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EL COLOMBIANO.COM | CRÓNICAS DE LA MORGUE POR GERMÁN ANTÍA

Henry Agudelo | Germán Antía en sus lecciones de anatomía con sus estudiantes del Tecnológico de Antioquia.
Una lección de anatomía y de vida


Amantina lloraba de alegría e incrédula al ver la dignidad con la que sería inhumado el cadáver de su esposo.


Por
Germán Antía M.
Colaboración especial
Medellín


Eran los días previos a las fiestas de la pascua y el profesor de Anatomía se disponía a dejar su sierra, bisturí y demás implementos de disección anatómica, cuando recibió la llamada de un viejo funerario. Le informaba que una familia quería dejarle el cadáver de su esposo y padre para que lo estudiara en su laboratorio.

Así llegó el cadáver de Don Nelson al Laboratorio de Anatomía. Generalmente a las morgues universitarias llegan cadáveres N.N., de victimas fatales de la violencia que se enseñorea en las calles de nuestra ciudad y en el campo. En paises más avanzados científica y culturalmente, las familias dejan a veces, en préstamo los cadáveres de sus de sus seres queridos para que los científicos investiguen en ellos; después se les entregan para la disposición final.

Una tarde lluviosa de abril llegan al laboratorio, Amantina la fiel compañera del hombre que hacia llaves, Don Nelson, el cual ahora reposa sobre la brillante mesa de acero quirúrgico bajo una sábana azul celeste. Con aquélla entra Fedra la niña adolescente, hija de Don Nelson, y le pregunta al profesor, como suelen hacerlo los niños y los científicos esto: ¿profesor, usted abrió el cuerpo de mi padre?, ¿pudo usted ver porqué le dolía su abdomen después de comer? . El profesor le respondió afirmativamente y le explico en un lenguaje asequible a Fedra las razones del dolor de su padre.

Tan singular visita al laboratorio de Anatomía era fúnebre. Pocas veces los deudos se acercan a la morgue a visitar los restos de sus seres queridos. Este tipo de actos tiene su escenario natural en los cementerios.

En medio el llanto, Amantina mostraba el profesor las fotos de su difunto esposo, una lo mostraba en su negocio de chapistería, otra durante la primera comunión de Fedra; poco a poco narraba al profesor y en frente al cadáver de Don Nelson las peripecias para el alquiler del vestido blanco de tul que Fedra lució para recibir la ostia.

Avanzando en el tiempo se encuentra que la historia de la anatomía tiene pasajes anecdóticos, unas consignadas en la pintura, como la “Clase de Anatomía” de Rembrandt. Otros como la de los estudiantes de medicina que de noche llegan al cementerio parisino Padre La Chase quienes con la complicidad del manto de la noche estrían de allí cadáveres para sus estudios. Recientemente en Colombia, un prólogo de García Márquez para el libro “El cerebro y el mito del Yo ” del neurólogo y científico colombiano Rodolfo Linás, indica como este entraba de noche por las ventanas de la morgue para estudias los secretos del cuerpo humano bajo la luz de una vela.

Uno de los capítulos más importantes de la historia de la anatomía lo escribió el anatomista belga Andrea Vessalius, quien en su incunable” De humanis corporis fabrica”, realiza una de las grandes revoluciones de ciencia al disecar cadáveres y tallar en madera láminas anatómicas consideradas en su época como heréticas y la actividad del anatomista como inmoral.

Espacios científicos
Los laboratorios de Anatomía tienen esa especial manera de arrebatarle a la descomposición la obra maravillosa que es la fábrica del cuerpo humano. El anatomista transforma los otrora cadavéricos despojos humanos en una obra de arte donde a través de lecciones oficia la ciencia sus discursos.

Esta vez, la cátedra la daban la niña y la mujer que cada mañana recorren las calles de la ciudad en busca de material de reciclaje que sale de las casas como desecho el cual traduce en unas monedas con las cuales podrán pagar una habitación para pasar la noche o para comprar un mendrugo de pan y mitigar el hambre, una de las dos cosas, pero no las dos.

Cuando terminaron las clases de anatomía, un funerario generoso obsequia un cofre para que el cadáver de don Nelson sea inhumado dignamente; era un cofre en el cual suelen enterrarse las gentes llamadas pudientes. Fedra al verlo exclamó:..” es más lindo que los que da el Alcalde”…

Amantina lloraba de alegría e incrédula al ver la dignidad con la que sería inhumado el cadáver de su esposo. El profesor tuvo nostalgia y en su memoria quedaban una a una las fibras musculares con que Don Nelson hacia sus chapas y sus llaves y la huella que dejó el infarto en su corazón

Por el laboratorio de anatomía pasaron muchos jóvenes que comprendieron los complejos de la ciencia en el cadáver de Don Nelson, pero el profesor no olvidará la dignidad con la que Amantina y Fedra sobrellevan su pobreza. Así mismo, los estudiantes aprendieron lo invaluable del conocimiento que les brindan los cadáveres de los N.N.

En la memoria de los hombres y mujeres que hacen ciencia siempre habrá un cadáver humano, como el de don Nelson que dio luz a sus conocimientos y salida a un problema científico; gracias a estos cuerpos y a la generosidad de esta mujer que busca su sustento entre las basuras avanza la ciencia para mitigar el dolor y aliviar el sufrimiento de pacientes de enfermedades crónicas y degenerativas.

No obstante, el avance de la ciencia en materia del estudio del cuerpo, la mojigatería de algunos sectores de la sociedad ven aun con recelo la noble tarea de disecar cuerpos con fines académicos.

Por una interpretación torcida de la ley las morgues universitarias encuentran cada día mayor dificultad en la adquisición de cadáveres N.N. para la enseñanza de la ciencia y entrenamiento de cirujanos, al punto que se prefiere enviar a las fosas de los cementerios decenas de cadáveres privando a la academia de avanzar en el conocimiento de la ciencia y la anatomía humana.

En otros casos algunos medios de comunicación hacen eco a la indignación, presunción y afectación extremada de algunas familias ingenuas -asaltadas en su buena fe- porque los cadáveres de sus seres queridos han sido seleccionados por grupos de científicos para extraer órganos para transplantes y continuar el milagro de la vida, tan poco comprendido y valorado en esta sociedad que registra elevado número de homicidios.

En ocasiones se conoce de incomprensibles e inhumanos pleitos jurídicos que entablan aquellas para solicitar que el órgano transplantado le sea retirado del paciente y reintegrado al donante fallecido. Por fortuna y para beneficio de la ciencia y de la salud estos casos son muy pocos y los jueces han fallado estos a favor de la vida y de los pacientes. Cosas de la vida, cosas de la arrogancia, cosas de la soberbia.

Y en otro caso de donación de cadáveres para el estudio del cuerpo humano, el profesor de anatomía recibió el cadáver de una momia que le entregó la madre de esta. Se trataba de una mujer de 25 años de edad, diabética que murió al conocer la muerte de su apreciado padre. Fueron velados juntos e inhumados en tumbas contiguas.

Al cabo de los cuatro años establecidos para que se realice la reducción completa de los tejidos blandos, las tumbas se abrieron con la esperanza de encontrar los cuerpos esqueletizados. Para asombro de la familia el cuerpo del padre había completado su proceso; Regina apareció de nuevo ante los ojos de sus familiares justo como el día de la inhumación, su vestido azul celeste de bailarina le hacia parecer como una muñeca. La madre de Regina se la entregó al profesor con la promesa que no fuese cremada. Sus familiares le visitan con frecuencia en la morgue.

Entre los estudios que el profesor le realizó a este cuerpo momificado le permitieron comprender los procesos de la descomposición que por razones de la enfermedad se detuvieron en ese cuerpo. Los estudiantes la visitan y procuran que los fuertes rayos solares -que por la temporada de verano emiten mayor cantidad de luz ultra violeta- la preserven del ataque de hongos. Cada vez que un nuevo grupo de estudiantes llega la laboratorio para observar la momia de Regina exclaman en coro: ¡Una muñeca vestida de azul!



 
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