En el mundo cada año se desechan 1.300 millones de toneladas de alimentos, la mayoría son frutas y verduras que no llegan a consumirse porque los almacenes o los compradores no las consideran lo suficientemente estéticas, aunque sean aptas para el consumo. Los agricultores se quedan con una gran parte de su producción y deben botarla porque no alcanzan a consumirla, mientras muchos mueren de hambre o caen enfermos por consumir alimentos modificados genéticamente, llenos de conservantes y pesticidas. Cambiar esa estética tradicional que manejamos con respecto a la comida e incentivar un consumo más responsable de los alimentos es lo que llevó a Alejandro Osses a buscar un enfoque diferente para su proyecto de fotografía gastronómica. La cultura...