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A propósito de La virgen de los sicarios
Vallejo, poeta del racismo


Fernando Vallejo nunca ha sido un escritor que pase desapercibido. Que recuerde, sus libros siempre han desatado polémicas rabiosas y parciales y no conozco a nadie que quede indiferente después de su lectura. Su prosa es ágil, y llena de humor. Sobre todo, sabe hacer la mejor literatura con el lenguaje coloquial, con el lenguaje local, en su caso con el español que se habla en Medellín. Y esto es un don reservado solo a los grandes maestros.


El novelista Fernado Vallejo también es conocido por sus ataques a la idiosincrasia de los antioqueños. Foto Archivo EL COLOMBIANO

Lo que el autor escribe atrapa y obliga a leer hasta el final. Embebe al lector, lo sumerge en un mundo dislocado, de ahí que sus novelas sean muy apetecidas para leer en todo momento y en todo lugar, por ejemplo en cualquier sala de espera, o para ahuyentar el aburrimiento en el avión (si mal no recuerdo, éso dijo don Mario Vargas Llosa: que había leído La virgen de los sicarios mientras atravesaba el Atlántico. Lo dijo en el mismo artículo de El País de Madrid donde dice que le pareció muy bonito Medellín y donde se derrite en alabanzas para la democracia más antigua de América Latina: Colombia ) Es como un pudín literario que uno come sin poder parar.

En todo caso La virgen de los sicarios es una novela corta magistral. Y es por medio de la novela corta con lo que un escritor reafirma su soberanía: La Muerte en Venecia de Thomas Mann, Del amor y otros demonios de García Márquez o Aurelia Steiner de Marguerite Duras --solo para citar tres ejemplos al vuelo-- han sido pequeñas piezas que reafirman la consagración indiscutida de sus autores. Cabe sólo la pregunta de si Fernado Vallejo va a escribir su Montaña mágica o sus Cien años..., porque puede ser que haya empezado por el final. Si no, estamos a la espera, porque el autor de marras tiene madera y gasolina para mucho rato.

Querellante, provocador
Muchos se preguntarán en qué consiste su calidad y su encanto. Tengo para mí que el tal Vallejo es un aquilatado provocador, un querellante con y sin causa, que hace de la exageración y de su gusto por la demolición su causa literaria. Su escritura que es iterativa y rabiosa, sus ráfagas implacables de hereje magnífico y necesario que no dejan piedra sobre piedra, y ese su "no comer de nada" (modismo que tal vez sólo se entienda en Medellín) le dan una calidad extemporánea y le propician la vía franca hacia la gloria.
Las comparaciones que Vallejo ha merecido de la crítica literaria en el extranjero han ido desde Th. Bernhard, hasta Celine, pasando por Burroughs y el Conde Lautremont, sin faltar otras comparaciones con el joven Gottfried Benn y algo con Ernst Jünger.

Aquí, se podría decir, pero no sin cierto riesgo desagradable, que Vallejo es pariente muy cercano de Thomas Bernhard, aunque puede ser que Vallejo no conozca a Bernahrd y estoy absolutamente convencido de que Bernhard jamás tuvo noticia de Vallejo. Los dos son críticos implacables. Los dos cosechan solo vituperios de sus coetáneos, mientras que la crítica extranjera los eleva a los altares de la gloria literaria. Los dos dicen abominar su patria y los dos declaran arrebatadamente que no quieren tener ni dares ni tomares "con esta mierda" (Colombia-Medellín, Austria-Viena) Claro que hasta aquí hemos hablado solo del estilo y de la forma. Porque tratándose del fondo, Fernando Vallejo está a años luz de Thomas Bernhard. Y veamos por qué.


De furias y alpargatas

En Antioquia hubo un poeta de nombre Jorge Robledo Ortiz que todo mundo dió en llamar El Poeta de la raza. Escribía unos poemas donde abundaban las alpargatas, los alfiles, las coronas de espinas, la virginidad que andaba regada por todas partes, hasta en los aljibes, cantos que viajaban de cotiza, en fin, y se lamentaba de que se hubieran muerto los abuelos. Siquiera.

Cuando se murió don Jorge, entonces Antioquia se quedó sin su "Poeta de la Raza" y la gente estaba muy triste. Pero no por mucho tiempo, porque a poco les llegó Fernando Vallejo que es también el poeta de la raza, o mejor dicho, el poeta del racismo, que tanto el uno como el otro lo profesan furiosamente, con la diferencia de que don Jorge era menos directo, más discreto, más eufemista.

E ilustremos con unos cuantos ejemplos extraídos a vuelo de pájaro: Para vallejo la gente de Medellín es "...esa gentusa agresiva, abyecta, esa raza depravada y subhumana,..." pag.65. que le incomoda hasta lo indecible por su pobreza y propone: "Mi fórmula para acabar con ella no es hacerle casa a los que la padecen (la pobreza) y se empeñan en no ser ricos: es cianurarles de una vez por todas y listo." pg.68, es decir, que hay que organizar un genocidio eficaz, porque, según su teoría o su ideología, "No hay plaga mayor sobre el planeta que el campesino colombiano, no hay alimaña más dañina, más mala. Parir y pedir, matar y morir, tal su miserable sino." pag.84

Pero las cosas no quedan aquí. Los ancianos son también un lastre y como "La vejez es indigna, indecente, repulsiva, infame, asquerosa y los viejos no tienen más derecho que el de la muerte." pag. 88, se justifica muy fácil su exterminio.

En fín. El problema es que para Vallejo la gente de Medellín tuvo la mala suerte de ser "De mala sangre, de mala raza, de mala índole, de mala ley, (que) no hay mezcla más mala que la del español con el indio y el negro: producen saltapatrases o sea changos, simios, monos, ..." pag.90 lo que sugiere categóricamente un plan de higiene racial a como dé lugar y cueste lo que cueste, porque "...sale una gentusa tramposa, ventajosa, perezosa, envidiosa, mentirosa, asquerosa, traicionera y ladrona, asesina y pirómana." idem.

Además dice muy claro que: "¿Yo explotar a los pobres? ¡Con dinamita! Mi fórmula para acabar con la lucha de clases es fumigar esta roña" pag. 96. para lo que resulta necesario un par de campos de concentración y se duele de paso de que el estado no cumpla sus obligaciones de aniquilar cualquier brote de inteligencia. Porque "El estado está para reprimir y dar bala. Lo demás son demagogias, democracias. No más libertad de hablar, de pensar, de obrar, ..." pag. 100.

Devocionarios nazis
Como se ve Vallejo ha logrado condensar en las 120 páginas de La virgen de los sicarios una cómoda cartilla, un ideario racista que no tiene nada que envidiarles a los devocionarios nazis. No es difícil que ya estén echando mano de la cartilla nuestros ridículos neonazis criollos, tal vez un ejército de muchachos pretendidamente bellos como Alexis o La Laguna azul. Tales ideas están ahí y la estupidez necesaria no nos falta en Medellín.

De ahí que comparar a Vallejo con Thomas Bernhard es por lo menos torpe, pues casi la totalidad de su obra está consagrada al antifascismo, que es lo que les arde a los austriacos (recuérdese que uno de cada cuatro austriacos votó por Haider). Además a Thomas Bernhard jamás se le ocurrió argumentar que "Por razones genéticas el pobre no tiene derecho a reproducirse" pag. 104.

Para comprender ésto les propongo la lectura de su novela "Disolución" --Auslöschung--
De todos modos, la polémica en torno a La virgen de los sicarios está lejos de ver su fin. Pese a mi crítica, considero que es una gran obra, que a su vez brinda ocasión de debatir sobre algo tan deplorable como el racismo. Ustedes tienen la palabra.


EL COLOMBIANO/ Mario Correa Tascón, invitado especial.



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