Formalizar la mano de obra suena abstracto y frío, pero pensar en mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, reconocer sus destrezas y brindarles nuevo conocimiento para brindarles mayor seguridad laboral es un objetivo mayúsculo.
Eso es, precisamente, lo que se busca con la educación para el empleo y el desarrollo humano (ETDH), explica Carlos Emilio Barrera, rector de Cencala.
“Estamos en un sistema productivo que necesita más personas del nivel técnico y tecnológico que universitario”, explica el directivo.
Agrega, para ejemplificar, que por un médico se requieren 10 auxiliares de enfermería, o por un ingeniero, tres o cuatro tecnólogos y 20 operarios más. Es decir, se requiere más personas formadas en este nivel educativo.
Por eso, opina, es necesario que ese personal esté todo calificado y cualificado para sus labores. “Para poder competir necesitamos que haya más trabajadores certificados y calificados”, señala.
El objetivo es doble, pues primero apunta a mejorar la competitividad de las organizaciones, “pero va más allá de lo económico”, porque es una propuesta que va dirigida a todos los sectores productivos y de servicios.
“Al formalizar la mano de obra se adquiere un conocimientos que acompañen sus destrezas y que les permitan pasar al campo, valga la redundancia, de la formalidad laboral, con claros beneficios como mejores salarios y pensiones. Es un modelo en el que todos ganan”, concluye Barrera.
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