La
relación reveladora entre Vallejo y Schroeder
La virgen detrás de cámaras
Se estrena en Colombia la controvertida película La virgen de los
sicarios. Presentamos una conversación con el productor ejecutivo
de la misma, el realizador Jaime Osorio.

Germán
Jaramillo, en el papel de Fernando Vallejo, y Anderson Ballesteros,
en el de Alexis, protagonistas de la Virgen de los sicarios, en
la controvertida película de Barbet Schoeder. Foto
Cortesía
|
A
más de inspirado realizador (Confesión a Laura es una
de las mejores películas nacionales de la última década),
Jaime Osorio Gómez se desempeña a plenitud como productor
ejecutivo. En esa condición intervino en La virgen de los sicarios,
la obra de Barbet Schroeder, cuyo inminente estreno motivó el
siguiente diálogo.
¿Cómo
se involucra un director internacional como Barbet Schroeder con Fernando
Vallejo y específicamente con la novela La virgen de los sicarios?
Barbet siempre quiso rodar en Colombia, el país de su infancia
al que regularmente visita todos los años. Aquí pasó
gran parte de su niñez, pues su padre era un geólogo que
trabajaba en una multinacional y, entre otros recuerdos, tiene muy presente
el del 9 de abril de 1948 y los días que le sucedieron. Varios
intentos de hacer una película en Colombia habían fracasado.
A mediados de los ochenta con Néstor Almendros, Luis Ospina y
Eduardo Carvajal viajó por el Valle del Cauca buscando locaciones
para un proyecto llamado Machete sobre la violencia y el
narcotráfico en esa región del país, guión
escrito por Pascal Bonitzer y Myron Meicel que fracasó al no
conseguirse financiación.
Muchos libros y guiones pasaron por sus manos, incluso le fue propuesta
en Hollywood hacer una película sobre la vida de Pablo Escobar,
que fracasó porque Barbet planteó que sólo se involucraría
en el proyecto si la obra era rodada en español.
Fernando Vallejo fue una revelación. Después de que Luis
Ospina le mandara un libro, Barbet devoró su obra con la misma
ansiedad que la de Bukowski cuando terminó haciendo Barfly. Fue,
como él dice, amor a primera vista.
¿Cuál
fue la participación de Vallejo en el guión? ¿Hay
modificaciones importantes en relación con la novela?
Después de leer la obra de Vallejo, lo que menos pensó
Barbet fue hacer La virgen de los sicarios muy a pesar de que le había
gustado demasiado, pero pensaba que era muy difícil llevarla
al cine puesto que siendo un monólogo implicaría la utilización
de una voz en off, que no es un lenguaje muy limpio en la adaptación
de obras literarias, y, por otro lado, consideraba para el cine innecesaria
la cantidad de muertos que de alguna forma representaban parábolas
que en el cine hay que darles un tratamiento diferente para lograr su
verosimilitud.
A su encuentro con Vallejo en México, éste le dijo que
había reflexionado sobre la adaptación y que podía
escribir sin problema los diálogos sin tener que utilizar voces
en off, entonces empezaron una negociación para saber qué
muertos iban a dejar y bajo qué condiciones. El resultado fue
el guión que escribió Fernando Vallejo, que no hay que
olvidar es también un avezado director de cine.
El guión es el fiel reflejo de la novela que vista en cine es
como leerla de otra manera. Creo que la transferencia de lenguajes encuentra
aquí el más alto grado de exactitud en razón de
que quien escribe el guión es el mismo escritor de la novela
y además un conocedor del lenguaje cinematográfico.

La
virgen de los sicarios, una película basada en la novela
del mismo nombre, que muestra las relaciones violentas de una sociedad
conflictiva. Foto cortesía |
¿Cómo
se armó la producción de la película?
Barbet y un grupo reducido de personas empezaron desde los primeros
meses del año pasado a realizar acercamientos fotográficos,
buscar locaciones, un casting riguroso y evaluar las condiciones técnicas
que les permitiera valorar la viabilidad y factibilidad del proyecto
en Medellín, ciudad donde se desarrolla la obra original. Así
fueron llegando a conclusiones tales como las de filmar en un formato
de Alta Definición; acondicionar estos equipos en un móvil
que permitiera rapidez en los desplazamientos, por la cantidad de locaciones
y el mal tiempo que hacía por esa época; traer unos micrófonos
especiales que permitieran grabar en las condiciones de ruido de las
calles de Medellín.
Al principio se pensaba trabajar con un equipo muy reducido, precisamente
para tener más movilidad, pero la complejidad del manejo de esta
novedosa tecnología, utilizada por primera vez en el mundo para
hacer un filme con resultado final en película de 35 mm, muy
a pesar de que nuestros técnicos colombianos fueron enviados
al Departamento de H-Definition de la Sony en Los Ángeles a los
cursos correspondientes, terminaron por hacer crecer el equipo fuera
de toda proyección.
¿La
decisión de rodarla en digital a qué obedeció y
cómo fueron los resultados?
Esencialmente, esta decisión se basó en las posibilidades
dramáticas que permite el exceso de profundidad de campo de la
H.D. que, según Barbet, ayuda a llevar al cine esa idea querida
por Vallejo de la realidad enloquecida a fuerza de una hiper-realidad
lograda con estas nuevas posibilidades de captura de imagen. Otros aspectos
que se tomaron en cuenta fueron los que había señalado
antes de la movilidad y las posibilidades de usar varias cámaras
a la vez, haciendo planos diferentes y continuados como si fueran tres
cámaras de cine que toman un momento y un plano diferente.
Corren
muchas leyendas negras acerca de las circunstancias que rodearon el
rodaje de la película. ¿Cómo
fue realmente y qué sucesos especiales lo perturbaron?
En realidad, como en toda película, cada uno de los participantes
del equipo tiene una historia particular que contar. Desde el punto
de vista de la producción las complicaciones empezaron con la
llegada de los equipos, que venían de Chicago vía Miami,
pero el huracán Floyd desvió el vuelo a New York donde
permanecieron cinco días al parecer en bodegas improvisadas.
Llegaron a Bogotá cuatro o cinco cajas vacías que contenían
las cámaras y toda la óptica para iniciar la película;
esto obligó a aplazar el inicio del rodaje por una semana y a
una maratón internacional de reclamaciones y reposición
de equipo, al tiempo de la reorganización de planes de trabajo
y de logística.
Tal vez otras complicaciones mayores las tuvimos en las calles centrales
donde a veces hubo que recurrir a montar un rodaje ficticio que atrajera
la gente mientras paralelamente rodábamos en otra calle o muy
cerca de allí. Ahora, en la producción, la movilización,
la dirección de las locaciones y horarios se manejaban con discreción
por la seguridad con que de un tiempo hacia adelante hubo que trabajar
debido a las amenazas y a los atracos a personas que manejaban dinero.
Muy a pesar de estos lunares, la amabilidad de las gentes de Medellín,
en todos los lugares donde trabajamos, fue desbordada, al igual que
las autoridades, que nos prestaron toda la colaboración requerida.
Es de anotar que casi la mitad del equipo técnico y la gran mayoría
de los actores son paisas y que la única persona extranjera era
Barbet Schroeder.
El
periodista Germán Santamaría desató una polémica
al reclamar prácticamente la prohibición de la película.
¿Cuál es su visión de
esa desafortunada intervención?
El doctor Santamaría está en todo su derecho de pensar
lo que quiera sobre la película, pero a lo que no tiene derecho
en aras de su protagonismo o de los intereses que represente es pretender
erigirse en árbitro, censor y censurador de la sociedad colombiana
para determinar qué se puede ver y qué no. Es un irrespeto
al país que lucha por construir un ámbito de tolerancia
donde nos podamos reconocer en diferencia los unos y los otros, y donde
lo más importante para lograrlo es que nos reconozcamos primero
nosotros mismos. Yo me pregunto si el doctor Santamaría se ruboriza
con las tragedias de Sófocles donde el protagonista mata a su
padre y se acuesta con su madre o si le parecen también horrorosas
las películas donde Chicago o Los Ángeles son destruidas
por la mafia o donde el presidente de los Estados Unidos es reemplazado
por un pelele.
EL COLOMBIANO/ Orlando Mora, colaborador especial
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