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Los curiosos nombres que les ponen a los insectos

  • Problematode robertoi. Insecto descubierto en Caldas y nombrado en honor a Roberto Flórez.

    Problematode robertoi. Insecto descubierto en Caldas y nombrado en honor a Roberto Flórez.

  • Calloconophora estellae, secretando cera. Membrácido bautizado en honor a Luz Estella Valencia. FOTOS CORTESÍA

    Calloconophora estellae, secretando cera. Membrácido bautizado en honor a Luz Estella Valencia. FOTOS CORTESÍA

Por DIEGO ZAMBRANO BENAVIDES | Publicado el 18 de mayo de 2020

Lo que dice Camilo Flórez Valencia es que a los insectos se les da un nombre para poder contar historias sobre ellos. Tampoco se trata de que si no se los bautiza no existen, porque igual podrían vivir lejos del radar humano. Lo suyo pasa más por la curiosidad, las ganas de “revelar y describir nuevos mundos”. El año pasado, por ejemplo, descubrió dos especies a las cuales nombró en honor a sus padres.

Flórez terminó su maestría en Ciencias Biológicas en 2018. Luego se convirtió en curador de las Colecciones Biológicas de la Universidad CES (Cbuces), en donde desarrolla su trabajo, que junto al de sus colegas está disponible en una plataforma de consulta abierta donde los ciudadanos pueden hallar un inventario de fauna y flora. Allí se encuentran, entre muchas otras, la Calloconophora estellae y la Problematode robertoi.

Estas dos son especies de membrácidos, o lo que la mayoría conoce como chinches. Si todavía no se ha dado cuenta, en las segundas palabras escritas en latín (porque es el idioma universal de la ciencia para no herir susceptibilidades en otras lenguas) está el homenaje: Estella y Roberto, los padres del biólogo.

Curioso homenaje

Desde que estudiaba su pregrado en la Universidad de Antioquia, le contó Flórez a EL COLOMBIANO, se especializó en esa familia de insectos, los membrácidos, y en sus salidas de campo comprobó que muchas veces ni siquiera es necesario alejarse de Medellín para encontrar a esos pequeños organismos de los que aún no se tenía conocimiento.

“Los insectos tienen una diversidad asombrosa y no es como el caso de los mamíferos y las aves, que suelen tener muchos más investigadores con sus ojos puestos en ellos”, subrayó.

Y es que solo en la capital antioqueña, según cifras de la alcaldía, se pueden hallar más de 1.000 especies de escarabajos, hormigas y mariposas. Según Juliana Cardona Duque, coordinadora del Cbuces, en los últimos diez años en el Valle de Aburrá pueden haberse descrito al menos 20 variedades de insectos. Una muy conocida, indicó, es la tarántula bautizada como Aguapanela arvi. Ya deducirá el lector dónde la encontraron, aunque no lleve la tilde.

Volviendo a los dos casos concretos, Flórez sí salió de Medellín. De la P. robertoi, indicó, solo ha podido encontrar un individuo y dio con él en un pedazo de bosque de una finca de su padre que se llama Arboloco, ubicada cerca a Manizales y el Parque Nacional de los Nevados.

En cuanto a la C. estellae, su descubridor comprobó que está presente en zonas como el Magdalena Medio antioqueño y la parte montañosa de Chocó. Sobre esta, describió, “decidí dedicársela a mi mamá porque resulta que tiene un comportamiento agresivo para proteger a sus huevos, maternal diría, con movimientos para defenderlos ante depredadores o parasitoides”.

El artículo científico donde quedaron consignados estos hallazgos y bautizos de manera oficial, fue publicado en la revista Zootaxa en mayo de 2019.

“Lo que les dije a mamá y a papá fue que quería hacerles un homenaje nombrando algo en la naturaleza porque ellos también son parte del proceso, del apoyo que me llevó a perseverar en las exploraciones”, expresó Flórez.

La fortuna del trópico

Las herramientas que tienen países europeos o Estados Unidos para facilitar la identificación de especies animales, explicó la docente Cardona, no existe en Colombia. Pero vaya ironía, es precisamente aquí, en el trópico, donde se puede encontrar esos individuos más que en ningún otra zona del mundo.

Pese a esto, agregó, no conocemos ni el 10 % de las especies de insectos que hay en el país, por lo cual todavía no tienen un nombre. “Hay entomólogos que pueden describir mil a lo largo de su vida, y en el planeta hay cerca de un millón identificadas, lo que quizás no sea ni la mitad de lo que falta por descubrir”.

Y es que para Cardona la taxonomía (clasificación) es una rama “subestimada” dentro del gremio de los biólogos. Según ella, no muchos se especializan en ese campo. Para poner un ejemplo citó el mundo de las cucarachas, en el que, afirmó, solo hay cuatro personas en el planeta dedicadas a hallar nuevas variedades, una de las cuales está en Medellín: el entomólogo Andrés Vélez Bravo.

Lo que le apasiona a Cardona son los cucarrones. Su conocimiento del tema le permite observar, entre otras cosas, que “por cada cuatro seres vivos, hay un cucarrón”. En 2018 apoyó en laboratorio el trabajo recopilado en la Expedición Colombia BioAnorí, en la que Flórez estuvo en trabajo de campo y la cual permitió hallar, con la guía de 10 excombatientes de las Farc, cinco especies de cucarrones y dos de membrácidos.

En los últimos días, en el Cbuces están terminando de gestar un libro sobre la historia de los insectos en Antioquia, que será dirigido a un público no especializado; es decir, facilitará entender a cualquiera cómo se comportan y cuáles son las características de estos diminutos seres vivos.

Cardona también planea que, para futuros descubrimientos, los nuevos cucarrones puedan llevar el nombre de ciclistas colombianos, por aquello de los “escarabajos”.

Así que preste mucha atención la próxima que vea a algún bicho que se metió por la ventana de su casa, pues en el mejor de los casos, quién sabe, en ese papelito que agarró para sacarlo puede estar aferrándose un Egan Bernal o un Sergio Luis Henao, pero en latín, claro.

en definitiva

El proceso para darle un nombre a un insecto toma mínimo cinco meses, y una vez descrito entra a formar del universo conocido de los artrópodos, de los cuales hay más de un millón de variedades.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS EL PROCESO no es rápido, como se cree

Juliana Cardona Duque, bióloga y docente del CES, explicó que el lapso para llegar a un nombre que le dé identidad a un insecto tarda mínimo cinco meses. Esto porque hay que leer sobre especies similares, descartar que se trate de individuos que ya fueron descritos e, incluso, implica intercambiar correspondencia con otros científicos del mundo. “Hay casos que pueden tardar años”, dijo. Al final de ese proceso es que surgen bautismos curiosos. Solo basta con buscar en Google para hallar artrópodos que rinden homenaje a películas como Star Wars (Wockia chewbacca o Polemistus yoda), a cantantes (Scaptia beyonceae), o a políticos (Zasphinctus obamai). “También se le puede dedicar a un profesor que se tuvo, a una colega o a un lugar, y no solo pasa con insectos, basta recordar la rana Pristimantis Urani, en honor a Rigo”, comentó Cardona.

Diego Zambrano Benavides

Periodista de la Universidad de Antioquia interesado en temas políticos y culturales. Mi bandera: escribir siempre y llevar la vida al ritmo de la salsa y el rock.


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