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Regresa a la vida el desarenadero del primer acueducto de Medellín

Pabellón del Agua EPM del Tranvía de Ayacucho se reactivará. Le contamos sobre el desarenadero del primer acueducto público que hubo en el lugar.

  • En el hallazgo de 500 metros cuadrados se espera concluir la construcción del Pabellón del Agua que será aula y museo. FOTO EDWIN BUSTAMANTE
    En el hallazgo de 500 metros cuadrados se espera concluir la construcción del Pabellón del Agua que será aula y museo. FOTO EDWIN BUSTAMANTE
  • En el registro, las piscinas del desarenadero del primer acueducto público de la ciudad. El ingeniero Antonio José Duque fue el artífice de esta obra concluida en 1896. CORTESÍA bIBLIOTECA pÚBLICA pILOTO
    En el registro, las piscinas del desarenadero del primer acueducto público de la ciudad. El ingeniero Antonio José Duque fue el artífice de esta obra concluida en 1896. CORTESÍA bIBLIOTECA pÚBLICA pILOTO

A pesar de la lluvia, el agua brotó limpia. En alguna pila pública se sumergieron, presurosas, las tinajas. Las gargantas de esos recipientes de barro derramaron parte del líquido, por el movimiento. Acto seguido, las manos de los habitantes de la villa transportaron el milagro. La madre de ese poblado, La Aná, llegaría, casi pura, a las construcciones de bahareque y paja, y hasta las mansiones de los más pudientes, para calmar la sed de sus hijos.

Por el mecanismo artífice de ese milagro, acaecido 120 años más temprano, caminaron, hace unos días, varios cuerpos. Todos, sorprendidos, atendieron las explicaciones de un hombre, que, por su relato, parecía testigo de lo que ocurrió otrora bajo ese suelo. Paralelos al tranvía, en Ayacucho, la comisión exploró entre los muros del desarenadero por el que corrieron las aguas de la quebrada madre.

Posterior a esta visita, la secretaría de Infraestructura Física y la gerencia del Centro informaron: “La Alcaldía de Medellín iniciará la reactivación del proyecto aula – museo del Pabellón del Agua EPM del Tranvía de Ayacucho, para lo que se requiere una inversión de $8.000 millones”. Y agregaron: “La iniciativa comprende la construcción del aula - museo y la restauración arqueológica de las ruinas del desarenadero del primer sistema de acueducto de Medellín”.

El comunicado, con vaho de resurrección, debido a las interrupciones que ha sufrido el proyecto desde 2013 —cuando se registró el hallazgo arqueológico—, fue bien recibido por Pablo Aristizábal, arqueólogo PhD, que ha estado al frente del proyecto y comandó el recorrido enunciado. La culminación del pabellón, para Aristizábal, significará que la ciudad pueda conocer y aprender sobre la historia de una villa que se hizo ciudad entre el correr de sus aguas.

Una vuelta al pasado

A finales del siglo XIX, los acueductos consistían en “canalizaciones rudimentarias que, por tubos de barro o atanores, enterrados superficialmente, acercaban el agua a las casas y alimentaban fuentes públicas y otras derivaciones de particulares”, describen Jorge Humberto Vásquez y Juan Esteban Suárez, con base en un informe que Erasmo Rodríguez, fontanero municipal de entonces, le presentó al Concejo.

El documento, cuentan Vásquez y Suárez, es una prueba de la situación caótica del acceso al agua que vivió la villa hasta finales de 1888, previo a que el Municipio se hiciera al manejo de las aguas. Dos años más tarde, se compró el acueducto particular de Piedras Blancas, para consolidar la prestación del servicio por parte del sector público.

Esta fue la antesala para que la vida de la villa se partiera en dos, según Aristizábal: un antes colonial y un después republicano, cuando esta, a la luz de sus aguas y las innovaciones de la época, le abrió las puertas al progreso y se erigió ciudad.

El desarenadero

La historia del lugar, por el que caminaron hace días varios cuerpos, comienza en 1875. “Eso, en un principio, se llamaba Los Depósitos. Era un lote a las afueras de Medellín. Ahí se empezó a almacenar el agua de la quebrada La Aná, hoy Santa Elena, y hacían parte del primer acueducto público de la ciudad. A medida que esta creció, contrataron a Antonio José Duque para que hiciera el desarenadero. Eso fue un hito, porque significó el paso de una villa colonial a una ciudad republicana”, relata el arqueólogo.

El 28 de febrero de 1896, Duque firmó un contrato con el presidente del Concejo de ese tiempo, Francisco A. Arango, para construir un depósito de decantación por el que le pagaron quinientos pesos, rememora Anamaría Bedoya Builes, en un texto para Universo Centro. “Una megaobra para la época que, unos años más tarde, cuando se declaró obsoleta, quedaría sepultada bajo una inmensa casona y solo descubierta, por puro azar, 117 años después”.

El relato de Bedoya permite acercarse a las formas, extrañas, del azar, que atraviesa el tiempo, sin importar los años. En 2013, un grupo de estudiantes de arquitectura de la Universidad Nacional investigaba el impacto urbanístico del tranvía. Mientras caminaban a la altura de Ayacucho, donde demolían varias edificaciones para la construcción de una plaza pública (parte del proyecto del Pabellón del Agua), advirtieron, de repente, “unas bóvedas con arcos en ladrillo macizo”. Estas, debajo de las ruinas de una casona antigua.

La inquietud de esos jóvenes arquitectos permitió que el hallazgo llegara hasta el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, que de inmediato sugirió acatar medidas de arqueología preventiva en el lugar. Esa curiosidad, quizá, acompañó al ingeniero Duque, quien apenas superaba los 25 años cuando construyó el desarenadero del primer acueducto público de la ciudad, influenciado por la arquitectura de sus pares romanos.

El modelo del avezado y temprano ingeniero permitía que el agua entrara por una acequia a un sistema de siete piscinas (ver Fotografías) separadas por diques de cal y canto. Estos, dispuestos de forma escalonada, hacían que el agua fluyera a partir de un movimiento serpenteante. Por principio de decantación (especie de filtro para separar el agua de otros materiales), el lodo se precipitaba al fondo. Allí había unas compuertas que, al abrirse, lo arrastraban hasta un canal de descarga subterráneo y lo encauzaban hacia la quebrada La Palencia.

El agua limpia, en paralelo, circulaba por unos reboses, ubicados a media altura de los diques. El sistema, que implicaba que el agua viajara de un estanque a otro, hacía lenta su velocidad. Así, las partículas limpias avanzaban hacia la superficie y llegaban a las fuentes públicas de la joven ciudad, para luego emprender su ruta en preciadas tinajas de barro.

Importancia del hallazgo

Esta historia, que queda en punta, y que incluye un hallazgo vecino que completa parte de la trama del agua en la constitución de la ciudad (ver Para saber más), es la que Aristizábal espera que los paisas conozcan a profundidad.

Ese deseo, según el arqueólogo, tomaría forma de la mano del proyecto aula-museo, también defendido por Mónica Pabón, gerente del Centro. Esta afirmó que, desde la administración, se harán todos los esfuerzos posibles para que los $8.000 millones que se necesitan para concluir las obras puedan reunirse.

“Espacios como este hallazgo nos hace reconocer que, aunque Medellín ha perdido mucho de su patrimonio arquitectónico, arqueológicamente contamos con una gran riqueza (...). Es nuestro deber desde la gerencia del Centro proteger este tipo de patrimonio, porque esto es lo que realmente le da sentido y pertenencia al Centro de la ciudad”.

Natalia Urrego, secretaria de Infraestructura Física, respaldó la posición de Pabón. “El lugar es un tesoro. ¿Cómo no cuidarlo y conservarlo? Haremos todos los esfuerzos posibles con EPM, Tranvía de Ayacucho y la EDU (Empresa de Desarrollo Urbano) para materializar este sueño de ciudad, y que podamos venir acá, a resignificar nuestro pasado y a seguir construyendo nuestro futuro”.

Pabón contó que EPM, desde 2013, ha planteado la construcción del Pabellón del Agua en el lugar. Sin embargo, algunas contingencias han implicado que se prioricen los recursos por parte de la entidad. Entre ellas, la emergencia por Hidroituango en 2018, cuando la presa estuvo al borde del colapso, se evacuaron más de 25.000 personas y el Cauca, hermano —en algún grado— de La Aná, advirtió bajas en su caudal.

“El proyecto del Pabellón del Agua está incluido en el programa de Arqueología Preventiva de EPM. Ello permitirá avanzar en la consecución de los recursos necesarios para la intervención de la zona, conservando la estructura antigua”, concluyó en un comunicado Urrego.

El anuncio emitido por parte de estas entidades es apenas uno de los pasos que habrá que dar para que ese desarenadero se haga museo. Los dineros no están listos. Las partes interesadas continúan en conversación para juntar los recursos.

“Desde ese pequeño hallazgo, de 500 metros cuadrados, podemos viajar en el tiempo y contarle a la ciudad mucho de lo que merece saber. Ojalá que se reactive; que se dé la alianza con EPM y la alcaldía para que lo acabemos”, expone Aristizábal, anhelando que la ciudad conozca su historia a través de ese desarenadero que materializó un milagro, cuando, pese a la lluvia, el agua limpia por fin brotó

8.000
es la inversión requerida para reactivar el proyecto Pabellón del Agua: gerencia Centro.
7
eran las piscinas integrantes del sistema de decantación: Pablo Aristizábal.
Edison Ferney Henao Hernández

Periodista y politólogo en formación. Aprendo a escribir y, a veces, hablo sobre política.

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