Pickpockets: Maestros del robo, de Peter Webber

Los aprendices del cosquilleo

Oswaldo Osorio

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Se dice que el cuarto cine es aquel que toca los temas del tercero (la realidad social latinoamericana) con el lenguaje y los esquemas del primero (el de Hollywood). En ese sentido, esta película pertenece a ese tipo de cine, con todo lo que esta –a veces contradictoria- combinación implica, pues su director, que es un inglés que pertenece a la industria del cine, se vino a Colombia a hacer una película sobre carteristas y delincuentes.

Se trata de un thriller no muy complejo mezclado con ese tono de las películas de adolescentes que están en la transición de abrirse al mundo y llegar a la adultez. Por estos dos esquemas y por la procedencia del director, quien ha hecho filmes como La joven del arete de perla y Hannibal: el origen del mal, necesariamente tenía que tener una narración y un argumento llenos de lugares comunes y recursos harto conocidos.

Y eso no siempre es un problema en el cine de género, pero sí parece serlo en este caso cuando se aplica a este contexto, porque sistemáticamente empiezan a aparecer una serie de momentos y detalles que solo se pueden ver como artificios o salidas inverosímiles. Esas inconsistencias empiezan por los mismos diálogos y expresiones que un par de “rateritos” bogotanos se ven obligados a recitar por un guion escrito por un extranjero; o incluso por la misma concepción de un personaje como el de Juana, puesta en la historia por razones ajenas a la trama, sino más bien por conveniencias comerciales.

Y es que estos problemas de la película se originan justo como consecuencia de esa mixtura de cines mencionada inicialmente. El tipo de personajes y el contexto de marginalidad y delincuencia definen lo que normalmente es una película realista colombiana, sin embargo, la construcción de estos personajes, sus relaciones y la orientación que se le da a su argumento son los de un thriller juvenil de película extranjera que tiene todas las condiciones para enganchar al público: jóvenes bonitos y agradables, villanos despreciables, historia de amor, escena de sexo bajo la lluvia y final complaciente.

Y no es que se trate de una obra denostable o imposible de ver, pues seguramente espectadores más desprevenidos o un público por fuera de Colombia bien podrían disfrutar de esta historia cargada de giros argumentales y en medio del exotismo que puede verse en una capital latinoamericana, pero otra cosa es verla a la luz del cine colombiano, que ha tocado tanto estos temas, personajes y contextos. Desde esa óptica, se trata de una película forzada y artificial que desconoce las sutilezas del universo en que se desarrolla y le quiere calzar unos esquemas y recursos que no se le ajustan bien.  Ah, el segundo cine es el de autor.

El cine de Medellín y la violencia

Matar a Jesús, al Zarco, a Rosario, al Animal…

Oswaldo Osorio

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En el cine de Medellín siempre ha estado presente la violencia. Incluso en la inocencia y prosperidad de los años veinte, la película que inaugura esta cinematografía local, Bajo el cielo antioqueño (Gonzalo Acevedo, 1925), tiene un asesinato como parte esencial de la trama. Y después de Rodrigo D (Víctor Gaviria, 1990), la violencia ha sido el centro de prácticamente todas las producciones paisas, por lo que es el elemento que más define su cine, como también el aspecto que mejor ha posibilitado obras reflexivas y comprometidas con entender y explicar esta ciudad.  Continuar leyendo

Django, de  Étienne Comar

El gitano impasible

Oswaldo Osorio

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Esta es otra película sobre nazis y otra película biográfica sobre un artista. La diferencia está en la combinación de esas dos historias tan recurrentes en el cine, por lo que consigue hacer comentarios adicionales que la alcanzan a distinguir de otros filmes con esos temas. Aun así, no se trata tampoco de una obra muy reveladora ni inspiradora, su relato transcurre sin sobresaltos contando e ilustrando las vicisitudes y dilemas del célebre músico cuando le tocó vivir en tiempos oscuros.  Continuar leyendo

Rodin, de Jacques Doillon

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Lo humano en el mármol

Oswaldo Osorio

Hacer un biopic (biografía cinematográfica) tan convencional sobre un artista que, literalmente, quiso romper los moldes de su arte y su época, es la contradicción imperdonable de esta película. Y no es que se trate de un filme insufrible, sino que es una lástima que las posibilidades plásticas y dramáticas de la vida del más célebre escultor de todos los tiempos no hayan sido mejor aprovechadas.

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Todo el dinero del mundo, de Ridley Scott

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La madre y el avaro

Oswaldo Osorio

Cuando el dinero se convierte en el objetivo de la vida en sí mismo, y no en un medio para conseguir otras cosas, como el bienestar, por ejemplo, entonces las personas y las relaciones con los demás pasan a un segundo plano, así como la percepción de lo que es importante y esencial en la existencia. Esta película es una visión sobre esa forma de concebir el dinero, pero también es una historia de supervivencia y un thriller, aunque envolvente, no demasiado intenso ni apasionante.

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El proyecto Florida, de Sean Baker

Basura púrpura y rosa

Oswaldo Osorio

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El “sueño americano” y su recompensa, la “forma de vida americana”, es solo un suntuoso ideal del que está excluido un considerable sector de la población estadounidense. Los protagonistas de esta película hacen parte de esta exclusión, familias incompletas que tienen viviendas que ni alcanzan a ser casas, solo las habitaciones de un colorido motel en Orlando, no muy lejos de la tierra de ensueño de Disney, con ese castillo de cuento de hadas que representa todo lo feliz y lo fantástico. Continuar leyendo

Matar a Jesús, de Laura Mora

“Dispare con odio”

Oswaldo Osorio

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La realidad, la violencia y la marginalidad siguen instaladas en el mejor cine de Medellín. Es tan inevitable como necesario que el cine (y no la televisión, con su tendencia a banalizarlo y glamurizarlo todo) continúe explorando y reflexionando sobre estos tópicos, con ese compromiso y cercanía que logra para entender la complejidad de unos personajes y su contexto, así como para trasmitirle al espectador, no solo una historia, sino casi una vivencia y un entendimiento más sensible de estas problemáticas. Continuar leyendo

Mudbound: El color de la guerra, de Dee Rees

Sucios, pobres y con odio

Oswaldo Osorio 

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Cuando los Estados Unidos apenas estaba saliendo de la Gran depresión económica de los años treinta, entró a la Segunda guerra mundial, mientras en regiones como el sur del país se cocía cada vez más ese odio y tensión racial que en menos de veinte años estallaría con violencia. Este es el contexto en el que se desarrolla esta historia de malestar y consternación, protagonizada por dos familias que solo buscan sobrevivir en medio de la guerra, los prejuicios y el barro.

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Tres anuncios para un crimen, de Martin McDonagh

Fábula de la furia

Gloria Isabel Gómez – Escuela de crítica de cine

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Muchas películas abordan el amor de una madre: Lo que estaría dispuesta a hacer por sus hijos, sus gestos de amor y su innegable capacidad de sacrificio. Sin embargo, en Tres anuncios para un crimen (Three Billboards outside Ebbing, Missouri) la protagonista es una mujer fuera de lo común, pues, a simple vista, sus acciones parecen más de odio que de amor y todas sus energías se concentran en hacer justicia por la hija que perdió, ignorando, por momentos al hijo que todavía le queda.

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Lady Bird, de Greta Gerwig

Ese tufillo indie

Oswaldo Osorio

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Todo en esta película resulta demasiado familiar, desde el esquema argumental y emocional de historia sobre la “llegada a la adultez”, pasando por el odioso contexto del high school estadounidense, hasta ese tono de cine independiente que ya también es un esquema definido y reconocible. Aun así, la combinación de estos lugares comunes no necesariamente es tan simplista y tediosa como su enumeración, pues efectivamente es una película que, sin sorprender ni emocionar mucho, termina siendo sólida y consecuente en sus intenciones.

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