Roma, de Alfonso Cuarón 

La vida sin hombres

Oswaldo Osorio

roma

Parecería un poco obvio decir que el cine ambientado en el pasado transporta al espectador a esa época, pero esto sirve para precisar que la mayoría de las películas utilizan esa época como contenedor de su historia, que determina algunos de sus aspectos; sin embargo, hay otras, como esta de Cuarón, en que la época misma es también protagonista, porque este es un relato no solo sobre una empleada del servicio y esa familia para la que trabaja, sino también sobre cómo era Ciudad de México y la vida de la clase media a principios de los años setenta.

Aunque la historia y su contexto tienen como base las remembranzas de la infancia del director, este decidió focalizar el relato y el punto de vista en Cloe, una de las empleadas del servicio, una joven de ascendencia indígena que encarna esa ambigua relación que muchas veces se da entre las empleadas domésticas y la familia para la que trabajan, esto es, que a veces parece solo un ente servil y hasta vituperado por su patrona, mientras otras es tratada como miembro más de la familia.

De hecho, todo el arco dramático de la película se dirige progresivamente a estrechar ese vínculo, para lo cual la ausencia de los hombres, presentados como seres primitivos e irresponsables, funciona como un motivo de fuerza y cohesión para esas dos mujeres -la empleada y la patrona- quienes tienen que pensar en su progenie. Incluso los niños, que se presentan como su razón de ser y una constante en el sonido ambiente, no son casi individualizados ni construidos como personajes, incluso apenas si les dedican un par de primeros planos en toda la narración.

Por otra parte, siendo un relato más de configuración de una cotidianidad que de trama, el contexto, sus matices y circunstancias están siempre en primer plano: desde el detalle de los productos que se consumían hasta el gran tema de las protestas estudiantiles, en medio de lo uno de lo otro hay múltiples aspectos, temas y guiños, como el gusto por ir al cine, la desigualdad social, la carrera espacial, los programas de televisión, los juguetes del momento, y en fin, toda una minuciosa recreación de la época que no solo es parte del decorado, sino que está pensada para construir un universo orgánico, lleno de nostalgia y connotaciones históricas y sociales.

Con un blanco y negro que puede ser una alusión directa a esa nostalgia y a la memoria de lo pretérito, Alfonso Cuarón concibe también una cuidada construcción de sus imágenes, las cuales tienden más a una estética evocadora que al realismo. Igual ocurre con la minuciosa composición de cada plano y esos insistentes travellings, que se mueven con lentitud pero que muestran su afán de describir ese universo material que la película reconstruye.

Y aquí entra en la ecuación la forma en que la mayoría del público verá esta película, pues se trata de una producción de Netflix. Y es que sin duda esta es un filme que se puede apreciar mejor, en su imagen y sonido, en el gran formato y calidad de una sala de cine. Son nuevos tiempos, pero es una lástima que un cine de tal belleza y calidad se vea constreñido a los límites del televisor, la tablet o el computador.

La balada de Buster Scruggs, de los hermanos Coen

Historias de vaqueros

Oswaldo Osorio

baladabuster

Una película de los hermanos Coen siempre será un acontecimiento cinematográfico que difícilmente decepcionará, no importa que no se pueda ver en cine sino tener que limitar toda su inventiva visual a la pantalla del televisor porque solo fue estrenada en Netflix. Aunque se muestra como si se tratara de la adaptación de un libro, en realidad son seis historias independientes ambientadas en el Viejo oeste, escritas por los Coen y solo dos de ellas adaptadas de un par de cuentos.

Aunque ya con Temple de acero (2010) habían incursionado en el western, el tono y estilo de esta película son muy distintos, pues en buena medida dejan el realismo de lado y retoman la estilización visual y verbal de algunos de sus filmes (Barton Fink, ¿Dónde estás hermano?), así como el humor negro y su vocación de contadores de historias de otros más (El quinteto de la muerte, Hail, César!). Son relatos en los que abordan temas diversos, pero todos están unidos por un cierto sino trágico y violento.

El relato que da nombre a la película es sobre un pintoresco ladrón, asesino y juglar. Un cuento divertido y juguetón, lleno de música y diálogos coloridos solo superados en ingenio por las distintas formas de matar que presenta; por eso arece más una fábula musical malvada que un western. El segundo relato, titulado Near Algodones, es sobre un ladrón de bancos con tan mala fortuna que vive más cerca de la soga de la horca que del polvoriento suelo. Hay en él siempre un gesto de pesadumbre y derrota (el gesto de siempre de James Franco funciona muy bien) con el que cualquier espectador se identifica por vía de la compasión, cuando no del patetismo.

Meal Ticket y The Gal Who Got Rattledes son dos historias desprovistas del humor negro de las demás y que ahondan más en la naturaleza emocional de sus personajes. También son los episodios más descorazonadores. La primera es acerca de un espectáculo ambulante en el que un hombre sin extremidades declama un relato épico y cargado de retórica; mientras el segundo es el sueño de una joven por encontrar una nueva vida en una caravana colonizadora. Los de estas historias son los personajes más vulnerables y desamparados en medio de la hostilidad de esta época y ese entorno.

All Gold Canyon empieza con una melodía en la terrosa voz de Tom Waits emergiendo de entre unos arbustos. Es un viejo buscador de oro que tiene que defender su trabajo y su fortuna. Se trata de una historia de soledad, malicia y violencia en medio de un sobrecogedor paísaje. Y finalmente, The Mortal Remains transcurre en una diligencia en la que cinco personas exponen su visión del mundo y discuten sobre temas varios. Es un despliegue de diálogos y gesticulación para el lucimiento de los actores.

Salvo por esta última, no es posible avanzar en una reflexión más honda de las historias sin contar esos finales sorprendentes y contundentes que las definen, porque son relatos que empiezan y se desarrollan con el encanto exótico y aventurero de las historias del Viejo oeste, pero que terminan con un mazazo, después del cual empieza en la cabeza del espectador otro proceso de revisión y relectura de cada cuento.

Luis Ernesto Arocha y el cine experimental colombiano

Al calor del experimental

Oswaldo Osorio

La nueva edición de la Revista de cine Kinetoscopio acaba de salir y está dedicada al cine del Caribe colombiano. Este artículo hace parte del dossier especial, en el que también se encuentra una mirada panorámica al cine de la región, textos sobre Pacho Bottía, Roberto Flores Prieto y Ciro Guerra.

kineto123a

Existe la idea generalizada de que La langosta azul (Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Luis Vicens, Enrique Grau, 1954) es una película experimental, la primera del país, por demás. El gran reconocimiento de los artistas que la firman parece legitimar esa creencia, así como algunas pocas imágenes con cierto tono surreal. Pero lo cierto es que se trata de un relato de ficción con todos sus elementos (personajes, acción, conflicto, argumento), aunque sin sonido. No obstante, hay que reconocerle que es un cortometraje muy distinto a ese escaso cine que se hacía por la época en Colombia y con unas significativas e inéditas intenciones estéticas y expresivas.  Continuar leyendo

Bohemian Rhapsody, de Bryan Singer

De la lustración musical

Oswaldo Osorio

bohemian

Es difícil hacer una biografía cinematográfica sin que sea solo una ilustración de los hechos que vivieron sus protagonistas, en este caso la banda inglesa Queen y su vocalista Freddie Mercury. Más que una cronología de acontecimientos, un biopic debe ser, valiéndose del poder expresivo del cine, la representación de ese espíritu que define a las personas de las que está hablando. Esta película tiene más de ilustración que de la representación de ese espíritu, por lo que su valor puede ser relativo, dependiendo del tipo de espectador que la vea.  Continuar leyendo

La Torre, de Sebastián Múnera

Será mejor que bajemos a confundir su idioma

Manuel Zuluaga – Escuela de crítica de cine de Medellín

56883_9075_es_fotografia_900_410

Una de las tendencias del cine contemporáneo que más me cautiva, es aquella en donde el ser del film radica en un espacio: escenarios vivos y muertos que son explorados por la cámara, y que buscan la atmósfera antes que la anécdota. Atrás queda la trilogía de Escola, o “la película de institución”, de Frederick Wiseman, ahora la exploración se acerca desde la vanguardia, y la reflexión es una duda formal y autoral que encara al espectador, en una prueba de resistencia. En La Torre (2018), ópera prima del artista plástico Sebastián Múnera, la Biblioteca Pública Piloto de Medellín es el centro del dispositivo cinematográfico, y protagonista absoluto.  Continuar leyendo

Halloween, de David Gordon Green

La mujer, la experiencia y el amor por el horror

Santiago Colorado – Escuela de crítica de cine de Medellín

Halloween-Comic-Con-700x300

La última vez que fui tan feliz en una sala de cine fue durante Trainspotting 2, que curiosamente también era la secuela de un clásico del siglo pasado. Esto me lleva a concluir que quizá a este tipo de películas solo lo pueden amar –y apreciar por completo– los y las verdaderas fanáticas.  Continuar leyendo

Poesía sin fin, de Alejandro Jodorowsky

El arte como liberación

Oswaldo Osorio

poesiasin

Jodorowsky es un director de cine de culto que lo que menos ha hecho en su vida creativa es cine. Dramaturgo, artista, poeta, autor de cómics, místico y hasta fundador de una especie de filosofía o técnica de curación a la que llamó psicomagia. Pero solo ha realizado ocho largometrajes, casi todos ellos dueños de un ímpetu delirante y surreal, cargados de imágenes potentes y sugerentes que tocan temas trascendentales de la espiritualidad y la existencia. Continuar leyendo

The Wife, de Björn Runge

Cuando la historia depende de uno solo

Verónica Salazar – Escuela de Crítica de cine

1410495992-kPJH--620x349@abc

El cine en Hollywood, en su interés por hacerle pensar al espectador que está ante historias diversas, tiende a variar ligeramente sus fórmulas dentro de los límites que la misma industria se pone. Es sabido que este tipo de películas se hace pensando siempre en la receta y en su fácil acogida en el público, y The Wife no es la excepción. Sin embargo, es de esas piezas que no es completamente predecible ni completamente repetida, por lo que darle una mirada a su propuesta no está de más. Continuar leyendo

Lucky, de  John Carroll Lynch

Sonreírle a la muerte

Oswaldo Osorio

lucky

Esta es la película de dos actores: la primera de John Carroll Lynch, uno de esos buenos y eternos segundones del cine estadounidense; y la última de Harry Dean Stanton, otro histórico segundón con un gran prestigio entre el gremio del cine y la televisión de su país. Situados cada uno en esos extremos de  experiencia, sorprenden igualmente, el primero por el buen pulso para dirigir su ópera prima de forma sosegada y profunda, y el segundo por realizar su canto de cisne en un papel que parece hecho a su medida. Continuar leyendo

Barbara, de Mathieu Amalric

En la piel de una diva

Oswaldo Osorio

barbara

En esta película una actriz, Jeanne Balibar, interpreta a dos mujeres, a una célebre cantante francesa de los años sesenta y setenta, Barbara, y a una actriz quien, a su vez, encarna a la cantante en una película para un obsesionado director. Es el arte de la creación dentro de una creación, un relato provisto de sutiles capas que el espectador debe identificar y, si esa es su forma de ver el cine, adivinar los pasajes en que una simulación se transforma en la otra. Continuar leyendo