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El mapa del exilio colombiano tras décadas de conflicto armado

  • FOTO ARCHIVO REUTERS
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Por Santiago Cárdenas H. | Publicado el 23 de septiembre de 2018

Durante el recrudecimiento del conflicto armado, después del año 2000, cerca de 400.000 colombianos tuvieron que cruzar las fronteras para salvar sus vidas y las de sus familias. (Cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica)

Aunque Venezuela, Ecuador y Panamá fueron los principales lugares de destino de los colombianos exiliados, la mayoría de países recibieron a compatriotas que buscaban una nueva vida lejos del ruido de las balas.

La mayoría de estas víctimas fueron campesinos, indígenas y afrodescendientes quienes, en muchos casos, sufrieron primero un desplazamiento interno y luego se vieron forzados a cruzar las fronteras internacionales.

Esta forma de violencia fue documentada por el Centro Nacional de Memoria Histórica en su informe Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras.

La población de exiliados y migrantes de Colombia por temas asociados al conflicto es una población muy grande. Es uno de los renglones de víctimas más altos del país y sobre los cuales poco o nada se ha hecho. Esto es un reto, es volver a inventar su identidad en otra cultura. No solo hay una privación de la suya, sino que se ve afrontado al reto de confrontarse con otra a la cual le toca adaptarse y negociar”, afirmó Gonzalo Sánchez, director del Centro de Memoria Histórica.

De acuerdo con la investigación, en Ecuador, Panamá y Venezuela, existe el mayor número de víctimas colombianas en situación de “refugio de hecho”, es decir, que no han sido reconocidas con estatus de refugiados por las autoridades de esos países.

Las cifras más actualizadas sobre este tema son del 2016, y muestran que el 93% de las personas refugiadas en los países vecinos eran de nacionalidad colombiana.

Según la investigación, a comienzos del 2017, cada mes llegaban a Ecuador aproximadamente 418 colombianos en busca de protección internacional, a causa de la violencia. Hoy, habría unos 100.000 colombianos refugiados o en condición similar.

Panamá, por su posición geográfica, es otro de los principales países receptores de colombianos con necesidad de protección. A finales del 2016, había 2.350 colombianos refugiados reconocidos en ese país, y aproximadamente otros 15.000 viviendo en situación similar a refugiados, según estadísticas de la Oficina Nacional para la Atención de Refugiados de Panamá.

Venezuela es otro de los países que más ha acogido a población colombiana exiliada a causa del conflicto. En el último censo, a comienzos del 2015, se registraron unos 720.000 colombianos que residían allí, casi todos en la frontera y en Caracas.

Pero la crisis política y humanitaria que está enfrentando ese país, obligó a muchos de estos refugiados a retornar a Colombia.

Exilio no migración

El exilio representaría el segundo hecho victimizante con mayor número de personas afectadas, después del desplazamiento forzado interno, afirma el estudio.

Cabe señalar, que esos colombianos exiliados no son migrantes que decidieron instalarse en otro país, sino que se vieron obligados a huir para proteger sus vidas y las de sus familias.

Esa dinámica llevó a que en 2017 Colombia llegara a ocupar el tercer lugar en cuanto al mayor número de personas refugiadas en el mundo, superando a Sudán, Somalia y la República Democrática del Congo, con conflictos altamente expulsores. Desde entonces, si bien ha bajado algunos lugares en el escalafón, sigue ocupando el primer lugar en América Latina.

“Que Colombia figure dentro de estas cifras es un tema preocupante porque, si bien es cierto que cada país tiene un contexto único y particular, su dimensión no tiene referente similar en la región, lo que muestra el poder expulsor del conflicto armado, que solo tiene puntos de comparación con países en África, Asia y Oriente Medio”, afirma el estudio.

De acuerdo con los registros de Acnur, en la última década, más de medio millón de colombianos habrían sido refugiadas o se encontraban en situación similar en diferentes partes del mundo.

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“A pesar de esta estimación, la cifra exacta del total de personas, grupos y comunidades exiliadas sigue siendo desconocida pues los reportes oficiales no incluyen a quienes salieron huyendo del conflicto sin solicitar protección internacional”, afirma el estudio.

Los colombianos, según este informe, han buscado protección principalmente en los países fronterizos, en Norteamérica, en Europa, y en menor medida en Asia y Oceanía.

En el mapa se puede ver cómo en la primera década, Norteamérica, Centroamérica y Suramérica registran el mayor aumento en las estadísticas de población colombiana refugiada. Mientras en la década de 2010, las cifras de colombianos refugiados disminuyen de forma significativa en todos los rincones del planeta y los países del hemisferio sur son los que tienen el mayor peso migratorio.

“Los exiliados muchas veces tienen que enfrentar un limbo jurídico –temporal o incluso permanente– en el que no gozan del ejercicio pleno de la ciudadanía y de sus derechos en los países de acogida”, agrega el estudio.

Además, los exiliados viven entre profundas soledades y obstáculos. “La población colombiana exiliada ha tenido que hacerle frente a las huellas del conflicto armado más allá de las fronteras. De hecho, en muchas ocasiones han sido discriminados donde intentan restablecerse, incluso por los propios compatriotas”, explica el estudio.

Pero no todo es malo, la transformación del país en temas de seguridad tras el proceso de paz constituye para muchos una motivación para volver. “Lo cierto es que, a partir de este punto, la historia de los exilios colombianos comenzará a escribirse de una nueva manera, teniendo como base el fin de la guerra y como telón de fondo, los mecanismos de justicia transicional”, dice el estudio.

Aunque para otros, que han vivido exiliadas periodos muy largos, el retorno ya no es un deseo, pues llevan muchos reconstruyendo sus vidas. Pero lo que sí debería tenerse en cuenta es una reparación colectiva para este tipo de personas que tuvieron que salir del país por la guerra.

“En Colombia, la legislación nacional aún no ha reconocido plenamente el exilio como una forma de violencia derivada del largo conflicto armado interno. La institucionalidad no contempla mecanismos para reparar los daños propios que supone esta experiencia”, afirma el estudio.

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Los exiliados y el caso del Darién

Las personas exiliadas varían desde lo político a lo comunitario y el estudio encontró que hay figuras públicas como artistas, juristas, sindicalistas, escritores, funcionarios públicos, políticos y periodistas, pero también personas menos reconocidas como estudiantes, profesores, líderes y lideresas.

Las historias también evidencian que esa forma de victimización afectó de manera indiscriminada a grupos de mujeres, niños, adultos mayores, discapacitados y sectores sociales LGBTI, grupos étnicos como indígenas, afrocolombianos, palenqueros y raizales. Grupos que sufren más el abandono de su territorio por la violencia de género, discriminación, acoso físico y psicológico.

Toda esa población exiliada no solo ha tenido que salir del país como consecuencia de persecuciones, amenazas, secuestros y asesinatos selectivos, sino también por persecuciones colectivas, como el despojo de tierras y los desplazamientos forzados.

Uno de los casos que señala el estudio es el de la población colombiana que atravesó la cruda selva del Darién para huir de la guerra a finales de la década de 1990. Cabe señalar que el Urabá antioqueño y chocoano fue uno de los más azotados por el conflicto armado por la guerra entre paras y guerrilla, por lo que fue la zona del país que más personas expulsó de su territorio.

“Tuvimos que salir obligados en el año 1997, recuerdo que mis padres me trajeron de pecho. Salimos huyendo porque un grupo armado llegó al pueblo donde vivíamos y empezó a acribillar a las personas. Todas las personas tuvieron que salir huyendo, para no ser sacrificadas igual. Después de eso, salimos rumbo hacia la frontera y la cruzamos hasta llegar acá a Panamá”, cuenta uno de los exiliados entrevistados en el estudio.

“En Acandí eso fue horrible, a las personas las mataban, les cortaban las piernas y las dejaban allí. A uno le tocaba ver a esas personas. Eso fue algo impresionante, yo temblaba, vomitaba, me acuerdo, yo vomitaba del miedo, de los nervios. Todos los días a las seis de la tarde, las balas se veían rojitas que llegaban a la pared, al techo y al otro día uno se asomaba y veía los huecos. Entonces, después de ver tantas cosas, ahora no hay nada que me impresione. Se muere un vecino y me dicen: “Ay, se murió”, pero a mí no me da nada. Uno pierde la sensibilidad”, afirma otra mujer exiliada en Panamá.

Desde el exilio, según este informe, los colombianos han retomado su lucha en movimientos sociales o políticos como lo hacía antes en Colombia, en organizaciones que han servido de puente para diversas iniciativas. Otros se han organizado con otros exiliados para compartir sus experiencias.

“Organizarse es un mecanismo de resistencia para reivindicar sus derechos, para que se reconozcan sus necesidades, luchas y resistencias, para avanzar en su deseo de transformación de las políticas públicas y para desarrollar agendas de incidencia social y política, que visibilicen su situación como migrantes forzados”, concluye el estudio.

Vea el informe del Centro de Memoria Histórica sobre el exilio

Contexto de la Noticia

Santiago Cárdenas Herrera

Periodista de temas de actualidad en el área digital, comunicador social y periodista con estudios de maestría en Ciencias Sociales.

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