Cadáveres N.N. para la vida y la dignidad
humana
Con la sigla N.N. (del Latín nomen necio, en Español
nombre desconocido) los nazis abandonaban los cadáveres de
judíos en los campos de concentración de Treblinka,
Dachau, Bergen Bessel.
Por
Germán
Antía M.
Colaboración especial
Medellín
El ser humano, producto de complejas y evolucionadas reacciones moleculares
y de un maravilloso desarrollo en el útero materno es un ser
desconocido y misterioso, sólo perceptible a su madre, en aquel
momento, por el movimiento de sus extremidades.
Desde ese entonces somos para la sociedad un N.N., hasta el momento
en que nos registran en los libros notariales, solo a través
de este acto civil somos incorporados a la sociedad e identificados
en esta.
Con la sigla N.N. (del Latín nomen necio, en Español
nombre desconocido) los nazis abandonaban los cadáveres de
judíos en los campos de concentración de Treblinka,
Dachau, Bergen Bessel.
Durante la revolución francesa una celebre mujer llamada
Madame Trusseau, recorría los cementerios del viejo París
identificando las cabezas y los cuerpos decapitados en la guillotina,
reconoció allí las cabezas del rey Luis XV y de la
reina Maria Antonieta. Este caso de reconocimiento marca un hecho
importante en la historia de los N.N.
Mirada local
En Medellín, dicha sigla ha sido de uso corriente desde la
época de la narcoguerra; desde entonces, sus habitantes la
incorporaron en su vocabulario corriente con una insensibilidad
tal que cuando desaparece uno de sus seres queridos consultan en
los centros de identificación y búsqueda de desaparecidos
por un N.N. con determinada característica.
La sigla N.N. designa también personas sin identificación.
Como consecuencia del conflicto armado llegan a los municipios del
Valle de Aburrá personas de todas las edades, muchas de ellas
sin registro civil o identificación civil alguna; esa masa
de personas constituyen la población de N.N. vivos de la
Metrópoli del Valle de Aburrá que no tienen acceso
a servicios estatales de salud, educación, y bienestar social.
La magnitud de este problema llevó a las autoridades a realizar
campañas para el registro e identificación de los
N.N. vivos.
Doce años de guerra y criminalidad nos hacen saber que somos
sobrevivientes de un largo y oscuro conflicto. Medellín y
su Área Metropolitana bien puede ser llamada la necrópolis
del Valle de Aburrá.
La epidemia de criminalidad desatada, volvió cotidiano en
nuestro léxico el termino N.N., para señalar esas
víctimas fatales del crimen que en las cavas de las morgues
de esta ciudad, sin que doliente alguno reclame para darles adecuada
y digna sepultura. Sin embargo en los cuerpos inertes de estas víctimas
avanza la investigación científica y judicial produciendo
conocimiento médico para la vida.
Vivimos y morimos producto del azar genético y de los riesgos
sociales inherentes a una ciudad que en los últimos doce
años suma 52.946 víctimas fatales; cifras que obligan
a reflexionar sobre el nacer y el morir.
En 2001 la morgue judicial de Medellín albergó en
sus neveras 619 cadáveres N. N. de los cuales 79 no fueron
finalmente identificados. La efectividad del 87 por ciento en la
identificación de estas víctimas N. N. se debe a la
silenciosa y humanitaria labor de médicos, odontólogos
y técnicos forenses, que al igual que Madame Trusseau en
la revolución francesa, recorren los campos de guerra identificando
cadáveres sin nombre conocido.
De los 619 cadáveres N.N. registrados en la morgue judicial
551 eran hombres y 68 mujeres, de los cuales 357 y 40 respectivamente
fueron asesinados por proyectiles de arma de fuego.
De tan tenebrosas cifras de mortalidad violenta también
emerge vida para que otros puedan sobrevivirla con calidad. Es sorprendente
saber que de aquellos cadáveres N.N. que nadie reclama ni
llora, brotan corazones, córneas, médulas óseas,
hígados, riñones para que la vida continúe
en otros seres humanos que ansiosos esperan un órgano vital
para continuar su pesada existencia. La ley colombiana establece
que los ciudadanos fallecidos en este país son presuntos
donadores de órganos.
Tras el misterio
Los cadáveres de los hombres y mujeres N. N., después
de ofrendar sus vidas sobre el duro asfalto de la ciudad, facilitan
sus cuerpos a Patólogos y Anatomistas para que estos descifren
en sus órganos los entrañables secretos de la enfermedad
y de la muerte. De acuerdo con la normativa vigente en Colombia,
se pueden entregar cadáveres N.N. para estudios científicos
a instituciones universitarias por autorización del Ministerio
de Salud.
Esos cuerpos y sus órganos sufren la acción preservadora
de la formalina; a diferencia de muchos otros no conocen la putrefacción
ni la acción cremadora del fuego; dichos órganos permanecerán
en laboratorios y recipientes de laboratorio como una variedad especial
de libro, enseñando a los estudiantes de Anatomía
las complejidades del cuerpo humano.
Morir en la necrópolis del Valle del Aburra, significa para
los criminalistas una marca de tiza en el duro asfalto de ciudad;
no es más que el blanco trazo de una silueta humana sobre
el negro asfalto, un conjunto de elementos físicos materia
de prueba judicial numeradas en riguroso orden: manchas de sangre,
proyectiles, un zapato, un arma, etc.
La velocidad con que se suceden los homicidios en la ciudad, en
promedio trece diarios, conllevan a cambios sociales, culturales
y psicológicos, ejemplo de estos son: La rápida asimilación
y evolución del duelo por la desaparición de un ser
querido, el poco tiempo para velación de los cadáveres,
la celeridad con que se quiere llevar el cadáver de la cama
al horno crematorio, la casi carencia absoluta del ritual y la pompa
fúnebre, y la tendencia hacia la desacralización de
los jardines y parques cementerios.
El desarrollo urbanístico se toma los camposantos, algunos
de estos se transformaran en parques de diversiones, el crecimiento
de la ciudad les arrebata terrenos para ampliación de avenidas
o para invasiones urbanas subnormales. Tales acciones restan espacio
a las fosas donde reposan los restos de los N. N. ; La escena de
sepultureros arrastrando carretillas atestadas con cráneos
rumbo al crematorio recuerda la poesía Boda Negra del colombiano
Julio Florez.
Durante los últimos treinta años los funcionarios
médico-legales y judiciales de la ciudad han desarrollado
una cultura por el respeto y dignificación de los cadáveres
sin nombre (N.N.), permitiendo que 90% de estos sean identificados
y entregados a sus familias y allegados mitigando así el
dolor y teniendo la certeza que su ser querido sea inhumado con
dignidad.
Para el reconocimiento de los N.N. se aplican importantes técnicas
de Odontología, Genética y Medicina forense, necrodactiloscopía,
fotografías, videos y descripciones detalladas que garantizan
a sus familiares la certeza de una adecuada identificación.
Los cadáveres N.N. víctimas de la criminalidad son
entregados, mediante permiso legal, en custodia a instituciones
científicas para el avance de investigaciones biomédicas,
generación de conocimiento, desarrollo de nuevas técnicas
quirúrgicas y la enseñanza de la medicina. En estas
instituciones permanecen con la esperanza de ser identificados algún
día no lejano por sus familiares y amigos.
Durante su permanencia en los laboratorios de Anatomía,
los cuerpos N.N. reciben trato digno y adecuado en espera de que
sus familiares y amigos les identifiquen y reclamen. Diariamente
son hidratados con agua y sal y preservados de infecciones de hongos.
Cuando estos cuerpos han prestado su colaboración a la ciencia,
los estudiantes les rinden una discreto pero sentido acto fúnebre
de despedida. La nostalgia brota de entre los rostros juveniles
por el final adiós de un amigo desconocido que desde su silencio
les permitió avanzar en los caminos de la ciencia. Esos cuerpos
de N.N. encontraron en los laboratorios el cobijo que quizá
algunos no tuvieron en sus vidas.
Gracias a los beneficios que los cadáveres N.N. dan a la
vida, la ciudad ha logrado un importante desarrollo científico.
En materia de transplantes de órganos ésta es líder
a nivel mundial y centro de referencia en la materia. Pacientes
de varias regiones del país llegan aquí en espera
de órganos o componentes anatómicos para que les sean
donados y transplantados. Esta acción humanitaria llena de
regocijo a quienes han perdido un ser querido por la enorme satisfacción
de saber que algún componente anatómico de aquellos
aun vive y sirve en otro.
También en la Necrópolis del Aburrá la vida
continúa, las salas de parto inundan la ciudad con el alegre
llanto de aproximadamente 300 bebes que a diario nacen en esta.
La población se reproduce rápidamente, y la fecundidad
de los úteros de las mujeres paisas florecen como capullos
de orquídeas en primavera, que aquí es eterna
Agradecimientos
Al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias
Forenses, Centro Nacional de Referencia sobre la Violencia, Regional
Noroccidente por las estadísticas proporcionadas para la
elaboración de este documento académico.
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