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La Meneses, una vereda de Bello donde el progreso no quiere llegar

Se llega por San Pedro de los Milagros y tiene deficiencias en todos los servicio básicos. Así viven allí.

  • En La Meneses las vacas abundan incluso más que las personas.
    En La Meneses las vacas abundan incluso más que las personas.
  • La escuela está sin terminar, aunque hubo una promesa de modernizarla que no se cumplió. FOTOS CAMILO SUÁREZ
    La escuela está sin terminar, aunque hubo una promesa de modernizarla que no se cumplió. FOTOS CAMILO SUÁREZ
Publicado el 08 de mayo de 2022

Según el último censo (2018), el municipio de Bello tiene 522.264 habitantes, pero cerca de 280 viven en una vereda llamada La Meneses, que está más cerca de San Pedro de los Milagros que del casco urbano y donde hay tantas carencias, que parece haberse quedado estancada en el siglo pasado. Neblina, pastos, vacas y jardines floridos hacen parte del paisaje de este singular poblado de casas dispersas, donde se vive básicamente de la producción de leche.

A La Meneses no ha llegado el futuro. Así lo sienten sus habitantes, que prefieren hablar sin identificarse ni salir en fotos, pues a sus carencias se suma el miedo, ya que la “hamponería” parece haberse ensañado allí y solo este año han ocurrido siete atracos. La carretera les genera pánico.

“Es una vía muy sola, no tiene luminarias y de noche la oscuridad es total, solo se ven los destellos de las luces de las casas, los delincuentes aprovechan para hacer de las suyas y salen como si nada”, dice uno de los moradores. Es una carretera destapada, con huecos y charcos y para llegar al poblado hay que tomar el trayecto San Cristóbal - San Félix - San Pedro de los Milagros, y un kilómetro antes de llegar a esta localidad coger el desvío que lleva al caserío del siglo XX en pleno XXI.

Una vez allí, el paisaje multicolor enamora. Y al entrar en detalle, no se desvanece el encanto pero sí se entiende que nada en el mundo es lo que aparenta. En la mitad del “pueblo” está el local que funciona como escuela, una estructura tan extraña que solo un letrero permite identificarla. Su historia está llena de sinsabores y de luchas perdidas.

Se trata de unos galpones de material sintético y techos metálicos, semejantes a refugios militares, con filtraciones de agua y silletería en deterioro. En verano el calor es insoportable por el tipo de tejas, y en invierno se inundan. No hay servicio de energía actualmente y a veces también se sufre por carencia de agua, un mal que padece toda la vereda.

“Acá funcionaba un colegio de material, lo construimos nosotros mismos en un predio de un señor que después donó el terreno al municipio para que se pudiera invertir, lo hizo con escrituras. Luego vino el alcalde anterior (César Suárez Mira), tumbó la escuela con la promesa de que nos iba a hacer una más grande y elegante y creímos en esa promesa”, cuentan varios integrantes de la Junta de Acción Comunal.

De ese edificio prometido, que tendría varios pisos, salas de internet y toda la dotación requerida para una educación moderna, hasta ahora no ha llegado nada. Lo que se construyó fueron los galpones, con tres salones: uno para la cocina y dos aulas. Los baños funcionan a un costado y solo hay tres: el de los alumnos, el de las alumnas y el de los profesores. No hay parque ni juegos y solo se ve un patio exterior en cemento con dos porterías para fútbol. Muchos niños no conocen un computador.

“Acá estudian niños de preescolar hasta 11, pero con tantas deficiencias muchos estudian en otras veredas, hasta en San Pedro, lo que les dificulta y les encarece todo por el transporte, lo lejos que les queda, son muchos sacrificios”, dicen los líderes.

A esta situación, Nubia Valencia, integrante del gabinete de Bello, explica que la dificultad estriba en que el lote no pertenece al municipio, contradiciendo lo que afirma la comunidad. Si este panorama se aclara, vendrían soluciones.

“La administración actual tiene una propuesta para construir una nueva sede. El proceso lo ha retrasado que el lote no es del municipio, estamos generando las acciones que nos permitan sanearlo para continuar con la propuesta de una nueva sede para este sector”, anunció la funcionaria.

Sed de un acueducto

Las quejas de los habitantes se mezclan con los mugidos de las vacas y el viento fuerte que suena y sopla la piel. Hace frío y a lo lejos las nubes se ven más bajas que el mismo poblado. Las carencias y dificultades no dejan a sus habitantes disfrutar de las bellezas naturales que los rodean.

El acueducto es un problema tan grave como el de la escuela. Actualmente, el agua, dicen, llega solo a la mitad de los predios y apenas ocho horas al día. El resto se recoge de quebradas y nacimientos. La situación es reflejo decisiones inadecuadas.

“El acueducto veredal lo construyeron hace doce años por bombeo de la quebrada San Félix. Instalaron contadores, canillas, pero las primeras cuentas llegaron muy altas, de $89 mil, eran demasiado caras para familias de estratos uno y dos, que son las que habitan acá, imposibles de pagar”, dicen. Después afloraron deficiencias, mangueras que se rompían, tuberías que se atoraban y fallas en la bocatoma, problemas técnicos que hicieron que el agua no llegara a todas las casas.

Ante la situación, la comunidad interpuso una acción popular y el Juzgado Séptimo Oral de Medellín en 2014 le ordenó al municipio brindarle agua potable y de calidad a toda la vereda. La solución llegó, pero fueron paños de agua tibia que no funcionaron, el líder que interpuso la demanda se fue de La Meneses y el problema quedó en el limbo. Pero recientemente otros líderes interpusieron una acción de desacato y en ese proceso están, ahora con la intervención de la Personería de Bello y la Superintendencia de Servicios Públicos. Las soluciones deben llegar si las autoridades cumplen lo ordenado.

Al respecto, la alcaldía respondió que “en 2019 se realizó la optimización del acueducto de la zona gracias al contrato 919 del mismo año. También se prestó servicio de fontanería y operación de la planta de tratamiento gracias al contrato 115 de 2019. En 2020 se continuó con la prestación del servicio de fontanería mediante contrato 1077 del mismo año”. Actualmente, dice la alcaldía, está en vigencia un contrato firmado en 2021 con tres anexos: el primero son procesos de diseños y consultoría para optimizar el acueducto. El segundo, de mantenimiento y optimización de acueductos. Y el tercero, de diagnóstico de acueductos veredales de Bello, “en el que se tiene a La Meneses como uno de los que se intervendrá”.

Catastro y otras tristezas

En el paisaje de La Meneses, que tiene todos los tonos posibles del verde, también hay decorado en blanco y negro. Allí no hay casa que no tenga vacas, “mínimo por familia hay que tener unas diez para poder hacerse un salario mínimo”, dice un parroquiano. Viven de la leche, que está en sus peores tiempos, y algunos hasta sienten que sería mejor cambiar el negocio a carne.

Son gente querendona, amable, amplia. Son del campo, pero fruncen el ceño al mostrar las cuentas del nuevo predial. El municipio acaba de hacer una actualización catastral y esto disparó los valores de las casas, aunque el predial no les ha subido. Un habitante muestra cómo su inmueble, con la nueva liquidación, pasó de valer $64.721.000 a $405.124.000; a otro le pasó de $42.000.000 a $305.000.000 y otro más enseña un recibo donde se ve que su bien saltó de $127 millones a 1.003 millones: “eso es un abuso, sabiendo que no tenemos colegio, ni acueducto, ni carretera y ni un parque, ¿quién va a comprar una casa en ese valor en semejantes condiciones?”, dice y afirma que le duele la impotencia de no poder hacer nada.

“El predial no nos ha subido, pero espere y verá el batacazo”, advierte otro menesiño.

Para ajustar, no hay puesto ni centro de salud y cualquier urgencia o consulta les toca en San Félix o San Pedro, pero optan por este último municipio porque, a pesar de lo lejos, les queda más cerca.

La vereda está sobre el mismo cerro Quitasol, emblema de Bello, en el costado norte. Desde algunas viviendas se observa todo el Valle de Aburrá y hasta el corregimiento Santa Elena. Sus habitantes dicen que tienen derecho a la civilización. Que sus hijos se eduquen en un colegio que al menos tenga internet y computadores. Que abran los grifos y salga agua potable todo el tiempo, pues están en una zona con abundante recurso hídrico, que incluso surte los hogares de Medellín. Que la vía (de unos 10 km) sea pavimentada, pues la actual es casi intransitable en invierno.

Al respecto, la alcaldía dice que en 2020 se le hizo un mantenimiento, algo que la comunidad no niega, pero asegura que quedó mal hecho, “porque no hicieron canales para las aguas lluvias”.

Sobre el alumbrado público, la administración responde que se hizo una visita y que “no se viabilizó la instalación de nueva infraestructura, pues los puntos susceptibles a iluminar corresponden a predios privados en las diferentes fincas del sector”.

Así y todo, con las carencias y amarguras, La Meneses encanta. Pese a la altura de más de 2.800 metros, el sol también sale radiante y contrasta con el cielo azul, las nubes y arreboles. Los mejores colores de la Tierra están allí, a 30 kilómetros de Medellín y tal vez a 50 años atrás del progreso, de este 2022 de postpandemia, guerras y hasta esperanzas n

Contexto de la Noticia

radiografía historia ligada a una finca del sector hace 30 años

Según la historia conocida por tradición oral entre los habitantes, La Meneses nació como vereda independiente hace un poco más de 30 años. El primer líder comunal ampliamente reconocido fue Ramón Antonio Gómez Correa, a quien se le atribuye incluso el haber sido su fundador. Antes La Meneses pertenecía a la vereda Cuartas, pero dicen que los recursos se quedaban allí, en la parta baja y no llegaban a la parte alta, donde está ubicada. Para crearla se tomó el nombre de la finca más representativa del sector, que se llamaba Meneses. Hace un poco más de 30 años se registraron los estatutos de la JAC (Junta de Acción Comunal) con el nombre de vereda La Meneses. Édgar Gómez, hijo de Ramón Antonio (ya fallecido), dice que a los habitantes se les dice meneseños, de acuerdo con lo que le escuchaba decir para referirse a sus vecinos. La Meneses está habitada, según la JAC actual, por 69 familias, con un promedio de cuatro personas por hogar, lo que significa que son unos 280 pobladores.

Gustavo Ospina Zapata

Periodista egresado de UPB con especialización en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad, crónicas.


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