de NNs procede de las comunas Nororiental y Noroccidental
de la ciudad, donde el conflicto es más agudo; se trata por
lo general de personas jóvenes de sexo masculino (95 por
ciento) entre 15 y 25 años, generalmente de escasos recursos;
muchos de ellos son reconocidos por sus familias y no tienen recursos
para inhumarlos, razón por la cual quedan en la morgue judicial.
Los menores de edad representan el 48 por ciento de las víctimas,
situación que preocupa a las autoridades y a la sociedad
civil especialmente; algunos son venidos del campo y otros abandonados
por sus padres; en este último caso el madresolterismo, particularmente
en las personas pertenecientes a las comunidades pobres, conlleva
a la agudización del problema. En algunos casos, se trata
de menores trabajadores que con un salario ayudan a sus padres en
la manutención de la familia.
El drama
De las cerca de 1.000 víctimas N.N. que deja la criminalidad
en la ciudad, por lo menos 500 fueron reclamados por sus madres
o esposas, quienes entre el llanto y la desesperanza buscaban e
identificaban los restos de sus hijos en las neveras de la morgue
judicial. Al identificarlos se aferran gimientes, pero cariñosamente,
a los derruidos restos anatómicos que de ellos quedan.
Detrás de cada N.N. hay una historia de tragedia humana,
por lo general eran personas del campo que buscaban en las ciudades
refugio de la barbarie que recorre los arados de café, plátano
y frutales. Muchas veces tras la víctima N.N. hay una joven
esposa, madre de un niño de brazos y otro en gestación.
Desde el punto de vista socio económico los N.N. provienen
de todos los estados socioeconómicos, no obstante, la mayoría
son minorías étnicas y comunidades discriminadas,
desplazadas y desterradas por conflictos socio-económicos
y políticos.
También dentro de la ciudad se observa el fenómeno
de desplazamiento interno. Se trata de ciudadanos que viven en zonas
de la ciudad donde operan grupos ilegales y son obligados a abandonar
súbitamente sus viviendas, con todo el menaje doméstico
en su interior y buscar refugio en casas de familiares.
Este fenómeno también se observó con iguales
características durante la guerra del narcotráfico.
Por amenazas contra la vida, los vecinos testigos accidentales de
algunos de los actos ilícitos de narcotraficantes debían
abandonar sus viviendas sin dejar rastro de su huida.
Fisonomía y accesorios
El cuerpo de una persona por lo general nos permite una lectura
de las actividades que desarrolla una persona y refleja algunos
aspectos psicológicos. Por lo general, un gran porcentaje
de los NNs revelan su condición de indigencia: piel, cara,
manos y pies nos revelan aspectos de su actividad en vida.
La piel de cara, brazos, dorso y pies señalan el duro impacto
de excesivas exposiciones al sol; cara, en especial manifiesta signos
de envejecimiento prematuro por causa del sol, la desnutrición
y el hollín de los vehículos. Las barbas cuando las
hay son descuidadas.
Es frecuente observarles tatuajes que ilustran cruces, corazones,
letras y dibujos que recuerdan su paso por el servicio militar o
una penitenciaria. Las manos son una parte importante de la anatomía
humana por que por su estructura y función reflejan de manera
especial aspectos de las actividades que ejerce una persona. Estas,
en unos, son gruesas y callosas, denotan piel áspera y de
manejo del fuego para cocción de los alimentos, en ocasiones
los dedos índice y pulgar presentan hiperpigmentación
café pardo por el manejo de sustancias sicoactivas.
El duro asfalto de la ciudad deja también su huella en los
encallecidos pies de las víctimas, quienes, por lo general,
llevan envuelto en su tobillo un pequeño laso de hilo de
color café o negro como elemento religioso que denota sus
creencias. El accesorio mas frecuente observado en el cuello es
un collar con cuentas de cerámica, semillas vegetales en
colores café, negro, rojo; del que cuelgan crucifijos pequeños
en madera o en cuero.
Entre sus ropas es frecuente una pipa artesanal elaborada en madera
o hueso de ave, que sirve para fumar sicoactivos y que en su jerga
se conoce como “chicharra”.
Evolución y génesis
Las luces de las grandes ciudades parecieran atraer a inmigrantes.
Desde los años 40, Medellín contaba con un gran puerto
seco donde llegaban las viejas locomotoras atestadas de algodón
para las fábricas de textiles y en esos mismos vagones cientos
de gentes del campo que buscaban hacer fortuna en las fábricas
de telas, siderúrgicas y de alimentos iniciadas en 1920.
No obstante, puede decirse que el fenómeno social de los
N.N., es de reciente aparición en la ciudad colombiana, en
especial en el Valle de Aburrá. Puede decirse que el mismo
apareció en la década de los 80 y creció de
manera alarmante a punto que el Estado y sus organismos de investigación
criminal han debido establecer centros de identificación
de personas perdidas y desaparecidas que permiten la identificación
de personas N.N. vivas o muertas.
Antes de la década de los años 80 los N.N. se restringían
a ancianos e indigentes abandonados que morían en asilos
u hospitales. En la época del narcotráfico el fenómeno
experimento una notación de ajuste de cuenta y señal
de vendetta entre los campos del narcotráfico. Al inicio
del siglo XXI, el problema se asocia a cusas sociopolíticas,
desplazamiento, intimidación a minorías y exclusión
social.
En los inicios de la década de los ochenta, los cuerpos
de los N.N. no reclamados eran inhumados en fosas comunes. Después
de años del recrudecimiento de este fenómeno, la legislación
ha variado y la ciencia ha evolucionado en materia de identificación
especializada de personas, en consecuencia, esas escenas son parte
del pasado.
Hoy los cuerpos son inhumados de forma digna en fosas individuales,
debidamente reseñados para facilitar un posterior y eventual
reconocimiento. Con idéntico fin, no es permitida la cremación
de aquellos cuerpos. Es de anotar que en algunas oportunidades y
gracias al notable avance y desarrollo de la red de N.N. y desaparecidos
estos han sido reconocidos y reclamados por sus familias aun después
de varios meses de estar inhumados.
El drama de los N.N. no se restringe solamente a las ciudades. El
conflicto armado deja en los campos colombianos un número
indeterminado de cadáveres de actores armados, al margen
de la ley, que son sepultados por sus compañeros en lugares
desconocidos o arrojados a los ríos, con el fin de desmoralizar
las tropas del ejército regular y para impedir, deliberadamente,
la identificación de los mismos. Igual suerte corren muchas
personas secuestradas y muertas en cautiverio.
Asociado al problema de los N.N. está el de las personas
desaparecidas por diversas razones y las cuales su familia no tiene
información alguna y por consiguiente no puede elaborar un
duelo psicológico que ocasiona la desaparición de
un ser querido.
Dignidad y Derechos Humanos
El desarrollo de la cultura de los Derechos Humanos en nuestra sociedad
también ha llegado a estas víctimas. La custodia de
los cuerpos es celosamente vigilada por organismos de investigaron
criminal y conforme a las normas del
Derecho Humanitario.
Los cuerpos de NNs son cuidados por mucho rigor por el servicio
médico forense, con forme a lo demandado a las leyes de la
República, los derechos humanos y los códigos de dignidad
humana.
Cultura y ritual funerario
Con el aumento de las víctimas N.N. se ha observado particulares
tradiciones y rituales fúnebres y manifestaciones de solidaridad
entre la población de personas indigentes, quienes en caso
de fallecimiento de uno de sus compañeros, los elementos
y rituales étnicos afloran en el sepelio de la víctima
N.N. , la elevación del cuerpo se hace, en ocasiones, debajo
de los puentes de la ciudad.
Debido a las características de bajo nivel socioeconómico
de la mayoría de las víctimas N.N., la inhumación
de las mismas reviste en ocasiones, matices especiales. Cuando los
cuerpos son reclamados por sus "parces", la inhumación
es realizada en un cofre de madera rústica, sin adorno alguno;
la música ras ambienta la ceremonia, no hay tristeza entre
los “parces”, porque se sabe de la situación
y conoce que la realidad de la muerte es inevitable. Sus “parces”
en ritmo de rap, estimulados por sicoactivos, entonan cánticos
fúnebres, tonadas que rememoran la vida y proezas del difunto.
Por lo general, el escenario general para la inhumación
de los N.N. es el Cementerio Universal, dicho campo santo es como
un reserva forestal que sirve de pulmón verde a la ciudad,
y de estaciones de aves multicolores que sobre vuelan el Valle del
Aburrá. Estas encuentran alimento y cobijo en la fauna entomo-cadavérica
(insectos que se desarrollan en los cadáveres), en los árboles
frutales de mango y en frondosos guayacanes amarillos y lilas.
Tan pintoresco espacio es el albergue final, desde hace cerca de
cincuenta años, de los marginados, por razón de sus
creencias religiosas, y de los viejos ferrocarrileros, linotipistas,
soldados caídos en combate, poetas, entre otros. Hoy, el
cementerio alberga de los marginados de la sociedad, esas víctimas
desconocidas da la violencia, que conocemos como N.N.
Cada mañana, con la salida del sol se abren las rejas y
fosas de ese espacio para enterrar nuevos cuerpos de víctimas
N.N., con ellos llegan sus amigos que a diario les visitan y hacen
de ese espacio uno más de su cotidianidad.
Cuando un cadáver N.N. es identificado y reclamado por sus
compañeros, que en su jerga se denominan “parces”,
es velado en el cementerio, en la morgue o en cualquier lugar público
que improvisadamente hace por unos minutos las veces de sala de
velación.
La solidaridad de los “parces” conlleva a visitar a
sus amigos en los cementerios hasta en horas de la noche. En algunas
oportunidades, la euforia ocasionada por los narcóticos que
consumen en el campo santo, los ha llevado a exhumar el cofre para
darle una despedida al “parce”.
Como puede concluirse, la criminalidad y el desplazamiento forzoso
de personas de las zonas de confrontación entre actores armados
han agudizado en Colombia el problema de los N.N., científicos
forenses y técnicos judiciales trabajan para lograr la identidad
de las víctimas. Por su parte, las organizaciones no gubernamentales
de familiares de desaparecidos buscan identificar sin descanso los
N.N. que deja el conflicto.
Así como los egipcios antiguos creían en el mundo
de Osiris como la esperanza de un mejor futuro, hoy muchas personas
del campo creen encontrar en las urbes y en las grandes metrópolis
mejores oportunidades de vida que a la postre terminan en la fatalidad
y ellos en el olvido.
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