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| Henry Agudelo | La morgue es el lugar donde
la muerte acude en procura de salvaguardar la vida; muchas de
las respuestas conocidas allí llevan a los investigadores
clínicos a producir medidas de prevención de enfermedades,
también, algunos de los órganos allí disecados
servirán para transplantes y así reparar la salud
de otras personas. |
En la mesa del forense
“Aquí ya no hay nada más, solamente un pedazo
de materia muerta. Ese pedazo de materia muerta se puede descomponer
en sus partes, se pueden aislar los órganos de su articulación
y considerarlos como objetos propios. La muerte no deja ningún
sonido, solo los sobrevivientes producen una situación acústica
encima de una mesa de autopsia sobre el cual reposa el cadáver,
el mutuo susurro del agua, romper y serrar de los huesos y voces humanas
y con esto se acuña esta atmósfera”.
Elizabeth Schimana
Obduktion (autopsia)
Por
Germán
Antía M.
Colaboración especial
Medellín
En los orígenes de la Medicina y Anatomía Forense
la mesa de necropsias era una gruesa tabla de madera rústica
soportada en dos estructuras del mismo material. Las primera imágenes
que registraron la práctica de disección de cadáveres
enseñabn cámaras de mármol o piedra dotadas
de cuchillos y jofainas para depositar las vísceras.
Las morgues actuales son necroquirofanos muy iluminados, dotados
con mesas de brillante acero, frías, donde se escuchan ruidosas
sierras aserrando huesos, afilados escalpelos que chocan contra
el acero y grifos que dejan escapar grandes chorros de agua.
En este espacio médicos investigadores se esfuerzan en dar
respuesta a una pregunta concebida hace 200 años por el anatomista,
Giovanni Battista Morgani: ¿Ubi est morbus? (¿Dónde
está la enfermedad?). Similar pregunta se hacen entre sollozos
los familiares de las víctimas y los despiadados curiosos
que a diario frecuentan las puertas de morgues y policlínicos:
¿De que murió?
El médico examinador que investiga las causas de la muerte
se denomina patólogo, él y su paciente recién
fallecido asumen un diálogo silencioso y encriptado. Los
órganos y las estructuras anatómicas permiten hacer
una lectura y una confesión; también revelarán
intimidades acerca del modo de vida del paciente, que padecía
y por qué, cómo fueron los últimos momentos
y qué produjo la muerte. Con estas respuestas el médico
responderá en el certificado de defunción las dos
últimas preguntas que la sociedad hace al fallecer un ciudadano:
¿Cuál fue la causa de la muerte?
El escenario
La morgue es el lugar donde la muerte acude en procura de salvaguardar
la vida; muchas de las respuestas conocidas allí llevan a
los investigadores clínicos a producir medidas de prevención
de enfermedades, también, algunos de los órganos allí
disecados servirán para transplantes y así reparar
la salud de otras personas.
Cada mañana, con el despuntar de los primeros rayos del
sol entran por los ventanales de la morgue chorros de luz que revelan
la barbaridad de la masacre acontecida durante la noche anterior
en las calles de la ciudad.
Diez y siete cadáveres llenan igual número de mesas.
Una brigada de técnicos revestidos de botas, delantales y
guantes de hule avanza sobre cada mesa: uno toma nota de las ropas,
otro de las lesiones, una foto aquí, un equipo se interesa
en la elaboración de la carta dental, otro más allá
lucha contra el rigor mortis para tomar las huellas digitales; es
frecuente ver equipos de radiografía apoyando la búsqueda
de proyectiles afilan los metales en la chaira, las cuchillas se
alistan para incidir la piel y aserrar los huesos.
La tarea de abrir los cuerpos esta precedida de exámenes
médicos para determinar los signos positivos de muerte y
negativos de vida, es decir, estudio del rigor mortis, la deshidratación
y la cesación de ruidos cardiopulmonares y de reflejos neurológicos.
Esta actividad dura hasta las horas del medio día cuando
llegan los coches de la funerarias para reclamar los cuerpos.
Y mientras en la morgue los forenses se alistan para abrir los
cuerpos, en los crematorios contiguos a la morgue, se escucha el
rugir de enormes toberas que como cráter volcánico
vomitan enormes lenguas de fuego sobre los cuerpos que arderán
por cerca de una hora a 900 grados centígrados y reducirán
un cuerpo a 500 gramos de ceniza. Pronto los olores de carne en
la brasa y huesos calcinados invadirán la atmósfera
del tanatorio y se mezclaran con el de la sangre que corre sobre
el acero de la mesa.
Los traumatismos inflingidos
La muerte es un evento biológico que se inicia desde el primer
latido del corazón. Se muere por causa de la sumatoria de
lo que los epidemiólogos denominan factores de riesgo, esto
es, nuestros hábitos alimenticios, beber, fumar, factores
hereditarios y ambientales. El hombre moderno, en la mayoría
de países, nace en la clínica y muere senescente en
el hospital o en albergues para ancianos, después de soportar
padecimientos por enfermedades crónicas y degenerativas (cáncer,
enfermedades cerebro vasculares, diabetes, bronconeumonias, etc.).
No es así en la mayoría de nuestras ciudades agobiadas
por la criminalidad.
La primera causa de mortalidad en la ciudad de Medellín
la ocupan los homicidios por arma de fuego, le siguen los accidentes
de tránsito y después otras por causas accidentales.
Por la mesa del forense pasan anualmente cerca de 4.500 cadáveres,
la mayoría de personas, entre los 15 y 35 años de
edad por este tipo de causas.
El plomo de los proyectiles de armas de fuego ocasiona el mayor
desastre social que se tenga noticia en los anales de la criminalidad
nacional. Cerca del 90 por ciento de los homicidios son ocasionados
por proyectil de arma de fuego. Por cada víctima quedan en
promedio una viuda y por lo menos un hijo sobreviviente.
Las gentes de la región denominan este tipo de muerte “plomonía”.
Una víctima del crimen recibe, en promedio, cinco impactos
de proyectil. Cada una de estas letales ojivas puede pesar hasta
158 gramos. Se estima que los forenses anualmente recuperan de los
cuerpos hasta 2´765.000 gramos de plomo.
Al promediar la mañana y concluidas las diligencias de tafonomía
forense, los médicos llenan los formatos de defunción
de los fallecidos por traumatismos inflingidos con códigos
internacionales que se traducen en muerte por shock cardiogénico,
shock hipovolémico, shock neurogénico, anemia aguda,
entre otras causas. Todas esas causas señalan que los sistemas
anatómicos entraron en crisis y fueron incapaces de mantener
sus funciones para soportar la vida.
Los resultados de la necropsia medicolegal se apoyan en pruebas
de laboratorios de balística, biología, química
y toxicología forense, entre otros. Cada hallazgo logrado
durante la necropsia es registrado fotográficamente o descrito
en protocolos de laboratorio.
Los resultados de los laboratorios de toxicología forense
revelan que las toxicomanías matan a la juventud. En Medellín,
una muestra de 350 necropsias en 1999 registra sustancias enervantes
en 69 por ciento de las muertes violentas.
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