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EL COLOMBIANO.COM | CRÓNICAS DE LA MORGUE POR GERMÁN ANTÍA

Henry Agudelo | En 2001 la morgue judicial de Medellín albergó en sus neveras 619 cadáveres N. N. de los cuales 79 no fueron finalmente identificados.
Cadáveres N.N. para la vida y la dignidad humana


Con la sigla N.N. (del Latín nomen necio, en Español nombre desconocido) los nazis abandonaban los cadáveres de judíos en los campos de concentración de Treblinka, Dachau, Bergen Bessel.


Por
Germán Antía M.
Colaboración especial
Medellín


El ser humano, producto de complejas y evolucionadas reacciones moleculares y de un maravilloso desarrollo en el útero materno es un ser desconocido y misterioso, sólo perceptible a su madre, en aquel momento, por el movimiento de sus extremidades.

Desde ese entonces somos para la sociedad un N.N., hasta el momento en que nos registran en los libros notariales, solo a través de este acto civil somos incorporados a la sociedad e identificados en esta.

Con la sigla N.N. (del Latín nomen necio, en Español nombre desconocido) los nazis abandonaban los cadáveres de judíos en los campos de concentración de Treblinka, Dachau, Bergen Bessel.

Durante la revolución francesa una celebre mujer llamada Madame Trusseau, recorría los cementerios del viejo París identificando las cabezas y los cuerpos decapitados en la guillotina, reconoció allí las cabezas del rey Luis XV y de la reina Maria Antonieta. Este caso de reconocimiento marca un hecho importante en la historia de los N.N.

Mirada local
En Medellín, dicha sigla ha sido de uso corriente desde la época de la narcoguerra; desde entonces, sus habitantes la incorporaron en su vocabulario corriente con una insensibilidad tal que cuando desaparece uno de sus seres queridos consultan en los centros de identificación y búsqueda de desaparecidos por un N.N. con determinada característica.

La sigla N.N. designa también personas sin identificación. Como consecuencia del conflicto armado llegan a los municipios del Valle de Aburrá personas de todas las edades, muchas de ellas sin registro civil o identificación civil alguna; esa masa de personas constituyen la población de N.N. vivos de la Metrópoli del Valle de Aburrá que no tienen acceso a servicios estatales de salud, educación, y bienestar social. La magnitud de este problema llevó a las autoridades a realizar campañas para el registro e identificación de los N.N. vivos.

Doce años de guerra y criminalidad nos hacen saber que somos sobrevivientes de un largo y oscuro conflicto. Medellín y su Área Metropolitana bien puede ser llamada la necrópolis del Valle de Aburrá.

La epidemia de criminalidad desatada, volvió cotidiano en nuestro léxico el termino N.N., para señalar esas víctimas fatales del crimen que en las cavas de las morgues de esta ciudad, sin que doliente alguno reclame para darles adecuada y digna sepultura. Sin embargo en los cuerpos inertes de estas víctimas avanza la investigación científica y judicial produciendo conocimiento médico para la vida.

Vivimos y morimos producto del azar genético y de los riesgos sociales inherentes a una ciudad que en los últimos doce años suma 52.946 víctimas fatales; cifras que obligan a reflexionar sobre el nacer y el morir.

En 2001 la morgue judicial de Medellín albergó en sus neveras 619 cadáveres N. N. de los cuales 79 no fueron finalmente identificados. La efectividad del 87 por ciento en la identificación de estas víctimas N. N. se debe a la silenciosa y humanitaria labor de médicos, odontólogos y técnicos forenses, que al igual que Madame Trusseau en la revolución francesa, recorren los campos de guerra identificando cadáveres sin nombre conocido.

De los 619 cadáveres N.N. registrados en la morgue judicial 551 eran hombres y 68 mujeres, de los cuales 357 y 40 respectivamente fueron asesinados por proyectiles de arma de fuego.

De tan tenebrosas cifras de mortalidad violenta también emerge vida para que otros puedan sobrevivirla con calidad. Es sorprendente saber que de aquellos cadáveres N.N. que nadie reclama ni llora, brotan corazones, córneas, médulas óseas, hígados, riñones para que la vida continúe en otros seres humanos que ansiosos esperan un órgano vital para continuar su pesada existencia. La ley colombiana establece que los ciudadanos fallecidos en este país son presuntos donadores de órganos.

Tras el misterio
Los cadáveres de los hombres y mujeres N. N., después de ofrendar sus vidas sobre el duro asfalto de la ciudad, facilitan sus cuerpos a Patólogos y Anatomistas para que estos descifren en sus órganos los entrañables secretos de la enfermedad y de la muerte. De acuerdo con la normativa vigente en Colombia, se pueden entregar cadáveres N.N. para estudios científicos a instituciones universitarias por autorización del Ministerio de Salud.

Esos cuerpos y sus órganos sufren la acción preservadora de la formalina; a diferencia de muchos otros no conocen la putrefacción ni la acción cremadora del fuego; dichos órganos permanecerán en laboratorios y recipientes de laboratorio como una variedad especial de libro, enseñando a los estudiantes de Anatomía las complejidades del cuerpo humano.

Morir en la necrópolis del Valle del Aburra, significa para los criminalistas una marca de tiza en el duro asfalto de ciudad; no es más que el blanco trazo de una silueta humana sobre el negro asfalto, un conjunto de elementos físicos materia de prueba judicial numeradas en riguroso orden: manchas de sangre, proyectiles, un zapato, un arma, etc.

La velocidad con que se suceden los homicidios en la ciudad, en promedio trece diarios, conllevan a cambios sociales, culturales y psicológicos, ejemplo de estos son: La rápida asimilación y evolución del duelo por la desaparición de un ser querido, el poco tiempo para velación de los cadáveres, la celeridad con que se quiere llevar el cadáver de la cama al horno crematorio, la casi carencia absoluta del ritual y la pompa fúnebre, y la tendencia hacia la desacralización de los jardines y parques cementerios.

El desarrollo urbanístico se toma los camposantos, algunos de estos se transformaran en parques de diversiones, el crecimiento de la ciudad les arrebata terrenos para ampliación de avenidas o para invasiones urbanas subnormales. Tales acciones restan espacio a las fosas donde reposan los restos de los N. N. ; La escena de sepultureros arrastrando carretillas atestadas con cráneos rumbo al crematorio recuerda la poesía Boda Negra del colombiano Julio Florez.

Durante los últimos treinta años los funcionarios médico-legales y judiciales de la ciudad han desarrollado una cultura por el respeto y dignificación de los cadáveres sin nombre (N.N.), permitiendo que 90% de estos sean identificados y entregados a sus familias y allegados mitigando así el dolor y teniendo la certeza que su ser querido sea inhumado con dignidad.

Para el reconocimiento de los N.N. se aplican importantes técnicas de Odontología, Genética y Medicina forense, necrodactiloscopía, fotografías, videos y descripciones detalladas que garantizan a sus familiares la certeza de una adecuada identificación.

Los cadáveres N.N. víctimas de la criminalidad son entregados, mediante permiso legal, en custodia a instituciones científicas para el avance de investigaciones biomédicas, generación de conocimiento, desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas y la enseñanza de la medicina. En estas instituciones permanecen con la esperanza de ser identificados algún día no lejano por sus familiares y amigos.

Durante su permanencia en los laboratorios de Anatomía, los cuerpos N.N. reciben trato digno y adecuado en espera de que sus familiares y amigos les identifiquen y reclamen. Diariamente son hidratados con agua y sal y preservados de infecciones de hongos.

Cuando estos cuerpos han prestado su colaboración a la ciencia, los estudiantes les rinden una discreto pero sentido acto fúnebre de despedida. La nostalgia brota de entre los rostros juveniles por el final adiós de un amigo desconocido que desde su silencio les permitió avanzar en los caminos de la ciencia. Esos cuerpos de N.N. encontraron en los laboratorios el cobijo que quizá algunos no tuvieron en sus vidas.

Gracias a los beneficios que los cadáveres N.N. dan a la vida, la ciudad ha logrado un importante desarrollo científico. En materia de transplantes de órganos ésta es líder a nivel mundial y centro de referencia en la materia. Pacientes de varias regiones del país llegan aquí en espera de órganos o componentes anatómicos para que les sean donados y transplantados. Esta acción humanitaria llena de regocijo a quienes han perdido un ser querido por la enorme satisfacción de saber que algún componente anatómico de aquellos aun vive y sirve en otro.

También en la Necrópolis del Aburrá la vida continúa, las salas de parto inundan la ciudad con el alegre llanto de aproximadamente 300 bebes que a diario nacen en esta. La población se reproduce rápidamente, y la fecundidad de los úteros de las mujeres paisas florecen como capullos de orquídeas en primavera, que aquí es eterna

Agradecimientos
Al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Centro Nacional de Referencia sobre la Violencia, Regional Noroccidente por las estadísticas proporcionadas para la elaboración de este documento académico.



 
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