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Personas que se transportan en patineta y bicis eléctricas aumentaron un 204% en 2026

En ocho años Colombia superó las 30.000 ventas de patinetas. Sabaneta (107%) y la Estrella (41%) lideran comercialización de motos eléctricas. Le contamos las marcas que dominan la micromovilidad.

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Aprendiz de deportes. Apasionado por el periodismo deportivo, amante del café colombiano.

27 de junio de 2026

En las horas pico, cuando la congestión paraliza corredores como la avenida Regional, la Autopista Sur, la avenida 65 o incluso las vías alternas del Valle de Aburrá, cada vez es más común ver a personas que dejan atrás las filas de vehículos o los tumultos del Metro para desplazarse sobre una patineta, una bicicleta asistida o una motocicleta eléctrica. Aprovechan los más de 120 kilómetros de cicloinfraestructura que conectan buena parte del área metropolitana y que, poco a poco, están convirtiendo la micromovilidad eléctrica en una alternativa cotidiana para miles de ciudadanos.

Las cifras empiezan a reflejar ese cambio, porque las ventas de patinetas y bicicletas eléctricas crecieron 204% durante el primer semestre de 2026, según datos de la Andi y Fenalco, Para Darío Hidalgo, profesor de Transporte de la Universidad Javeriana, este crecimiento responde más a una necesidad práctica que a una moda tecnológica.

“Este crecimiento está impulsado por la necesidad de movilización individual frente a la gran congestión en las ciudades y las fallas de confiabilidad y seguridad de los sistemas de transporte público. Las motos eléctricas y las patinetas tienen un bajo costo relativo y permiten resolver viajes cortos de manera eficiente”.

Según el experto, estos vehículos también responden a necesidades específicas de distintos perfiles de usuarios.

“Las motos eléctricas pequeñas son preferidas por muchas mujeres porque mejoran la accesibilidad y la percepción de seguridad personal, mientras que las patinetas son utilizadas principalmente por hombres jóvenes, universitarios y profesionales”.

En Medellín, añade, la asistencia eléctrica ayuda además a superar uno de los principales obstáculos para la movilidad sostenible: las pendientes.

“La topografía dificulta el uso masivo de bicicletas convencionales. En cambio, las bicicletas asistidas, las motos eléctricas livianas y las patinetas permiten vencer esas pendientes con un costo operativo muy bajo”.

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Mueve miles de vehículos

El crecimiento de la micromovilidad no se limita a una percepción en las calles, se refleja en las ventas. De acuerdo con datos de la industria, durante los últimos ocho años se han comercializado más de 30.000 vehículos eléctricos livianos en Colombia. Solo en 2024 se vendieron más de 9.000 unidades.

En el país, una de las empresas que comanda las ventas es Minca. Precisamente, Gabriel Gutiérrez Mejía, CEO y fundador, asegura en diálogo con EL COLOMBIANO que la compañía pasó de vender apenas 70 vehículos durante su primer año de operación a proyectar el cierre de 2026 con cerca de 15.000 unidades comercializadas, luego de haber vendido alrededor de 10.000 durante 2025. Solo en el primer semestre de este año, la empresa estima haber colocado cerca de 8.000 vehículos eléctricos livianos.

“La gente ha entendido que para movilizarse en la ciudad cada vez requiere menos vehículos grandes. Entre más liviano, económico y eficiente sea el vehículo, más sentido tiene para la movilidad urbana”, explica Gutiérrez.

El directivo sostiene que la micromovilidad dejó de ser vista como un elemento recreativo y ya es una alternativa de transporte diario. De hecho, la compañía calcula haber puesto en circulación alrededor de 34.000 vehículos eléctricos desde su creación.

Por su parte, empresas como Segway atribuyen este auge a una combinación de factores: mayor oferta de productos, expansión de la red comercial, fortalecimiento del servicio posventa y un consumidor cada vez más dispuesto a adoptar nuevas formas de movilidad.

Desde la industria automotriz también observan un cambio estructural. Juan Sebastián Rocha, director de Estrategia, Producto y Precio de Autogermana, considera que los colombianos están modificando sus hábitos de desplazamiento y empezando a ver la movilidad eléctrica no solo como una decisión ambiental, sino también como una alternativa financieramente eficiente.

Los vehículos eléctricos livianos ofrecen menores costos de operación y mantenimiento frente a las alternativas de combustión, lo que hace que usuarios particulares y empresas comiencen a ver la electrificación como una decisión eficiente desde el punto de vista económico”, señala.

Bogotá continúa siendo el principal mercado nacional gracias a sus más de 670 kilómetros de ciclorrutas. Sin embargo, Medellín aparece como una de las ciudades con mayor potencial de crecimiento debido a la consolidación de su infraestructura y al incremento de usuarios que utilizan estos vehículos para conectar sus trayectos diarios con el Metro, el Metroplús o el sistema de buses.

De hecho, según cifras de Minca, Medellín ya representa entre el 15% y el 20% de las ventas nacionales de la compañía, convirtiéndose en uno de sus mercados más importantes.

Precios ya no son una barrera

Hace apenas unos años, adquirir una patineta eléctrica era una inversión reservada para unos pocos. Hoy el panorama es diferente.

Basado en datos de Mercado Libre, el mercado colombiano ofrece modelos desde $995.000 hasta equipos de alta gama que superan los $19 millones, dependiendo de la autonomía, la potencia y el tipo de terreno para el que fueron diseñados.

Las referencias de entrada, que alcanzan velocidades cercanas a los 25 kilómetros por hora y autonomías de hasta 15 kilómetros, compiten con modelos de fabricantes como Xiaomi, Segway, NIU, Go Green o Kaabo.

Pero la verdadera batalla comercial se libra en un rango de precios mucho más accesible. Según el CEO de Minca, los modelos que registran mayores ventas se ubican entre los $2 millones y los $5,5 millones, ofreciendo autonomías suficientes para la mayoría de los trayectos urbanos.

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Este comportamiento coincide con lo que observa la industria automotriz. Para Autogermana, el consumidor ha comenzado a evaluar variables que antes tenían menor relevancia, como el costo total de propiedad, el mantenimiento, la autonomía real y el respaldo técnico.

Ya el consumidor está más informado. Ya no evalúa únicamente el precio de compra, sino también el costo operativo y la experiencia de uso durante la vida útil del vehículo”, explica Rocha.

La mayor disponibilidad de marcas y la expansión de la oferta en cadenas de retail y tiendas especializadas han facilitado que cada vez más personas consideren estos vehículos como una alternativa de transporte diario y no únicamente como un elemento recreativo.

Ese comportamiento también se alinea con la tendencia mundial. La consultora Fortune Business Insights estima que el mercado global de scooters eléctricos pasará de cerca de US$24.000 millones en 2026 a US$62.750 millones en 2034, impulsado por la urbanización, la reducción de emisiones y las inversiones en tecnologías de movilidad sostenible.

Sin embargo, mientras el segmento de patinetas y bicicletas eléctricas acelera, el mercado de motocicletas eléctricas vive una transformación diferente.

Antioquia también lidera

El auge de la micromovilidad no significa que todos los segmentos avancen al mismo ritmo. Mientras las patinetas y bicicletas eléctricas viven un momento de expansión, las motocicletas eléctricas atraviesan una etapa de reorganización en la que cambian los protagonistas, los modelos preferidos y los territorios donde más se venden.

Las cifras del informe interactivo de Andemos muestran que entre enero y mayo de 2026 se matricularon 352 motocicletas eléctricas, frente a las 623 del mismo periodo del año anterior, una reducción de 43,5%. Sin embargo, el mercado no desapareció, sino que comenzó a redistribuirse.

Uno de los casos más llamativos ocurre precisamente en Antioquia. Mientras varias ciudades que tradicionalmente concentraban buena parte de las ventas registraron fuertes caídas, municipios del sur del Valle de Aburrá ganaron protagonismo.

Sabaneta pasó de 13 a 27 matrículas, lo que representa un crecimiento del 107,7%, convirtiéndose en uno de los municipios con mejor desempeño del país. La Estrella, por su parte, aumentó de 12 a 17 registros, equivalente a un crecimiento del 41,7%.

El comportamiento contrasta con el de ciudades como Bogotá (-71%), Funza (-69,2%), Madrid (-59,7%), Soacha (-57,1%) y Sopó (-75%).

Nuevos protagonistas toman el volante

La transformación también se refleja en las marcas. Durante varios años, fabricantes como Starker dominaron ampliamente el mercado colombiano. Hoy el liderazgo cambió.

Brenson se convirtió en la marca con mayor participación del país al matricular 75 motocicletas durante los primeros cinco meses del año. Aunque sus ventas disminuyeron ligeramente frente a 2025, logró aumentar su participación de mercado del 13,6% al 21,3%.

La gran sorpresa fue Super Soco, que prácticamente duplicó sus ventas al pasar de 28 a 48 unidades, un crecimiento del 71,4% que le permitió escalar hasta el segundo lugar del mercado nacional.

En contraste, marcas que hasta hace un año encabezaban el segmento experimentaron fuertes retrocesos. Starker redujo sus matrículas en 77,6%, mientras NIU cayó 78,1%, reflejando el cambio en las preferencias de los consumidores.

La transformación también alcanzó a los modelos. La línea Carry, de Brenson, terminó convirtiéndose en la motocicleta eléctrica más vendida del país, con 47 unidades, seguida por TCMAX, de Super Soco, cuyo crecimiento fue de 566,7%. También sobresalieron referencias como IQUBE, de TVS, que multiplicó por catorce sus matrículas, y CPX, de Super Soco, con un incremento del 450%.

Para los analistas, estos movimientos muestran que el consumidor colombiano comienza a privilegiar modelos con mejor autonomía, mayor confiabilidad y un respaldo más sólido en servicio técnico y posventa, factores que pesan tanto como el precio al momento de tomar una decisión de compra.

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La infraestructura, determinante

Si algo coincide entre fabricantes, distribuidores y expertos es que el siguiente paso para consolidar la micromovilidad no depende únicamente de vender más vehículos. El verdadero desafío está en desarrollar infraestructura suficiente para acompañar ese crecimiento.

Eso implica ampliar las ciclorrutas, crear espacios seguros para estacionamiento, instalar puntos de recarga y fortalecer la regulación para garantizar una convivencia segura entre peatones, ciclistas, motociclistas y usuarios de vehículos eléctricos livianos.

Para Autogermana, uno de los principales retos sigue siendo construir confianza en el consumidor. El usuario quiere saber dónde puede cargar su vehículo, cuál es su autonomía real, qué respaldo técnico recibirá y cuál será el costo total de propiedad durante toda su vida útil.

Como parte de ese esfuerzo, la compañía ha desarrollado una red de 36 estaciones y 91 cargadores para vehículos eléctricos e híbridos enchufables ubicados en centros comerciales, universidades, hoteles, restaurantes y otros puntos estratégicos del país.

En ciudades como Medellín, donde la movilidad ya combina Metro, Metrocable, tranvía, buses, bicicletas públicas y ciclorrutas, la integración de las patinetas y motocicletas eléctricas podría convertirse en una pieza clave para resolver el llamado “último kilómetro”: el trayecto entre la estación de transporte masivo y el destino final de cada usuario.

Al mismo tiempo, la expansión del mercado plantea desafíos regulatorios y ambientales relacionados con la disposición final de las baterías y la necesidad de establecer cadenas de reciclaje que permitan aprovechar estos componentes cuando terminan su vida útil.