Colombia

Así está la puja por las mayorías en el nuevo Congreso del gobierno De la Espriella

Los partidos deciden si serán de gobierno, independientes u oposición. Alfredo Deluque (La U) presidirá el Senado y todo indica que Daniel Briceño (Centro Democrático), la Cámara.

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Periodista de la Universidad del Rosario con mención en Sociología y estudiante de Maestría en Comunicación y Marketing Político. Ha trabajado en medios como Infobae y El Tiempo en secciones de Actualidad, Bogotá y Política. Más rola que el ajiaco. Le gusta el café, viajar y bordar.

27 de junio de 2026

El presidente de “los nunca” tendrá que negociar en el Congreso con “los de siempre”. Aunque durante la campaña Abelardo de la Espriella insistió en que se mantendría lejos de los partidos tradicionales, el mapa político ya comienza a mostrar otra realidad: los necesita para que sus promesas se vuelvan hechos y ellos lo saben.

Las colectividades empiezan a acomodarse para integrar la coalición que lo respaldará en el Legislativo. El movimiento comenzó incluso antes de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) le entregara las credenciales al nuevo mandatario. Casi al tiempo, el Centro Democrático y Cambio Radical anunciaron que serán partidos de gobierno.

Se sumó Creemos, el movimiento del alcalde Federico Gutiérrez, mientras que en el caso de Salvación Nacional el respaldo se da por descontado ya que fue la colectividad que para llegar al Congreso se presentó como “la lista del Tigre”.

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Mientras tanto, las conversaciones con el Mira continúan. Los tres senadores aún no ha oficializado su postura, aunque fuentes en el Capitolio reconocen que existen acercamientos.

También se espera que algunos de los partidos que respaldaron a De la Espriella en la segunda vuelta presidencial terminen ingresando formalmente a la coalición.

Entre ellos, el Partido Conservador y La U. Este último todavía no ha hecho pública su decisión, pero tres fuentes de esa colectividad reconocieron a EL COLOMBIANO que la discusión está prácticamente terminada y apunta hacia una declaratoria de gobierno.

Del otro lado del tablero, tampoco está completamente definido el panorama hasta este momento. El Pacto Histórico, la fuerza política más numerosa del nuevo Congreso, será oposición y tendrá además a su favor la curules de Iván Cepeda en Senado y de Aida Quilcué en Cámara, que les otorga el Estatuto de la Oposición.

Sin embargo, los reflectores también están puestos en la Alianza Verde, que durante la campaña fue de la mano con el Pacto. Aunque podría pensarse que su decisión está tomada, internamente la discusión sigue abierta.

Este diario consultó a tres congresistas de distintos grupos de “los verdes”, quienes coincidieron en que una parte importante de la bancada quiere declararse en oposición, mientras otro grupo insiste en mantenerse independiente para conservar margen de maniobra frente al nuevo Ejecutivo. Puede haber sorpresa.

Algo parecido ocurre en el Partido Liberal. Varios congresistas consideran que la decisión dependerá de la conformación definitiva del gabinete y de los espacios políticos que el nuevo gobierno les esté dispuesto a conceder. En otras palabras, si reciben la famosa ‘mermelada’ que da cada gobierno de turno.

En todo caso, la disciplina partidaria no es muy fuerte en algunas colectividades y este Congreso se caracterizará por tener líderes independientes. Por ejemplo, Antonio Correa (La U) será de oposición, en contravía de la decisión de su partido. Podría ser sancionado, como otros, por la colectividad.

Mesas directivas de Senado y Cámara

La negociación de las bancadas también dependerá del reparto de las mesas directivas. Uno de los representantes enterados de las conversaciones explicó a este periódico que la idea que hoy toma fuerza consiste en repartir la Presidencia de la Cámara durante los cuatro años entre Cambio Radical, Centro Democrático, Partido Liberal y Partido Conservador.

Sin embargo, ese acuerdo todavía depende de que los liberales finalmente decidan entrar a la coalición.

Para el primer año la disputa parece concentrarse entre Cambio Radical y Centro Democrático. Pero en diferentes partidos coinciden en que el nombre que más está sonando es el del exconcejal de Bogotá Daniel Briceño, bajo el argumento de que fue el candidato más votado del país.

Aunque desde Cambio Radical dicen que el primer año exige un perfil con experiencia en el manejo Legislativo, y el exconcejal es debutante.

En el Senado se ve más despejado. Como reveló EL COLOMBIANO, quien más fuerza ha tomado sigue siendo Alfredo Deluque, del Partido de la U. Su cercanía con Carlos Suárez, estratega y uno de los hombres de mayor confianza de De la Espriella, además de su experiencia legislativa, hacen que varios sectores lo consideren la opción más viable.

También se ha hablado de Enrique Gómez, quien acompañó muy de cerca la campaña presidencial. Sin embargo, dentro del Congreso reconocen que con una bancada tan pequeña como la de Salvación Nacional es casi imposible que sea presidente del Senado en la primera legislatura.

Las cuentas del nuevo Congreso

De estas definiciones dependerá buena parte de la agenda legislativa del nuevo gobierno.

Las cuentas muestran que, en la Cámara, el Gobierno partiría de 76 curules, lejos de las 92 que se requieren para conformar el quórum decisorio.

Ese bloque estaría integrado por Salvación Nacional (1), Cambio Radical (10), Partido de la U (11), Centro Democrático (31), Creemos (2), Partido Conservador (20) y la curul de los colombianos en el exterior (1).

La oposición sumaría aproximadamente 43 representantes, encabezados por el Pacto Histórico, la curul del Estatuto de la Oposición, la representación indígena y las circunscripciones afro.

Con lo que alrededor de 64 quedarían como independientes o aún no se deciden. Y la bancada decisiva que cambiaría el panorama sería precisamente la de los liberales, que sumarían 26, aunque cada uno podría ir por su cuenta.

En Senado, la coalición de gobierno empezaría con cerca de 50 de las 103 curules, apenas dos menos de las 52 necesarias para conformar el quórum. Aunque tampoco tendría aseguradas las votaciones, partiría con una ventaja mucho mayor para negociar los apoyos que le hagan falta.

Ese bloque estaría conformado por Salvación Nacional (4) —que aún podría sumar un senador más según el escrutinio—, Cambio Radical (7), La U (9), CD (17), Mira (3) y conservadores (10).

La oposición reuniría alrededor de 29 senadores, mientras otros 24 quedarían en la independencia: la Alianza Verde, el Partido Liberal y el Nuevo Liberalismo. Todo esto como una cuenta preliminar a la espera de lo que termine de definirse.

Es decir, se le va despejando el camino. Pero para Juliana Ocampo, socia de la firma Orza, especializada en asuntos públicos, aunque el Ejecutivo parte con una base importante de apoyos, todavía necesitará negociar con varios sectores y le costará la estabilidad de esos acuerdos.

Algunos consideran que contrario a lo ocurrido durante buena parte del gobierno Petro, el principal desafío podría estar en la Cámara de Representantes y no en el Senado.

“Si va a haber una corporación difícil para manejar va a ser la Cámara de Representantes. Allá el grupo de oposición está muy fuerte, solo el Pacto tiene 40”, aseguró a EL COLOMBIANO una de las personas que participa de las conversaciones para estructurar la coalición de gobierno.

Eso mismo considera Ocampo. Para la experta, las decisiones en la Cámara en buena medida dependerán más de liderazgos individuales.

“La fragmentación obliga a una negociación “uno a uno”, como ha venido pasando en el gobierno de Petro, marcada por intereses regionales y demandas puntuales, más que por acuerdos programáticos entre colectividades. Esto incrementa el costo político de cada iniciativa”, explica.

Sin embargo, las cuentas todavía están lejos de cerrarse. El nuevo Congreso se posesionará el 20 de julio, para entonces Gustavo Petro sigue siendo presidente de la República.

Solo después del cambio de mando, previsto para el 7 de agosto, comenzará a correr el plazo que establece el Estatuto de la Oposición para que cada partido defina oficialmente si será de gobierno, independiente o de oposición.

Las colectividades tendrán un mes para tomar esa decisión y, además, la norma les permite modificar esa postura una vez durante el cuatrienio. Eso significa que la fotografía política que hoy se ve en el Capitolio va a cambiar.

Gobernar negociando

Juliana Ocampo agrega que el nuevo gobierno tiene posibilidades reales de construir mayorías, pero deberá hacerlo a través de una negociación permanente.

“Ninguna reforma de fondo pasará sin negociación previa. La dificultad no está solo en los números, sino en que ese déficit de mayoría coincide con un país dividido casi en dos en las urnas: el margen de error político es mínimo”, explica.

A su juicio, la gobernabilidad dependerá menos del tamaño de la coalición inicial y mucho más de la capacidad del Ejecutivo para leer los intereses de cada bancada.

De lo contrario, el Gobierno corre el riesgo de gobernar “mes a mes”, sin una red de respaldo permanente que le permita impulsar las reformas más sensibles.

Esa realidad obligará al Ejecutivo a moderar el ritmo de algunas de sus principales propuestas, especialmente aquellas que implican transformaciones profundas, como reducir en 40% el tamaño del Estado o eliminar la JEP.

Para otros, en cambio, De la Espriella empezó “con pie derecho”. El analista político Jairo Libreros considera que “cuenta con bases suficientes para sacar adelante buena parte de su agenda durante la primera legislatura”, aunque advierte que ese escenario dependerá de la capacidad del Ministerio del Interior para consolidar los apoyos.

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No es casualidad, entonces, que para esa cartera se haya designado a Rodrigo Lara. Su trayectoria en Senado, en Cámara y en la dirección de Cambio Radical es interpretada en el Capitolio como una señal de que el nuevo presidente entendió que la gobernabilidad se construirá menos con el discurso y mucho más con la política tradicional.

Y a la aparentemente ambiciosa lista de reformas que tendría De la Espriella, aunque aún no se conocen muchos detalles, se suman las agendas de los congresistas; muchos de ellos estrenándose.