Father, Mother, Sister, Brother, de Jim Jarmusch

“Podemos elegir a nuestros amigos, a nuestra pareja, pero la familia es la que nos toca”

Mario Fernando Castaño

 

¿En qué momento de nuestras vidas el tiempo y la distancia logran que el vínculo con las personas más cercanas se convierta en algo extraño, ajeno y hasta incómodo?

Esta película ha sido galardonada en 2025 con el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, y su narrativa se compone de tres historias que se desarrollan en países diferentes, con situaciones afectadas por las variables continuas del azar, pero que las conectan de una manera poética con un conjunto de detalles casi imperceptibles, como la vida misma.

Padre, relata la visita de dos hijos (Adam Driver, Jeff y Mayim Bialik, Emily) a su padre (Tom Waits) quien vive en una zona alejada y nevada de los Estados Unidos, en donde la quietud de los paisajes juega a ser una fotografía impresa en el tiempo y que apoyan la frialdad del momento. La comedia triste y las situaciones en las que se intuye un pasado lleno de preguntas sin respuesta alimentan los silencios incómodos, el amor se convierte entonces en un trago amargo lleno de lástima y culpas que se pretenden ignorar tras la aparente preocupación que denotan un olvido mutuo tras la pérdida de la madre, un pilar vital que ahora está roto y que como resultado lleva a que los afectados tomen caminos separados llenos de secretos no revelados.

Madre, se desarrolla de manera similar, pero esta vez es en Irlanda en donde, a pesar de vivir en la misma ciudad, las hijas (Cate Blanchett, Timothea y Vicky Krieps, Lilith), visitan a su madre (Charlotte Rampling), una famosa escritora, cada año en un suburbio opulento de Dublín. El amor está presente, pero es distante, se llegan a acuerdos involuntarios que crean reglas que nadie quebranta a pesar de que los lazos familiares se vean afectados. El respeto y la malicia infantil en la complicidad de las hermanas frente a la figura materna se deja ver por momentos, repitiendo rituales marcados por una educación tradicional, mientras la tensión por mantener sus actuales vidas secretas es cada vez más notable.

Hermana, hermano, se sitúa en París en donde los hijos (Indya Moore, Skye, y Luka Sabbat, Billy) se reencuentran para dar una última despedida simbólica a sus padres que perdieron la vida en un accidente aéreo. Los silencios, a diferencia de las otras historias, son compartidos, la complicidad en la hermandad logra que el dolor sea más llevadero al visitar el lugar que fue testigo de su infancia y que ahora con su aplastante vacío respira un pasado lleno de momentos inolvidables que despiertan sonrisas nostálgicas y llantos que aparecen por sorpresa ante la presencia absoluta del fin.

Esta tríada se compone de situaciones, que aunque separadas por circunstancias y locaciones, son atravesadas por detalles sutiles, como es el cuestionar la autenticidad de un reloj, el debatir sobre la calidad del agua y preguntarse si es correcto brindar con ella, los comentarios repetitivos, los planos subjetivos que llevan al espectador a los diferentes lugares y los cenitales en donde se muestran los diferentes rituales gastronómicos o los skaters que se muestran como una metáfora de la vida en el que, a pesar de sentir que las situaciones son ajenas, al contrario, son más comunes y cotidianas de lo que pensamos y en las que estamos reflejados, conectando así con el espectador e invitando a una reflexión en donde todos nos identificamos como seres humanos en el amor resquebrajado por el tiempo y las ausencias que se traducen en la torpeza de los abrazos forzados, los comentarios que intentan tapar silencios que transforman los minutos en horas y la necesidad de volver a las cómodas rutinas, las cuales pretenden ignorar la fría realidad a la que se ha llegado por decisiones que danzan entre los aciertos y desaciertos que se toman en el camino.

El director, siendo fiel a su sello visual y narrativo, logra comunicar de una manera sutil y muy humana una reflexión profunda acerca del cómo el azar rige el resultado de lo que somos y que, en ocasiones, lleva a que nos alejemos de manera injusta de las personas que de alguna manera siempre han estado a nuestro lado, que nos han amado con transparencia y sin condiciones y que, en este caso, es la familia como núcleo afectado, reflejando un desvanecimiento imperceptible, inconsciente e irrecuperable en ocasiones. Nos abrimos a otros con más facilidad que con los que comparten nuestra propia sangre, quizás porque suponemos que al conocernos más se exponen las grietas de nuestra fragilidad.

Solo queda el tiempo que, como un viejo sabio, invita a recuperar el tiempo perdido, a no llenar los momentos con vacíos, a dar el valor que el presente merece siendo conscientes de lo efímero, cultivando sonrisas y experiencias que sabemos son invaluables e irrepetibles porque la vida es fugaz y cuando las ausencias se hagan sentir por el paso ineludible del final absoluto ya no habrá vuelta atrás.

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