María H
Comunicadora audiovisual / estudiante de posgrado
Traicionera – Pastor López
https://www.youtube.com/watch?v=Uz4OOpYWs0A
Oiga, es bien interesante que en esta canción estemos hablando de traición, pero que el videoclip nos muestre una tradición con la que no estoy de acuerdo, aunque la vi muchísimas veces desde pequeña: la pelea de gallos. Y eso ya dice mucho. El video termina representando dos cosas que han sido históricamente normalizadas: la sexualización de las mujeres y la violencia convertida en espectáculo. Como si las relaciones fueran, básicamente, una pelea de gallos.
Y no cualquier pelea. Una donde el honor, el orgullo y la masculinidad se juegan frente a otros, donde alguien tiene que ganar y alguien tiene que perder. Llevar esa lógica a las relaciones humanas ya es raro, pero hacerlo poniendo a las mujeres como el cuerpo de esa pelea lo vuelve todavía más incómodo —y sí, misógino—. Como si ese fuera el lugar que nos toca ocupar ahí.
El paralelismo es fuerte: mujeres compitiendo por amor o por afecto, enfrentadas entre sí, puestas a “pelear” simbólicamente. No contra la traición, no contra el sistema, sino entre ellas. Como si el problema nunca fuera más grande. Como si el conflicto siempre fuera femenino. Y el deseo masculino quedara ahí, callado, como el premio que nadie cuestiona.
Yo amo la música festiva, la música de diciembre, la que se baila sin pensar mucho. Esa que suena en la casa, en reuniones familiares, cuando todo parece más liviano y uno baja la guardia. Pero justo por eso, cuando uno se detiene a mirar la letra y, sobre todo, el videoclip, esto se vuelve un ejemplo bastante claro de los problemas que seguimos cargando como sociedad conservadora, machista y profundamente eclesiástica. Problemas que se esconden muy bien detrás de la tradición, de lo “típico”, de lo que supuestamente no se cuestiona.
Volver a ver este videoclip hoy es raro. Por momentos es divertido, sí, pero también molesto. Hay algo incómodo en reconocer lo familiar. Ver mujeres entrando a una gallera y siendo representadas como parte de la pelea —como si ellas mismas tuvieran que pelear como gallos—, a mí eso me dejó fría. Porque no es solo una metáfora exagerada: es una imagen que dice mucho sobre cómo históricamente se ha esperado que las mujeres se relacionen entre sí.
No sé si quienes idearon este videoclip pensaron realmente en las repercusiones de usar estas imágenes, o si simplemente estaban respondiendo a una lógica que en su momento parecía normal. Tal vez ni siquiera se lo preguntaron. Tal vez la idea era solo provocar, divertir, exagerar un poco. Pero igual el mensaje se filtra. Es difícil no leer ahí la idea de mujeres enfrentadas entre sí por un hombre, algo que hoy, sin duda, sería funado en internet.
Y, aun así, lo que más me inquieta es reconocer que durante mucho tiempo eso no solo fue aceptado, sino celebrado. Convertido en chiste, en metáfora romántica, en espectáculo. La traición casi queda en segundo plano; lo que importa es la competencia. Quién gana. Quién pierde frente a otra mujer.
¿Es moralmente adecuado? No lo sé —y no lo creo—. Pero humanamente, y culturalmente para muchos colombianos, tiene tanto sentido que duele un poco. Duele porque nos obliga a mirar de frente lo que normalizamos sin pensar. Porque muestra cómo la tradición también puede ser una forma de violencia simbólica. Y porque, aunque hoy nos incomode, seguimos bailando la canción, cantándola, repitiéndola… como si ese pasado no estuviera tan lejos.
Y, la verdad, es que no lo está.
