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La experiencia que está viviendo Colombia por estos días ya la habían transitado Sudáfrica y Chile. En ambas votaciones se superó el miedo.
Se oía a diario, en televisores y radios de Santiago, de Valparaíso y otras ciudades: “aunque el marxista se vista de seda, marxista queda”. En 1988, la campaña del miedo en Chile intentó evitar que la reconciliación, la convivencia, la tolerancia a las diferencias, y en suma la democracia, se anotaran un triunfo en el plebiscito del 5 de octubre.
Gran parte del pueblo le tenía miedo al fantasma del comunismo. Pensaban que si se daba fin a la dictadura de Augusto Pinochet, el país transitaría nuevamente por episodios de caos como los de 1973. El régimen era consciente de esto, y diseñó una campaña para exacerbar esos “temores a lo rojo” entre la población.
Sudáfrica vivió una antesala similar al plebiscito que realizó en 1992. El Partido Conservador pudo capitalizar de entrada el miedo entre los ciudadanos blancos a un gobierno de los negros. “Frederik de Klerk es el único mandatario en Occidente que está negociando su salida, la de su partido y la de su pueblo del poder. Nosotros nunca...