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José Libardo Porras, un hombre que se hizo literatura

  • Aunque empezó Ingeniería Industrial se cambió a licenciatura en Español y Literatura. FOTO edwin bustamante
    Aunque empezó Ingeniería Industrial se cambió a licenciatura en Español y Literatura. FOTO edwin bustamante
Por Valeria Murcia Valdés | Publicado el 23 de octubre de 2019

A veces el escritor y poeta José Libardo Porras se sentaba a mirar la ciudad, a lo lejos, desde lo alto del Cerro de las Tres Cruces. Lo hacía en compañía de Lucas, su perro, “grande y serio como él”. Es el recuerdo de su amigo Juan Diego Mejía, quizá una de las personas que mejor conoce la obra del autor y quien se lo topaba de cuando en cuando en el cerro. “Inspiraba respeto, como si al mirar el panorama estuviera viendo su pasado y su vida desde allá arriba”.

Sencillo, discreto y sin mayores pretensiones. Así era José Libardo Porras, quien nació en Támesis en 1959 y falleció el lunes 21 de octubre en la noche en la Clínica Las Américas. Un hombre que decidió que su vida se volcaría en torno a las letras.

“Desde muy joven le dijo a su mama y hermanas que no se iba a casar, que solo iba a escribir. Lo apoyaron y se dedicó a eso toda su vida y José nunca renunció a eso que había sido una decisión”, cuenta Claudia Ivonne Giraldo, directora de la Editorial Eafit, donde varios de los libros de Porras tuvieron su lugar.

“Nunca buscó notoriedad, fama, dinero o hacer bulla. Era un caballero silencioso, un amigo delicado, tenía un sentido del humor fino, sin herir a nadie”, añade Giraldo.

Reflejarse en las letras

Adentro, una hiena es uno de esos libros que hace parte de la editorial de la Universidad Eafit. Allí el escritor se paraba de frente a un tormento inmenso con el que convivía y que lo atacaba desde su interior, un cáncer de páncreas que padeció por más de una década.

“Una novela bella y muy dolorosa”, destaca Giraldo, en la que “escribió sobre ese dolor y esa tortura. Un dolor de la espalda como si se lo comiera un animal”. El libro ganó el Premio Novela Inédita de la Alcaldía de Medellín en 2015.

A ese se le sumó Lucky, publicado este año y ganador de ese mismo premio, pero en 2018. Lucky... Como Lucas, ese perro compañero. El libro publicado por Angosta tiene toques autobiográficos y “cuenta la historia de ese perro y la relación entrañable que construye con él en una época en la que pierde a todos sus seres queridos”, describe Mejía, quien destaca que se trata de un relato desgarrador.

Para Alexandra Pareja, gerente de Angosta, fue un proceso en el que no solo descubrieron una novela sencilla y profunda, sino a un ser humano consecuente, que no buscaba llamar la atención. Un escritor que recibía con apertura las recomendaciones de sus editores. “José Libardo era un mundo entero. La enfermedad lo mantenía siempre muy alerta, vivía en una política de desapego con la vida”. Eso hace que ella lo recuerde como una persona “completamente estoica”, pero que a fin de cuentas no quería causarle problemas a nadie.

Todo un cuento

Sus letras le merecieron varios premios durante su carrera en la escritura. Recibió el Nacional de Literatura en 1996 en la categoría de cuento con Historias de la cárcel Bellavista. “Él consiguió el permiso para entrar a la cárcel y conocer las historias de algunos de los presos”, precisa Giraldo.

De lo que más destacan editores y colegas es que José Libardo escribió cuánto pudo, en diferentes géneros: cuento, ensayo, novela y poesía. De hecho, uno de los últimos libros que se publicó fue Cuentos, una antología de textos (del género) que Porras escribió desde su juventud y pertenece a la colección Debajo de las estrellas de la Editorial Eafit.

La labor para elegir las historias que entrarían allí fue intensa, porque José Libardo estaba interesado en reescribir muchas cosas, pero el resultado lo dejó contento.

“Si alguien que pudiera decir “yo soy la literatura”, como Kafka, era José Libardo”, concluye Claudia Ivonne, porque aunque él no quería ser el centro de atención, sus letras sí que lo eran.

Contexto de la Noticia

Paréntesis En casa de José Libardo Porras

“Madre: al anochecer llego a preparar la cena.

El pan es arena en la pared de mi garganta;

arena enturbia mi vino; arena en mi agua.

Fuera es invierno y llueve hoy, madre.

Llueve en mí.

Ninguna voz apaga la voz de la lluvia en mí

y ya he memorizado mis casetes y mis libros.

Tengo una historia que contar, madre,

y no timbra el teléfono; ni el casero

llama a mi puerta.

Si intento escribir me sale arena.

No polvo ni barro: árida y áspera arena.

Madre,

enséñame a hablar con Dios:

tú conoces

su idioma”.

Valeria Murcia Valdés

Periodista que entiende mejor el mundo gracias a la música, que atrapa cada momento que puede a través de su lente fotográfico y a la que le fascina contar historias usando su voz.

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