Cultura

“La literatura contiene todas las artes”: Tomás González

En el silencio de su casa, Tomás González escribe novelas que le han granjeado fama internacional. El ganador del Premio Manuel Rojas 2025 revela en exclusiva para EL COLOMBIANO por qué prefiere el silencio a la fama y cómo el zen influye en sus novelas más icónicas.

Loading...

Periodista, Magíster en Estudios Literarios.

hace 2 horas

Publicada en 1983, la novela Primero estaba el mar, de Tomás González, cuenta la historia de una pareja que decide abandonar la ciudad para encontrarse a sí misma en la selva. Escrita y publicada en el momento de mayor esplendor internacional de Gabriel García Márquez, la ficción transcurre en un universo ajeno al de Macondo. Esto, que hoy resulta una obviedad, fue una empresa en la que fracasaron varios escritores colombianos. Por ese motivo, la novela se ha convertido en uno de los emblemas de la narrativa posterior a Cien años de soledad y en una contraseña que identificaba a los lectores curiosos. Me explico: a principios de milenio, uno identificaba al lector con varios libros encima porque ya había transitado por las páginas de Primero estaba el mar. El libro y su autor eran uno de los secretos mejor guardados de nuestras letras.

Siga leyendo: Jon Fosse publica Vaim, una novela sobre los triángulos amorosos y las relaciones del pasado

Tomás González y el Premio Manuel Rojas: un autor descubierto por el gran público

Las cosas no se quedaron así: en 2011, González se convirtió en un escritor conocido por el gran público gracias a la publicación de La luz difícil. Justo en ese instante la prensa nacional descubrió a un autor que a lo largo de los años había publicado novelas sobre una familia antioqueña, escritas con un lirismo contenido y una visión zen del universo. Desde entonces, el reconocimiento mediático ha acompañado a González, que en 2025 ganó el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas.

Motivada por la distinción, Alfaguara puso de nuevo en circulación Primero estaba el mar, Temporal y La luz difícil. EL COLOMBIANO entrevistó por escrito a González.

Señor González, ¿por qué se siente más cómodo atendiendo a la prensa por escrito?

“Por el oficio. Escribiendo comunico, organizo y expongo mejor mis ideas. Además, cuido mucho mi rutina, pues las pausas quitan el ritmo de escritura y siempre me resulta difícil recuperarlo”.

En sus pocas presentaciones en público, usted se percibe silencioso. ¿Cómo fue su época en el Goce Pagano? ¿Tenía que interactuar más con gente desconocida?

“Me interesa lo que las personas dicen de ellas mismas, sus ideas, sus preferencias, y me interesa la forma como lo dicen: la elección de palabras, los acentos regionales, los gestos, etc. Y como el tema preferido de la persona con tragos –y también el de la persona sin tragos– es ella misma, entonces la interacción se hacía fácil. Los clientes hablaban de ellos mismos y yo les servía los aguardientes y los oía. Cuando empezaban a repetirse me tomaba algunos tragos y todo volvía a ponerse interesante”.

Le puede interesar: Agéndese con las charlas imperdibles del Hay Festival de Medellín y Jericó

Usted es un autor ajeno a las redes y a los eventos sociales. ¿Por qué? ¿Esas cosas le quitan el tiempo de la escritura? ¿Desfiguran el trabajo frente a la página en blanco?

“Es sobre todo por el tiempo. El arte es largo y la vida, breve. Y también por el peligro de que la promoción se vuelva un fin en sí mismo. Te hace perder el tiempo y además es cierto aquello que mencionas de la desfiguración: cuando lo más importante es promoverse y vender, hay la tendencia a escribir lo que el lector espera o lo que uno piensa que el lector espera, y se pierde así la independencia y la disposición de riesgo. Por eso me gustan Joyce, Faulkner, Rulfo, que escribieron lo que quisieron escribir, sin concesiones”.

Al leer sus libros, uno percibe una influencia fuerte del zen. ¿Cómo llegó el zen a su vida y qué papel tiene en su cotidianidad?

“Durante una época me dediqué bastante al zen. Llegué por azar. Cayó en mis manos una antología de poesía taoísta, y algunos de sus poetas seguían el camino del zen. Me pareció una manera sensata de estar en el mundo. En mi caso, me ayudó a ver que cada instante contiene la totalidad del tiempo, que cada cosa contiene la totalidad del universo, que el centro está en todas partes, como decía un filósofo, y la circunferencia en ninguna. Y trato de aplicar todo eso a mi escritura. Este filósofo que menciono no era del zen, pero tenía también los pies muy bien plantados sobre la Tierra”.

Alfaguara reeditó tres novelas suyas, entre ellas Primero estaba el mar. ¿Relee esa novela en ocasiones como esta? ¿Hace cuánto la leyó por última vez?

“Mi editora me aconsejó algunos cambios menores para la última edición, pero no leí toda la novela, sólo las páginas donde irían los cambios. Hace muchos años, diez o veinte, que no la leo completa”.

En buena medida, ese libro ha cultivado un grupo de lectores agradecidos. ¿Sus visiones del mundo y de la escritura han cambiado respecto al momento en que escribió la novela?

“Pienso que no. Creo que en ella está contenido todo lo que vendría después”.

A partir de Primero estaba el mar, usted publicó varias novelas con hechos tomados de su familia. ¿Por qué lo hizo? ¿No le parece que la literatura colombiana está muy centrada en la familia: los Buendía, los Vallejo, entre otras?

“Es por la importancia que para los seres humanos tiene la familia. Pienso que es imposible escribir sin tenerla en cuenta. Incluso cuando se trata de seres humanos solos, Robinson Crusoe, por ejemplo, su soledad consiste precisamente en el alejamiento de sus seres queridos. Somos un primate que vive en familia, como los chimpancés”.

Además: Paisa publica novela sobre la violencia en los colegios

La publicación de La luz difícil le dio notoriedad a su carrera. Al menos la gran prensa nacional se ocupó de sus trabajos. ¿Algo cambió con esa novela?

“Creo que no. Seguí escribiendo como lo había hecho siempre y como lo sigo haciendo. La notoriedad no me interesa demasiado, aunque si aparece la agradezco, pues podría ser señal de que hice un buen trabajo”.

La novela trata sobre la vida de un pintor y de su familia. A propósito, ¿qué otras artes le interesan? ¿La música, la pintura, el cine?

“La literatura las contiene todas. En la transición de las imágenes literarias hay mucho de pintura y de cine, y en el flujo de sonidos, mucho de música, por el ritmo y la textura”.