La ONU advierte un 80 % de probabilidad de El Niño entre junio y agosto y alerta sobre eventos climáticos extremos
La Organización Meteorológica Mundial informó que el fenómeno podría desarrollarse en los próximos meses, mantenerse al menos hasta noviembre y generar impactos en distintas regiones del planeta con mayor riesgo de sequías, lluvias intensas y olas de calor.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), agencia especializada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), advirtió este martes 2 de junio de 2026 que existe un 80 % de probabilidad de que se desarrolle un episodio del fenómeno de El Niño entre junio y agosto.
Según el organismo, el evento podría alcanzar una intensidad moderada o fuerte y provocar alteraciones climáticas en diversas regiones del mundo, con efectos asociados a sequías, precipitaciones intensas y un aumento del riesgo de olas de calor tanto en tierra como en los océanos.
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De acuerdo con las proyecciones de la OMM, la probabilidad de que el fenómeno continúe activo al menos hasta noviembre se sitúa en torno al 90 % o más. El organismo indicó que las condiciones observadas en el océano Pacífico tropical muestran señales consistentes con el inicio de El Niño, impulsadas por temperaturas subsuperficiales superiores a la media en más de 6 °C.
”La ciencia es clara: El Niño está llegando a nuestras puertas en los próximos meses (...). Las condiciones de El Niño echarán más leña al fuego de un mundo que se está calentando y su impacto será aún más severo, llegará más lejos y cruzará fronteras con una velocidad devastadora”, señaló la OMM.
El secretario general de la ONU, António Guterres, también se refirió a las perspectivas del fenómeno y afirmó: “El mundo debe tratarlo como la urgente señal de alarma climática que es. Las condiciones de El Niño avivarán el fuego de un planeta en calentamiento”.
Pronósticos, duración e impactos previstos
La OMM explicó que El Niño es un fenómeno climático natural que suele aparecer cada dos a siete años y cuya duración promedio oscila entre nueve y doce meses. Habitualmente, comienza a desarrollarse entre marzo y junio y alcanza su punto máximo entre noviembre y febrero. Sus efectos sobre la temperatura global suelen sentirse con mayor intensidad durante el año posterior a su aparición.
Entre finales de abril y mediados de mayo, las temperaturas de la superficie marina en la región de referencia del Pacífico alcanzaron niveles cercanos a los umbrales que caracterizan a El Niño. Además, el calor acumulado bajo la superficie del océano continúa alimentando el proceso de calentamiento.
Para el período comprendido entre junio y agosto, la OMM prevé temperaturas superiores al promedio en gran parte del planeta. También anticipa condiciones más secas de lo normal en algunas zonas consideradas sensibles desde el punto de vista agrícola y climático.
Entre los posibles efectos regionales del fenómeno se encuentran:
·Incremento de las lluvias en partes de América del Sur.
·Precipitaciones por encima de lo normal en el sur de Estados Unidos.
·Aumento de lluvias en sectores del Cuerno de África y Asia central.
·Sequías en América Central.
·Condiciones secas en el norte de América del Sur y el Caribe.
·Déficit de precipitaciones en Australia e Indonesia.
·Menores lluvias en algunas regiones del sur de Asia.
La organización también indicó que podrían registrarse precipitaciones por debajo de lo habitual en Centroamérica, el Gran Cuerno de África y zonas del sur de Asia durante períodos relevantes para los ciclos agrícolas y las temporadas de lluvias.
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Llamado a la preparación y sistemas de alerta temprana
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, señaló que los gobiernos y sectores expuestos a las variaciones climáticas deben prepararse con anticipación ante la posibilidad de un episodio de gran intensidad.
”Tenemos que prepararnos para un posible episodio de El Niño de gran intensidad, que agravará tanto las sequías como las lluvias torrenciales y aumentará el riesgo de olas de calor en tierra y en el océano”, afirmó.
La funcionaria subrayó además la importancia de la información climática anticipada para reducir riesgos. “Los pronósticos estacionales anticipados y las alertas tempranas son fundamentales para salvar vidas y mitigar el impacto sobre nuestras economías y nuestras comunidades”, recordó.
En la misma línea, añadió: “Los pronósticos estacionales anticipados y los sistemas de alerta temprana son vitales para salvar vidas y amortiguar el impacto sobre nuestras economías y nuestras comunidades”.
La OMM sostuvo que, aunque no existe evidencia concluyente de que el cambio climático incremente la frecuencia o intensidad de los episodios de El Niño, sí puede potenciar sus consecuencias. Según explicó, una atmósfera y unos océanos más cálidos aportan mayores niveles de energía y humedad, condiciones que favorecen la aparición de fenómenos extremos como olas de calor y lluvias intensas.
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El episodio más reciente de El Niño ocurrió entre 2023 y 2024 y fue considerado uno de los cinco más intensos registrados. Ese evento contribuyó a que se alcanzaran temperaturas globales récord y estuvo asociado a condiciones climáticas contrastantes en distintas regiones del mundo, incluida Europa.
Por su parte, Guterres reiteró la necesidad de actuar frente a las causas humanas que intensifican los fenómenos climáticos extremos y llamó a “poner fin a la adicción a los combustibles fósiles y acelerar la transición hacia las energías renovables”.