A 21 días del desborde del Sinú: el éxodo silencioso de cientos de familias, ¿qué viene ahora?
La crisis continúa en Córdoba. El agua todavía mantiene inundadas centenares de hectáreas. ¿Qué dicen desde la hidroeléctrica?
Comunicadora social y periodista de la Universidad del Quindío, con más de 13 años de experiencia en cubrimientos judiciales y de orden público. Trabajó en Colmundo Radio, Colprensa y Caracol Radio Bogotá, cubriendo la Procuraduría, Altas Cortes, juzgados y la Defensoría, entre otros temas. También trabajó en Caracol Radio Medellín y como coordinadora de comunicaciones en la Alcaldía de Medellín (2021-2023). Actualmente hace parte del equipo de periodistas en la sección de actualidad de El Colombiano.
La primera vez que los ingenieros de la hidroeléctrica Urrá enfrentaron una emergencia por rebosamiento fue hace 10 años. La central llevaba apenas 16 años de operación cuando una lluvia intensa los obligó a abrir compuertas. Hubo inundaciones. Fue grave. Pero no tanto. No como ahora.
Lo dicen los afectados sin necesidad de cifras: “Esta es la más grave porque no ha parado de llover”. Y es lo que es.
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Anoche volvió a llover en Montería. Fue corto, pero bastó. Las calles amanecieron rebosando de agua y el embalse sumó otros centímetros. Centímetros que pesan como una amenaza. Por eso, en la central de Urrá los ingenieros están en una suerte de acuartelamiento permanente: generación de energía con dos máquinas, cálculos milimétricos para estabilizar el nivel del embalse, monitoreo constante de aportes que no ceden.
Entre el sábado 7 y el domingo 8 de febrero, la lluvia cayó con una intensidad que desbordó cualquier promedio histórico. El agua que llegó al embalse obligó a abrir compuertas para evacuar. El río Sinú recibió descargas que superaron los 700 metros cúbicos por segundo, su máximo habitual para esta época. El resultado fue el rebosamiento y la inundación de los municipios aguas abajo, especialmente los ubicados en el margen izquierdo del río.
“Fueron los días más caóticos que he vivido en mi vida. Hace años pasó algo igual, pero no así; esa vez no nos sacaron de la casa, se entró el agua y ahí estuvimos, nadie nos hizo evacuar, pero ahora vea, mi casa sigue con agua y allá nadie puede vivir, nos enfermamos”, cuenta Lorena mientras arrulla en sus brazos a un niño con discapacidad. Están en un albergue improvisado; no es de los que Urrá asegura que instaló. “Este albergue lo gestionó el líder comunal; acá de la hidroeléctrica solo vinieron para decir que no podíamos ir todavía a la casa, y se fueron, no trajeron ni agua, que es lo que ahora les sobra”, se ríe.
En Montería, donde se concentra la mayoría de los afectados, no fue solo el Sinú. También se desbordaron los ríos Canalete y San Juan. No por decisión de la hidroeléctrica, sino por la misma lluvia. Al margen de la discusión, que ya empezó, sobre qué provocó exactamente la inundación y por qué no hubo un pronóstico que anticipara una creciente de esta magnitud, está la calamidad pública.
Más de 200 mil personas afectadas. Enfermedades que comienzan a multiplicarse. Mosquitos en el agua que se pudren. En Tierralta, el municipio vecino a la hidroeléctrica, el paisaje cambió de un día para otro. A la orilla de la vía se levantan cambuches hechos con plásticos negros, tablas sueltas, pedazos de zinc.
Las familias los llaman albergues. Son refugios improvisados mientras las casas siguen llenas de agua o convertidas en barro. En el colegio de la vereda Los Pollos, en la vía hacia Tierralta, se amontonan 165 familias. Allí está Nilson Manuel Solano.
“Fue por una avalancha que se desbordó de la represa de Urrá. Arrastró todos los cultivos. Todo. Tuvimos que salir”. Nilson habla sin levantar la voz. Dice “avalancha” para explicar lo que vio, el agua bajando con fuerza, llevándose papaya, plátano, yuca. “Acabó con todo”, repite.
Su casa se inundó hasta la cintura. El agua ya bajó, pero dejó un barrial espeso. Piso de tierra. En los cuartos el barro llega al tobillo. Dormir, dice, da miedo por las culebras, y la humedad que no se va.
—¿La hidroeléctrica les ha dicho algo? —le pregunto. — “Nada. No han ido a reparar daños de cosecha. No nos han dicho nada de reubicación. Nada”.
Nilson vive en la vereda Nuevo Tai, cerca del río. Pide ayuda para reparar su vivienda o un subsidio que le permita empezar de nuevo. No habla de indemnizaciones millonarias. Habla de tablas, de piso firme.
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En el albergue los están ayudando organizaciones externas. El cuerpo de bomberos de Tarazá se unió con el de Tierralta y llevaron varias toneladas de alimentos y ropa. Pero no hay brigadas de fumigación. El paludismo empieza a aparecer. La gripa se riega rápido entre colchones improvisados y el zumbido de los mosquitos no se calla. “Aquí estamos hasta que nos digan qué va a pasar con las viviendas”, dice Nilson.
Su esposa tenía 25 gallinas. Le quedaron 19. Él va, a veces, hasta lo que fue su casa para echarles maíz a las que sobrevivieron. Es una forma de no soltar del todo la vida que tenían.
Mientras tanto, en la sala de control de Urrá, la explicación es técnica. El embalse tiene una capacidad de almacenamiento diseñada para amortiguar crecientes. Febrero, históricamente, es un mes seco. Los aportes promedio al embalse en este mes rondan los 121 metros cúbicos por segundo. Este año no.
Desde el primero de febrero la creciente comenzó a incrementarse de manera sostenida. Los aportes superaron cualquier expectativa. Llegaron a estar por encima de los 2.000 metros cúbicos por segundo. Dieciséis veces más que el promedio histórico para esta época.
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El agua superó la capacidad de amortiguación. Cuando el embalse alcanza su nivel máximo, comienza a salir por el rebosadero. La descarga máxima regulada hacia el río Sinú es de 700 metros cúbicos por segundo. En esta emergencia, los aportes superaron ampliamente esa cifra.
No es solo Urrá, insisten los técnicos. También se desbordaron el Canalete y el San Juan. La cuenca entera recibió una cantidad de lluvia atípica. Ahora trabajan para bajar el nivel del embalse y recuperar capacidad de almacenamiento. Cada centímetro que logren reducir es margen de maniobra si vuelve a llover arriba, en la montaña, donde nace el agua que termina aquí, en los barrios de Montería y en las veredas de Tierralta. La discusión pública seguirá. Si se abrió tarde, si se abrió demasiado, si el sistema de alertas falló, si la planificación fue suficiente. Pero en el colegio de Los Pollos la pregunta es otra, ¿qué viene ahora?
Nilson no sabe si habitará de nuevo su casa. Dice que si le ayudan a repararla, tal vez. Sí, no, no.
Bloque de preguntas y respuestas
- ¿Cuántas personas están afectadas por las inundaciones en Córdoba?
- Más de 200.000 personas, según balances preliminares, especialmente en Montería y Tierralta.
- ¿Por qué Urrá abrió compuertas?
- Porque el embalse superó su nivel máximo tras recibir aportes 16 veces mayores al promedio histórico de febrero.
- ¿Qué enfermedades están apareciendo?
- Paludismo, infecciones respiratorias y enfermedades asociadas al agua estancada y proliferación de mosquitos.