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| Henry Agudelo | En Medellín en los
años 1980, en especial en el cementerio municipal, llamado
Cementerio Universal, se inicio la excavación e fosas
comunes para depositar las víctimas que dejaba la violencia
del narcotráfico. |
Las fosas comunes
La fosa o huesa es el depósito de nuestros restos. Fosa es
lo que se afonda (ahonda) en la tierra para enterrar el cadáver.
En el pasado la palabra
fosa común se refería a un lugar del cementerio donde
se hacia la disposición final de los restos óseos no
reclamados en los mismos.
Por
Germán
Antía M.
Colaboración especial
Medellín
Ese lugar del cementerio donde se depositaban los restos humanos era
un apartado rincón llamado el muladar o muradal, una palabra
del idioma de Castilla, ya entrada en desuso, y que significa: el
lugar de la casa donde se deposita el estiércol o basura de
las casas. Otra acepción de esta palabra castellana es lo que
ensucia o inficiona material o moralmente. En ese lugar, sepultaban
en los cementerios católicos los cuerpos de los suicidas; por
considerarse que no eran dignos de inhumarse con los demás
mortales.
Una de las fosas comunes más antiguas que tenia Medellín
era la del cementerio de San Lorenzo; se trataba de un muladar de
forma triangular donde se depositan cerca de 5.000 restos humanos
esqueletizados o momificados. De otra parte en un proceso de organización
territorial de ese cementerio se cremaron cerca de 17 mil restos
óseos que hoy se guardan debidamente identificados en el
Cementerio Universal.
También, en el pasado, en las tumbas múltiples se
depositaban cuerpos y restos humanos de difícil identificación,
victimas de grandes tragedias y desastres naturales o provocados
por el hombre o por la naturaleza.
Durante la segunda guerra mundial, estas empezaron a tener una
connotación macabra. Los nazis hicieron cavar a los prisioneros
enormes fosas donde después eran inhumados como N.N. los
cuerpos de los judíos que fallecían por inanición
o eran asesinados vilmente por sus captores.
Un hito
En Bogotá, después de los hechos violentos que generó
el asesinato del dirigente político Jorge Eliécer
Gaitán, el 9 de abril de 1948 se una enorme tumba común
en Cementerio Central, donde sepultaron cientos de víctimas
que dejaron aquellos desordenes.
Posteriormente, en ese mismo cementerio se abrió otra huesa
común donde se depositaron, indiscriminadamente, restos de
las víctimas que dejo la toma a sangre y fuego del Palacio
de Justicia, en Noviembre de 1985, por un comando del entonces grupo
armado ilegal M-19. Pese a que en ese entonces, ya existían
avanzadas técnicas de identificación molecular humana
como el ADN, la exhumación no fue posible por razones contaminación
genética de los restos y sanitarias.
Deliberadamente se inhumaron los restos de aquellas victimas, incinerados
por la conflagración del Palacio y el fuego de los cañones
(El Templo de la Justicia colombiana ardió como un enorme
crematorio). Los restos de las victimas fueron mezclados con residuos
anatomopatológicos y otros desechos biológicos altamente
contaminados. Casi veinte años después de aquella
masacre aun permanecen en aquella fosa los restos de las victimas
sin poder ser técnicamente identificados por la manera aleve
como fueron inhumados.
Después de la avalancha de lodo que provocó el Volcán
Nevado del Ruiz en la población colombiana de Armero, en
noviembre de 1986, las fuerzas de la naturaleza conformaron una
fosa común en Oro Bajo y Sabanalarga (Antioquia), donde se
resumieron restos anatómicos de las víctimas de aquella
catástrofe natural.
Caso local
En Medellín en los años 1980, en especial en el cementerio
municipal, llamado Cementerio Universal, se inicio la excavación
e fosas comunes para depositar las víctimas que dejaba la
violencia del narcotráfico. Se trataba de excavaciones de
diferentes dimensiones que albergaban desde tres cadáveres,
uno sobre otro, hasta una tumba múltiples que alcanzo albergar
hasta sesenta cuerpos.
También, en otros lugares de la geografía nacional
los diversos conflictos políticos que ha vivido la nación
en su historia han dejado víctimas N.N. en fosas comunes.
En la década de los años ochentas, con la criminalidad
que desató el narcotráfico, el país empezó
a conocer fosas comunes donde aquellos sepultaban los cuerpos de
sus victimas. A partir de ese momento las fosas comunes adquieren
el carácter de hallazgo macabro. De igual manera las empezaron
a implementar también los grupos armados ilegales con igual
propósito.
Desde esa década, las fosas comunes están asociadas
a NNs y desaparecidos y tienen una connotación criminal.
El léxico criminológico describe la fosa común
los lotes clandestinos donde ilegalmente se inhuman, en un mismo
perímetro, varios cadáveres con el fin de ocultar
la identificación de los mismos, e impedir la investigación
y la acción de la justicia.
Delincuencia
Deliberadamente los captores inhuman sus víctimas después
de ser torturados y con mutilaciones para dificultar la investigación
criminal. Por fortuna, en criminalística existe el principio
de intercambio de Locard, que establece que en todo contacto entre
un cuerpo y otro se intercambia evidencia física: un agresor
al atacar a su víctima deja algo de él en ella y al
contrario, toda víctima deja algo de ella en el agresor.
La ley
Con el avance de la cultura de los Derechos Humanos y la vigencia
de la Constitución Colombiana de 1991, las fosas comunes
están proscritas en Colombia y los cuerpos de las personas
no identificadas o no reclamadas por sus familiares y allegados
deben ser inhumados en fosa individual y debidamente registrados
de manera que en el evento de un reconocimiento puedan ser fácilmente
localizados y entregados sus restos a sus familiares.
En los primeros años del tercer milenio, las autoridades
han conocido por denuncias, la ubicación exacta de fosas
comunes afondadas por grupos armados ilegales especialmente en Antioquia.
En aquellas sepultan a sus militantes caídos en enfrentamiento
con el ejército regular o secuestrados.
Grupos armados al margen de la ley transformaron en improvisadas
fosas comunes los solares, comedores y demás espacios de
modestas viviendas ubicadas en zonas donde disputaban la lucha por
la territorialidad.
Las fosas comunes que utilizan los criminales son espacios de cerca
de 50 centímetros de largo por 70 de profundidad con el fin
de impedir la localización de las mismas por parte de los
organismos encargados de la investigación criminal.
El ultraje de los cadáveres depositados en las fosas comunes
llega al extremo de la barbarie, pues al no disponer de una tumba
ni de honras fúnebres, les son denegados su condición
y derechos como ser humano.
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