Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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Tras varias promesas, la Gerencia del Centro pondrá en marcha este mes un plan para resucitar
el espacio.
El sol, junto con la vida, decidió apagarse. Las mujeres y los hombres elevaron la vista al cielo, tras sepultar a su deudo, mientras caía la tarde. En sus adentros, pese al llanto, hubo silencio: estos trataban de asimilar el destierro. Aquel cuerpo querido, que fue carne en movimiento, quedaría a merced del tiempo, en una ladera, lejos de ellos.
La escena cobró vida en el cementerio San Lorenzo, entrada la tercera década de 1800. Allí, casi a la fuerza, fueron a parar los muertos. Los templos estaban atestados, pues no cabía un alma más bajo sus suelos. Y aunque enterrarse cerca de altares fue una forma de asir la eternidad, la “razón”, que se impuso en tantos pueblos, también dictó sentencia en ese respecto.
Una disposición borbónica llevó a las afueras de la ciudad los cementerios. Eso zanjó el destino del camposanto, el cual, dice uno de sus actuales cuidadores, pudo haber nacido muerto. Las afugias relatadas por el celador son evidentes en ese lugar donde ya nadie hace duelos. La...