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Volver de la guerra

Vínculos entre el arte, la guerra, la memoria y la paz, a propósito de la exposición de Mario Vélez en Irlanda.

  • IMÁGENES CORTESÍA
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Por adriana valderrama | Publicado el 24 de mayo de 2022

El fuerte Dunree está ubicado en el sinuoso fiordo de Lough Swilly, uno de los grandes puertos naturales de Irlanda. Dunree fue un importante emplazamiento defensivo con papel protagónico en muchos acontecimientos históricos de la isla desde las invasiones vikingas hasta la huida de los Earls en 1607, la rebelión de 1798 y la Primera Guerra Mundial.

El Fuerte permaneció en manos británicas tras la partición de la isla en 1921 y sólo fue transferido a la República de Irlanda en 1938. Durante la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas irlandesas fueron estacionadas en Fort Dunree para evitar que las naciones en guerra violaran la neutralidad del país. Luego, el ejército irlandés utilizó el fuerte para entrenamiento hasta 1990. Sin embargo, en la actualidad, su impresionante belleza natural y su abundante fauna atraen a un número cada vez mayor de visitantes a uno de los lugares más bellos y tranquilos de Inishowen.

El Museo Militar de Fort Dunree se abrió al público por primera vez en 1986 para presentar el papel vital que desempeñó Fort Dunree en la defensa de la costa y la protección de la neutralidad irlandesa, así como una serie de artillería costera y artefactos que dan significado y visión al funcionamiento diario del Fuerte. El Fuerte alberga la Colección Rockhill, una colección privada de recuerdos militares perteneciente a Jackie Keenan y Jim Gallagher, que la han cedido al Museo Militar de Fort Dunree. Esta exposición se encuentra en la Galería Saldanha, que cuenta con una sala de Descubrimiento de la Vida Salvaje y otra para exposiciones de arte. Estas exposiciones de arte contemporáneo que tienen lugar en la Galería Saldanha están a cargo de Artlink, que se fundó en 1992 y es la compañía de arte profesional más antigua de Inishowen, Co. Donegal, Irlanda. Las oficinas, el estudio y sus talleres se encuentran en el Museo Militar de Fort Dunree.

Teniendo en cuenta el patrimonio histórico de Fort Dunree y las posibilidades de discusión y representación que los espacios que actualmente forman parte de la vida cultural que el fuerte puede ofrecer a la comunidad, propusimos un seminario. El objetivo es explorar la representación artística y material de la guerra y la paz en diferentes contextos. Las posibilidades del arte y su inscripción en el lazo social.

El arte y la guerra tienen una relación compleja, ambos son opuestos: el arte es creativo, la guerra es destructiva. La guerra es una actividad netamente humana. También lo es el arte. Además, el arte se ha utilizado como propaganda, para reforzar la moral y la construcción de la nación, por un lado. Por el otro, para hacer campaña contra la guerra mediante respuestas viscerales y altamente personalizadas a la brutalidad de la guerra.

Además, el arte permite recordar la violencia, registrando la experiencia de personas que pueden ser olvidadas por el registro histórico, y reescribir la historia de la guerra, y también facilitar el olvido de la violencia mediante la censura. Así, la guerra inspira el arte, pero el arte también puede ser saqueado en tiempos de guerra o destruido por ella. El arte igual ofrece un medio para ampliar la comprensión de la naturaleza y el carácter de la guerra a través de la aplicación de diferentes lentes, y, fundamentalmente, un medio para comprender las actitudes cambiantes de la sociedad hacia la guerra y la paz. Así, después de una guerra, el arte puede permitir a la gente recuperarse. No es de extrañar que desde que la humanidad libra guerras y busca la paz, los artistas hayan respondido de formas tan variadas y diversas como las guerras que las provocaron.

El seminario reflexionará sobre la relación entre arte, guerra, paz y patrimonio. El panel debatirá sobre las posibilidades del arte como herramienta o medio que puede complementar los procesos de construcción de la paz a través de la representación del conflicto para fomentar el diálogo comunitario, la elaboración del pasado, la reflexión y el pensamiento de un nuevo futuro colectivo. A partir de la exposición Arqueología del Color: Volver de la Guerra se reflexionará sobre las posibilidades que un diálogo constante entre el Museo Militar y Artlink puede ofrecer a la región y al mundo.

* * *

Desde la primera mitad del siglo XX, autores como Walter Benjamin, Theodor Adorno y Max Horkheimer han identificado profundos cambios en el arte, tanto a nivel material y procedimental como conceptual. Estos son el resultado de las conquistas de la tecnología moderna y de la profunda reconfiguración del mundo social. Más recientemente, desde la década de 1970, el arte no sólo trabaja con lienzos y materiales, también con conceptos, personas, instituciones y problemas sociales, entre otros. Hoy en día la obra de arte se piensa como parte de un todo y, como tal, se espera que dialogue con la sociedad.

Para las sociedades en transición, que han vivido periodos prolongados de violencia como Colombia e Irlanda del Norte, y que ahora se enfrentan a los retos de la construcción de paz, las cuestiones sobre el papel de los museos, los archivos, los memoriales, el patrimonio cultural y su representación contemporánea a través del arte son de gran interés. Los ponentes debatirán sobre la importancia del arte para facilitar los procesos de memoria y la influencia que puede tener en la forma en que una sociedad avanza desde la reflexión y la comprensión de la violencia, el trauma y la pérdida, así como la relevancia del arte en la construcción de narrativas colectivas y subjetivas en torno a estos acontecimientos traumáticos/complejos con miras a su reparación.

Volver de la Guerra

Durante 2017 y 2018, cuando fui directora del Museo Casa de la Memoria, realizamos una investigación sobre los hechos que llevaron a Medellín a convertirse en una de las ciudades más violentas del mundo al principio de 1990. Con esta investigación, que luego se presentó en una exposición, buscamos reflexionar sobre las connotaciones, símbolos y significados que se habían construido en torno a los acontecimientos que tuvieron lugar en la ciudad durante los 70, 80 y 90, tres décadas marcadas por la violencia, y también por el surgimiento de fuertes voces democráticas y manifestaciones a favor de la vida.

En este contexto de investigación museográfica y ejercicio curatorial encontramos los cuadernos de bocetos de Mario Vélez. Mario guardaba en su estudio los cuadernos de dibujo que había utilizado como estudiante a finales de los años 80 en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, en Medellín. Los cuadernos de bocetos estaban hechos a modo de collage y sin pretender ser una obra de arte dan cuenta de la existencia en un entorno muy convulso.

En estos primeros cuadernos de bocetos no hay obras que uno pueda considerar desde el punto de vista del arte, sino una revisión de los iconos de la época, intervenidos por la superposición de materiales como la retícula, creando la ilusión del encierro de las imágenes. También hay imágenes borradas y ciertas formas geométricas de orden más simbólico, que aquel estudiante trabajaba en formato plástico a través de la configuración de su ejercicio artístico. Los cuadernos de dibujo eran básicamente un reflejo de la violencia que vivíamos en aquella época, expresada a través de la sensibilidad de un artista en sus inicios.

Por esta razón, decidimos incluir los cuadernos de Mario en la exposición, ya que sus cuadernos de dibujo nos permitieron generar relaciones y reflexiones entre el rallado, el borrado y la eliminación de los otros y de uno mismo en la dinámica que planteaba el narcotráfico y el dinero fácil. Los gestos de los cuadernos hablan de los iconos y símbolos de la violencia de aquellos años. Además, los gestos y la estética de los cuadernos de dibujo eran perfectos para esta enlace entre el pasado y el presente de la ciudad a través de una reflexión artística sobre el fenómeno de la violencia y su representación.

Volver de la Guerra, la producción artística más actual de Mario Vélez, en sus más de 25 años de carrera, sigue estando fuertemente influenciada por las primeras reflexiones del estudiante. Los materiales, las texturas y los gestos de los cuadernos de dibujo son reconocibles en su obra más reciente. Un fuerte vínculo estético que sigue invitando, desde el gesto artístico, a reconocer las huellas de un entorno convulso y su relación antropológica con la naturaleza y la guerra.

Volver de la Guerra son pinturas, dibujos, esculturas y videos que se apropian de las texturas, colores y formas de los lienzos camuflados, intervenidos de la misma manera y con los mismos materiales que el artista utilizó en sus primeros momentos, cuando trabajaba en la problemática de la representación de la violencia. Un acercamiento y replanteamiento de la condición humana a partir de los materiales de la naturaleza y de lo que estos materiales representan y evocan. Utilizando los materiales que nos da la naturaleza, como las plantas, las cortezas, el aceite, el grafito, el oro, la roca, el agua se intervienen los lienzos camuflados. La intervención y superposición de estos elementos sobre la tela del lienzo genera superficies de contacto, huellas y marcas como las que deja la guerra en nuestra geografía, en los combatientes y en todos nosotros como sociedad.

La obra plantea inquietudes sobre los lugares, las geografías, los materiales naturales y su relación con la experiencia humana en el contexto del conflicto armado. El camuflaje de la tela, que recuerda a los tejidos de camuflaje militar, evoca una fuerte conexión personal y la idea de una prenda posible que a través del uso y el contacto con la piel adquiere un fuerte vínculo personal.

La materialidad de la ropa, representada por su desgaste, tiene un poder de inmediatez. En el caso de la obra de Mario, este desgaste se imprime con materiales naturales que dan a cada pieza la mismas características únicas que cada individuo deja impresas en el uso de una prenda. El camuflaje que llevan los combatientes se moldea a medida y, de este modo, una prenda cotidiana se convierte en única. Los lienzos camuflados intervenidos por Mario están llenos de presencia, evocando las marcas de su portador. Toda la obra está ligada a la pintura y al pigmento como principal preocupación


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