Antioquia

La historia de Julio, el forense antioqueño que le hace necropsias a cóndores y elefantes

Ha dado dictámenes para esclarecer muertes de perros, gatos, cóndores y hasta de elefantes. Es el primer profesional de la rama forense en el país y la región andina.

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Comunicador social de la Universidad Católica Luis Amigó. Trabajé como periodista en Qhubo y El Mundo. Apasionado por los deportes, las estadísticas, los temas judiciales y de movilidad. Un curioso por buscar los detalles de la noticia.

14 de marzo de 2026

Una cachorra de dos meses de nacida, llamada Mía, fue lanzada de un balcón desde un séptimo piso en el barrio El Pesebre, de Medellín. La persona que está a cargo de establecer si su deceso se produjo por la caída o si ya estaba muerta cuando la lanzaron es el veterinario Julio César Aguirre, el único en la Región Andina que le hace toda la inspección forense a los animales para conocer el cómo y el porqué murieron, tal como lo hacen los forenses con los seres humanos.

Además de lo ocurrido con Mía, por sus manos han pasado otros casos de maltrato animal como el de Zeus, un perro asesinado a machetazos en el barrio Las Margaritas, de Medellín, en 2023, o el de Bizcocho, otro canino al que golpearon vilmente en el departamento de Bolívar, pero que atendieron en la capital antioqueña el año pasado.

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En los dictámenes realizados se encontró con comportamientos escabrosos de los dueños del animal en contra de estos animales y sus estudios terminaron siendo clave para sancionar a los responsables. “Con el caso de Zeus se realizaron todos los análisis respectivos y pudimos establecer que fue víctima de varios machetazos en la cabeza y que había sido maltratado en otras ocasiones, pero la más grave ocurrió porque le había ladrado a un familiar”, explicó este veterinario forense.

Pero no solo ha atendido casos de mascotas, también ha recibido cóndores de Los Andes, elefantes, tigres, simios y hasta peces que han muerto o fueron víctimas de casos de violencia, pero que aún permanecen con vida.

Así fueron sus inicios

Este paisa, con padres manizalitas, desde niño mostró su amor por los animales, pero en sus comienzos profesionales decidió dedicarse a las labores forenses. Todo porque se impactó con los casos de maltrato con los que se topó cuando trabajó en el Centro de Bienestar Animal La Perla.

“Empiezan a llegar todos los días perros y gatos con muchos signos de violencia y yo los atiendo como veterinario, pero me cuestiono que falta algo, una atención como víctimas. Fue ahí cuando empecé a revisar eso y en el 2015 viajé a Estados Unidos para hablar con las autoridades en ciencias forenses veterinarias”, explicó Aguirre, quien actualmente es el decano de veterinaria de la Uniremington.

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A partir de esa experiencia se comenzó a formar como veterinario forense, de manera empírica, puesto que no había en Colombia ninguna especialización o maestría en este tema para los veterinarios. Incluso primero fundó la Asociación Colombiana de Medicina Veterinaria Legal y Ciencias Forenses (Asomevef), una entidad que no está vinculada al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

La fundación de esta asociación le permitió poder hacer una maestría en ciencias forenses en el Tecnológico de Antioquia, pero en la forma que se aplica para los seres humanos. Aprovechó esta formación para aplicarla a todas las especies animales.

“En el 2018, el Tecnológico de Antioquia me dio el aval para ser el primer veterinario que ingresa a su maestría en ciencias forenses humanas, después de tres intentos, y lo que aprendí lo extrapolé a los animales”, relató.

El caso de Pepe, un bulldog

Volviendo a las épocas de La Perla, si bien ya había atendido a varios perros y gatos, el caso que empezó a darle los conocimientos forenses fue Pepe, un bulldog inglés, de unos cinco años, que tenía múltiples signos de maltrato e iba a ser enviado al procedimiento de eutanasia.

Sin embargo, su insistencia como veterinario y su sentimiento hizo que luchara por salvarlo hasta el final, estableciendo el origen de su condición y cómo poder hacer una recuperación sostenida.

“Cuando llegó a La Perla, estaba en ‘los rines’, como decimos popularmente. Pero además de llegar muy flaco, era muy agresivo y cuando llegan a un centro de atención para animales vulnerables, uno piensa en la eutanasia. Además, estaba muy lesionado, con heridas de machete en la espalda y el mentón”, comentó el veterinario sobre este caso, ocurrido en 2015.

Ante este panorama, Julio empezó a analizarlo y al ver que durante sus primeros cinco años había vivido en un entorno violento que lo había enviado a la calle, decidió iniciar un proceso de resocialización, todo después de varios estudios profesionales y tratamientos que no habían surtido efecto. “Después de un comité, decidí llevármelo para mi casa. Yo vivía con mis papás y ellos se asustan porque es un perro muy bravo, tanto que el primer día nos mordió a mi hermano y a mí. Yo les pedí paciencia y todo cambió”, explicó.

En cuestión de seis meses, ese perro agresivo se volvió el animal más tierno de la casa; los acompañó cinco años más, hasta que los problemas respiratorios de esa raza hizo que falleciera. “Murió en los brazos de mi mamá”, comentó.

Inspección a un gato

En su trayectoria, tras su participación para que se firmara la ley 774 de 2016, le tocó realizar una inspección judicial a un gato que habían lanzado desde el segundo piso de una casa en el barrio La Maruchenga, en Bello.

El procedimiento generó curiosidad, puesto que realizaron todo un acordonamiento judicial, tal como el que se realiza cuando asesinan a una persona.

“Eso al inicio generó expectativa porque pensaron que era un homicidio, pero luego cuando vieron que era un gato pequeño, se comenzaron a reír y hasta cuestionaron que por qué estábamos haciendo tanto show”, contó.

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Pero este procedimiento judicial, con todos los protocolos reglamentarios de la nueva ley, le permitieron a este veterinario forense encontrar muchas evidencias y esclarecer la muerte del felino, la cual se había originado por una venganza de la expareja de la dueña de este gato.

“Se le realizaron todas las labores forenses y allí se pudo establecer que el gato había sido estrangulado antes de ser lanzado. En medio de todas las labores se pudo establecer que fue un hombre y que todo ocurrió porque la mujer que estaba a cargo del gato no quería regresar con él”, explicó.

Durante su trayectoria le tocó hacerle una labor forense a unos cóndores que le trajeron de Ecuador y en ellos descubrió una especie de piojo que solo le da a estas especies, todo en medio de la investigación para establecer la causa de la muerte de estas aves.

También cuenta historias de los elefantes de la Hacienda Nápoles, de animales domésticos y toda clase de especies a las que les ha podido hacer procesos forenses, en su mayoría, en la morgue que creó de la mano de la Uniremington en Santa Elena.

“Antes hacíamos los procedimientos forenses en veterinarias de amigos, pero un día hablé con el rector de la universidad para que me diera el apoyo para crear el laboratorio y me dijo que sí. Empezamos de manera muy precaria y ahora contamos con un buen espacio para estas labores”, comentó.

Aseguró que inició con bisturí, cuchillos y elementos que adquirió en Homecenter, los cuales adecuó con todos los protocolos quirúrgicos.

Actualmente cuenta con un equipo de 18 personas entre abogados, criminalistas, veterinarios y docentes especializados que se encargan de hacer los protocolos que le permiten a Julio tener todos los argumentos para determinar el cómo y por qué muere un animal.

Su labor es única, al menos, en la región Andina, por la forma tan minuciosa que la realiza y por los riesgos inherentes que tiene esta labor, incluyendo las amenazas, puesto que algunos de sus dictámenes han generado afectaciones a grupos criminales, y con ello, las amenazas respectivas.

Para Julio, más allá de las situaciones de seguridad, su deseo porque se les haga justicia a los animales y que se conozca de fondo qué les pasa, es lo que lo apasiona y por lo que busca formarse cada día.

Los casos más comunes de maltrato animal

De acuerdo con las investigaciones profesionales que ha realizado el veterinario forense Julio César Aguirre, el 60% de los casos que ha atendido de maltrato animal están relacionados con una mala tenencia por parte de sus propietarios.

“En las cifras que encontramos, porque ninguna institución las recopilaba, nos encontramos que el 80% casos de maltrato animal eran por negligencia y la omisión. Pero nos dimos cuenta, además, que el 60% del total de los casos tienen que ver con problemas de mala tenencia”, explicó el experto.

Entre los casos más comunes tiene que ver con mala alimentación o el suministro adecuado de medicamentos. También encontró casos en los que ignoraban señales que pedían atención médica y los animales resultaban afectados.

“Tuvimos casos de perros afectados porque no los sacaban a pasear, porque no jugaban con ellos y eso también los afecta. Por eso comenzamos a hacer un trabajo de concientización en las personas”, concluyó.

Bloque de preguntas y respuestas

¿Qué es la medicina veterinaria forense?
Es una disciplina que aplica métodos de ciencias forenses para investigar la muerte o el maltrato de animales.
¿Para qué sirven las necropsias en animales?
posibles responsables del maltrato.
¿El maltrato animal es delito en Colombia?
Sí. En Colombia el maltrato animal está penalizado y puede implicar penas de cárcel y multas económicas.