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Efecto Mundial femenino: el partido entre Colombia y Corea del Sur batió récord de audiencia

Se espera que el acompañamiento al equipo nacional para su partido contra Alemania, que está programado para el domingo a las 4:30 a.m. (hora colombiana), no disminuya.

  • Frente a Corea del Sur, el seleccionado nacional consiguió su segunda victoria en un Mundial femenino por dos goles. La primera fue en Canadá 2015 frente a Francia. FOTO: TOMADA DEL TWITTER DE @FCFSeleccionCol
    Frente a Corea del Sur, el seleccionado nacional consiguió su segunda victoria en un Mundial femenino por dos goles. La primera fue en Canadá 2015 frente a Francia. FOTO: TOMADA DEL TWITTER DE @FCFSeleccionCol
27 de julio de 2023
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La semana pasada, la Fifa había anunciado que esperaba que el Mundial femenino que se juega en Australia y Nueva Zelanda contara con una asistencia masiva a los estadios y con un acompañamiento grande del público que mira los juegos por televisión, y el partido entre la Selección Colombia y Corea del Sur cumplió a cabalidad con esas expectativas.

De acuerdo con información que compartió la Fifa por medio de la cuenta del torneo, el duelo entre el combinado Tricolor y los asiáticos fue visto por 9.1 millones de espectadores en vivo por televisión, lo que representa un récord en el país de personas viendo un partido de fútbol femenino al mismo tiempo.

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Ese número de personas que vieron los tantos de Catalina Usme y Linda Caicedo triplicó la cifra de audiencia que el ente rector del fútbol tenía estipulado en un partido del Mundial femenino en el país. Eso habla muy bien del crecimiento y la fuerza que ha tomado el balompié jugado por mujeres en Colombia.

¿Cómo vivió una colombiana el triunfo de la Selección en Australia?

La periodista antioqueña María Isabel Montoya está radicada en Australia desde octubre de 2022. Ella no vive en Sídney, pero la pasión mundialista se le metió por las venas y viajó desde Brisbane, la ciudad en la que vive, a la capital del país de Oceanía, para ver el debut de Colombia. Este es el relato de su aventura.

-A las 5:20 a.m. la alarma sonó y la emoción se apoderó del ambiente. Faltaba menos de 7 horas para ver el primer partido de la tricolor en el país de los canguros.

La llegada tarde al aeropuerto no me impidió detallar cada camisa amarilla que poco a poco comenzaba a llenar la sala de espera para el vuelo JQ811 desde Brisbane, mi ciudad de residencia, hasta Sidney, donde las mujeres de la selección femenina de fútbol serían las protagonistas en su primer encuentro oficial ante Corea del Sur.

Al llegar a Sídney me encontré con más camisas amarillas, azules y rojas, así como caras pintadas y tocados excéntricos en el cabello se veían en el camino.

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Aquella fría mañana de invierno no enfriaba las energías de todos aquellos colombianos que como yo, decidieron tomar el primer vuelo directo para apoyar al país. Al salir de la estación de tren me encontré con bustos de Simón Bolívar, Antonio Nariño, entre otras figuras importantes de la historia , no solo de Colombia, sino de Latinoamérica. Lo tomé como una señal de que Australia estaba de nuestro lado, y emprendí el camino rumbo al Allianz Stadium.

Era fácil saber que estaba acercándome. Cada vez que daba un paso las trompetas y los cánticos que me recordaban cuando estaba cerca al estadio Atanasio Girardot se sentían con más fuerza y la sensación de calidez se apoderaba cada vez más de mí. El ambiente me hacía sentir cerca de mi tierra.

Poco a poco el estadio se llenó de camisas amarillas y rojas, mientras personas de todas las nacionalidades emocionadas por este encuentro comenzaban a hacer presencia. La tribuna enloqueció al ver a las jugadoras salir al calentamiento previo al partido. Todos intentaban estar tan cerca de ellas como pudieran, para festejarlas y alentarlas.

El momento del himno, justo antes del partido, cuando el nerviosismo y la tensión aumentan, fue la cúspide de la experiencia que llevó mi alegría hasta las lágrimas: en un estadio, a más de 14.000 kilómetros de distancia de mi hogar, sonaron las trompetas del canto nacional y después miles de voces, unidas por el sentimiento de recordar el lugar en el que nacimos y del que salimos para buscar un mejor futuro, empezamos a cantar: “Oh gloria inmarcesible, oh júbilo inmortal...”.

Luego vino la cuenta regresiva para empezar el duelo. La jueza pitó y el balón rodó. Ahora solo nos quedaba dejarles a las jugadoras que demostraran el talento y el esfuerzo que nos llevó a todos a estar allí alentándolas.

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Al minuto 27 con 58 segundos todos nos quedamos en silencio por un momento, una jugada que no muchos logramos ver nos dio la posibilidad de anotar el primer gol: la jugadora número 4 de Corea del Sur había bloqueado el rumbo del balón con su antebrazo, lo que nos llevó directo al penalti. La sangre esperanza se apoderó de los colombianos que estábamos presentes en las tribunas.

Un minuto después, Catalina Usme marcó el primer gol para la tricolor. El estallido de júbilo en las graderías fue grande. Todos, que éramos unos absolutos desconocidos, celebramos y nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida, como si fuéramos amigos de la infancia.

El tiempo pasó y los colombianos nos sentíamos más seguros viendo el nivel del equipo. Después llegó el segundo gol de la Selección. Fue un derroche de talento de Linda Caicedo, quien desde la mitad de la cancha tomó el balón, esquivó la defensa de Corea, pateó desde afuera del área y nos puso a celebrar de nuevo.

En este tanto, la emoción nos tomó a todos con una sorpresa desmedida, casi como el golpe en la cara que recibí por parte de la mujer que estaba junto a mí, quien en medio de su euforia no se percató que su codo había terminado en mi cachete. Pero ni eso evitó que celebrara y gritara con todo el orgullo el nombre de mi país: “Colombia, Colombia, Colombia”.

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El segundo tiempo fue tranquilo. No hubo golpes en el cachete, ni más celebraciones de gol. Lo único interesante que pasó fue que de vez en cuando nuestros vecinos coreanos nos decían “almost gol, almost”, cada que sus jugadoras intentaban anotar en la impenetrable portería de Catalina Pérez.

Al final, nos felicitamos entre todos, agradeciendo por un partido donde, a pesar de los golpes dentro de la cancha, no hubo lesiones. Los coreanos que estaban cerca de nosotros nos dieron la mano y, aunque su equipo perdió, se despidieron con una sonrisa en el rostro y después dijeron en un español enredado “Vamos Colombia”.

Un par de horas después de que terminó el partido, yo estaba en la sala de espera para regresar a Brisbane. El aeropuerto esa noche estaba lleno de camisetas amarillas y personas que se veían agotadas por el largo día, pero felices por la victoria. Una vez más, la tricolor nos llenó de orgullo y nos hizo sentir como en casa a pesar de la distancia. Habrá que esperar si esa misma emoción se mantiene para el duelo contra Alemania.

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