Tendencias

En el 8M, tres historias de mujeres que trabajan por el bienestar de todos

Durante la conmemoración del 8 de marzo, traemos estas tres historias que nos recuerdan el trabajo de las mujeres en todos los escenarios de la vida social y comunitaria. Le contamos.

07 de marzo de 2026

Una de las historias más antiguas de la Biblia es la del apocalipsis que cae sobre Sodoma y Gomorra. Muchos estudiosos han reparado en algo: antes de la llegada de los ángeles de la destrucción, Dios habla con Abraham sobre sus planes. El patriarca sostiene una suerte de negociación, en la que le dice al dios hebreo que incluso en los sitios más oscuros hay justos que en silencio trabajan para que el mundo no se salga completamente de control. Precisamente en ese matiz han insistido los exégetas que han puesto la lupa en la escena. Y es ese elemento por el que queremos traer a colación el pasaje bíblico durante la conmemoración internacional del día de la mujer.

Le puede interesar: Andrea Echeverri habla de su cáncer de seno con música: lanzó la canción La teta pirata

Basta echarle un vistazo a la historia para darse cuenta de que las mujeres son el sustento de los tejidos comunitarios. Pensemos en otra mitología. Mientras Ulises y sus camaradas hacían la guerra de Troya, Penélope y las demás reinas sostenían la vida cotidiana en sus respectivos países. Tanto el mito bíblico como el homérico nos recuerdan algo que las tres historias que hoy contamos refuerzan: sin esas justas que sacan adelante hogares cuando los esposos han huido, sin esas madres que enseñan las primeras palabras a las nuevas generaciones, sin esas lideresas que luchan contra el techo de cristal y los miles de micromachismos, el mundo caería en espirales de violencia y desorden.

En fechas recientes, voces de hombres y de mujeres han cuestionado la pertinencia de tener un día en el calendario para festejar el aporte de las mujeres a la sociedad. Por supuesto, sin ellas (nosotras) el planeta sería una tierra baldía. Tal vez por el simple hecho que fechas como esta obligan a todos a dirigir la mirada sobre asuntos que de tan cotidianos se nos pasan por alto. Pensemos que días de ese tipo permiten que los reflectores se dirijan a la labor comunitaria de Ada, una cantante de Itagüí que ha puesto su talento a favor de causas de empoderamiento femenino. También, en jornadas así, resaltamos la idea de Chechy Murillo de darle un sentido más amplio a la moda. El día de la mujer nos recuerda la trayectoría investigativa de la profesora Gloria Inés Sánchez, toda un autoridad internacional en el estudio del Virus del Papiloma Humano.

Lea también: Shakira y Beéle lanzan ‘Algo tú’, su primera canción juntos

Sin duda, estas historias deben ser parte de la conversación social durante todo el año. Entretanto la sociedad lo asimila y lo pone en práctica, el 8 de marzo es un recordatorio de las luchas de las mujeres por acceder al mundo laboral y por abrirse camino en la política, la cultura, la ciencia y el arte.

Estas historias no son únicas. En cada municipio, barrio, cuadra, familia hay una mujer –varias– que hacen que las cosas no se descarrilen para siempre.

Ada, el arte de conocerse a sí misma

Ada –de nombre civil Lady Daniela Serna Velázquez– ha puesto su carisma en servicio del proyecto Clínica Rosa, un programa de trabajo comunitario cuyo objetivo es que las mujeres de Itagüí se quieran a sí mismas y conozcan sus cuerpos. “Cuando uno tiene voz y la oportunidad de ponerse al frente, la pregunta es qué mensaje se le está dejando a la sociedad”, dice Ada, que lleva puesto un sombrero de ala ancha con su nombre artístico en la parte frontal.

Con 29 años de edad, nacida en Itagüí, Ada se metió a los cinco años a diferentes grupos artísticos. Bailó tango, estudió canto y se hizo conocida en su colegio por participar en las actividades culturales. Se graduó de la Institución Educativa San José de Itagüí.

Según explica la artista, su interés por combinar arte y trabajo social surgió a partir de una reflexión sobre la responsabilidad pública que implica la visibilidad artística.

El enfoque de su trabajo con mujeres se fortaleció tras la muerte de su abuela a los 61 años, experiencia que la llevó a interesarse por temas de inteligencia emocional y bienestar. Desde entonces participa en espacios de liderazgo, entre ellos la Red de Mujeres de Itagüí.

A los 19 años asumió la dirección de Clínica Rosa, un programa adscrito a la Corporación Visión Colombia que trabaja en articulación con jornadas de salud de la administración municipal. El proyecto busca generar procesos pedagógicos sobre autocuidado, conocimiento del cuerpo y gestión emocional.

Una de las actividades del programa es una experiencia educativa de autoexploración mamaria mediante un dispositivo, una luz led roja que permite observar el interior del seno con fines pedagógicos. La herramienta no realiza diagnósticos médicos ni reemplaza exámenes clínicos, pero ayuda a los procesos de sensibilización sobre la importancia de la prevención.

Las jornadas se realizan en barrios, salones comunales y espacios comunitarios. El dispositivo funciona dentro de un cubículo itinerante que puede trasladarse a diferentes zonas, lo que ha permitido llevar las actividades a veredas y municipios del área metropolitana.

El componente artístico forma parte esencial de la propuesta. Ada creó el formato Ámate, una conferencia–concierto sobre las experiencias emocionales de las mujeres. El espectáculo tiene una duración aproximada de una hora y media.

El repertorio incluye canciones que buscan conectar con las emociones del público y promover el autocuidado y la autoestima.

Ada afirma que uno de los retos que ha enfrentado es la percepción de que el liderazgo comunitario necesariamente tiene una intención electoral. No obstante, sostiene que su interés principal es el trabajo social y la sensibilización a través del arte.

Chechy y la moda con nuevo sentido

Hace 15 años, Cecilia ‘Chechy’ Murillo llegó a Medellín “con una muleta y una maleta cargada de sueños”. Hoy lidera un proyecto social que trabaja con más de 2.400 personas cada año mediante procesos de formación en moda, inclusión y desarrollo personal.

La emprendedora, de 44 años, recuerda los tiempos en los que se instaló en el barrio Moravia, en la comuna 4 de Medellín, con la intención de construir un camino distinto al que había conocido en su entorno familiar. Su madre trabajó durante más de tres décadas para sostener a la familia y, aunque no aprendió a leer ni a escribir, insistió en la importancia de la educación.

Desde joven sintió afinidad por la moda y las manualidades. Esa inclinación se hizo evidente durante su etapa de formación, cuando un profesor le preguntó en qué era buena. La respuesta —moda y trabajos manuales— generó risas entre sus compañeros, pero fue inicio de un proceso que luego se convertiría en su proyecto de vida.

Comenzó formándose por su cuenta. Viajaba al centro de Medellín para pagar clases en la zona comercial conocida con el nombre de Bombay, donde perfeccionó técnicas relacionadas con la confección y el diseño. Sus primeros trabajos consistieron en realizar apliques para prendas como ropa interior y pijamas elaboradas por empresas del sector textil.

Con el tiempo comprendió que su interés por la moda iba más allá de la creación estética. La idea evolucionó hacia un concepto de “moda con propósito”, entendido como una herramienta para generar oportunidades y fortalecer la autoestima de personas en contextos vulnerables.

Ese enfoque se materializó hace once años con la creación de la Fundación Moda y Flores, organización que promueve procesos de formación artística y creativa desde una perspectiva de desarrollo personal. El proyecto parte de la idea de que el bienestar interior se refleja en la manera como las personas se proyectan en la sociedad.

Entre las iniciativas de la fundación se encuentra un laboratorio creativo en el que se enseñan técnicas artesanales como crochet y macramé. A través de estos espacios se busca que los participantes desarrollen habilidades productivas y encuentren alternativas de generación de ingresos.

La organización también ha impulsado pasarelas inclusivas en las que participan personas con y sin discapacidad, una propuesta que busca visibilizar el talento diverso y cuestionar los estereotipos tradicionales de la industria de la moda.

La profe Gloria, rigor científico puesto al servicio de las mujeres

“El primer mensaje es que uno debe soñar con una formación de primera. Punto”, dice la profesora e investigadora Gloria Inés Sánchez. Ella es Doctora en Microbiología Molecular y docente de Medicina en la UdeA. Y ella sabe porqué lo dice.

En un principio, su carrera se orientó al laboratorio clínico y terminó convirtiéndose en una trayectoria dedicada a la investigación científica y a la salud pública. Durante sus estudios de bacteriología, su idea inicial era abrir un laboratorio clínico. Sin embargo, una experiencia durante una rotación hospitalaria en clínicas de Cali cambió el rumbo. En ese contexto asistió a una conferencia sobre una metodología innovadora de investigación, presentada por un científico que acababa de regresar de un entrenamiento en Ginebra.

Poco después, mientras realizaba una práctica en el servicio de erradicación de la malaria, volvió a encontrarse con ese investigador. El contacto se convirtió en una oportunidad: comenzó a colaborar en su laboratorio y a aprender técnicas avanzadas de investigación. Entre sus primeras tareas estuvo el procesamiento de muestras para estudios de malaria.

En ese periodo también inició la maestría en microbiología, justo cuando el programa comenzaba a desarrollarse en Colombia. Paralelamente participó en un proyecto financiado por la Agencia Internacional de Energía Atómica, centrado en el uso de tecnología nuclear con fines de salud y paz.

Gracias a ese trabajo obtuvo una beca internacional que le permitió continuar su formación en Estados Unidos. Allí se integró al laboratorio naval estadounidense, reconocido en ese momento por sus investigaciones sobre vacunas contra la malaria. En ese entorno trabajó con un amplio equipo científico y profundizó en áreas como biología molecular, inmunología y desarrollo experimental de vacunas.

Su desempeño en el laboratorio llamó la atención de uno de los investigadores principales, quien le propuso continuar con estudios doctorales. Tras superar exámenes exigentes, fue aceptada en varias universidades y finalmente ingresó a la Facultad de Salud Pública de la Johns Hopkins University, donde realizó un doctorado en microbiología e inmunología.

Tras terminar el doctorado regresó a Colombia y se vinculó a la Universidad de Antioquia mediante un programa impulsado por Colciencias para atraer investigadores que se habían formado en el exterior. Posteriormente realizó un entrenamiento en epidemiología junto a especialistas que demostraron que el Virus del Papiloma Humano es la causa principal del cáncer de cuello uterino.

Ese trabajo derivó en una investigación publicada en la revista científica The Lancet Oncology, considerada una de las más citadas en la historia de la universidad. El estudio identificó los genotipos del virus asociados con el cáncer cervical en distintas regiones del mundo.