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Antioquia, de capital de la montaña a región tunelera: se estrenarán 45 túneles

Hace 20 años, Antioquia tenía apenas tres túneles. Ahora su nueva red vial está integrada por 45, incluido el carretero más largo de América.

  • El primer túnel de La Quiebra, construido en 1929, antes y ahora. El nuevo túnel La Quiebra reduce de 40 a 8 minutos el recorrido entre los corregimientos de Santiago y El Limón. FOTOS: ARCHIVO Y JUAN ANTONIO SÁNCHEZ.
    El primer túnel de La Quiebra, construido en 1929, antes y ahora. El nuevo túnel La Quiebra reduce de 40 a 8 minutos el recorrido entre los corregimientos de Santiago y El Limón. FOTOS: ARCHIVO Y JUAN ANTONIO SÁNCHEZ.
  • El túnel Guillermo Gaviria Echeverri unirá los tramos Mar 1 y Mar 2 superando el alto del Toyo. Se construye con recursos de la Gobernación, la Alcaldía de Medellín y el Invías. FOTO camilo suárez
    El túnel Guillermo Gaviria Echeverri unirá los tramos Mar 1 y Mar 2 superando el alto del Toyo. Se construye con recursos de la Gobernación, la Alcaldía de Medellín y el Invías. FOTO camilo suárez
17 de julio de 2022
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Reblujando en la cordillera, esta tierra ha encontrado siempre su redención. Así fue dos siglos atrás, cuando pese a estar lastrada en oro, era la provincia más miserable del Virreinato, y lo es ahora con sus nuevas autopistas que cruzan luminosas entre las montañas. De los 1.700 kilómetros de vías que componen la red de cuarta generación, 85 son de túneles que atraviesan macizos y serranías.

Y es que a finales del Siglo XVIII, las minas que brotaban a simple vista se habían agotado y no había utensilios ni herramientas para buscar el brillo puro en las vetas. Esta decadencia productiva marcó una era de pobreza en el epílogo de la Colonia, que solo se pudo superar en las primeras décadas de la República —entre 1820 y 1850—, cuando ingenieros europeos trajeron consigo nuevas técnicas de explotación de minas de veta e infraestructura, entre ellas, la tunelería. Los pioneros en obras subterráneas fueron los ingleses que en 1852 levantaron la mina El Silencio, en Segovia, la misma época en la que nació el Zancudo en las montañas de Titiribí.

Entonces, la minería antioqueña tuvo una nueva era y se convirtió en impulsor de fortunas, empresas, comercios y bancos, hasta que un siglo después la posta la tomó la expansión del café. Ese péndulo económico está resumido en dos obras de Pedro Nel Gómez: El Barequeo (1936) y la Danza del café (1936).

Claro que la relativa abundancia de esas épocas tenía la misma dificultad de ahora porque rodear las montañas para superarlas y bajar a los valles del Magdalena o del Cauca, y de ahí al mar, era demorado y complejo. Es que trasegar por la cordillera ha puesto a prueba el ímpetu de este pueblo montañero que ha tenido que templar el espíritu para cualquier gesta.

De eso da cuenta el ferrocarril, que se empezó a construir en 1874 y solo pudo entrar a Medellín en 1914, aunque el trayecto hasta Puerto Berrío estaba interrumpido por el alto de La Quiebra, en Santo Domingo. Las locomotoras solo podían llegar a Santiago donde pasajeros y carga tenían que subirse a una recua de mulas para subir la cuesta y llegar hasta la estación El Limón, en Cisneros, para seguir el recorrido. La solución para darle continuidad al tren y con la que finalmente Medellín dejó de ser una pequeña parroquia estaba contenida en una tesis de grado escrita en 1899 por Alejandro López (Medellín, 1876; Fusagasugá, 1940): la construcción del túnel de La Quiebra, de 3,5 kilómetros, para atravesar los cañones de los ríos Porce y Nus.

El túnel se construyó entre 1926 y 1929, con el impulso del presidente Pedro Nel Ospina, uno de los fundadores de la Escuela Nacional de Minas y quien conocía y apoyaba la tesis de López. El ferrocarril y su túnel abrieron la puerta para un nuevo desarrollo porque fueron los que posibilitaron la industrialización y la salida de productos hacia el mundo.

Pero la tunelería no solo impulsó la minería y las vías, porque después de los ferrocarriles fue utilizada en la producción de energía eléctrica. Gracias a esta tecnología pudieron construirse los túneles de desviación y conducción que convirtieron al departamento en epicentro hidroeléctrico del país. En la lista de grandes construcciones aparecieron las centrales Guadalupe, San Carlos I, San Carlos II, Playas o Río Grande II, en esta última hay 32 kilómetros de túneles.

La nueva era de los túneles viales comenzó en la década de los 70 cuando se construyó el primero en la carretera Medellín – Bogotá, en Guarne, de 295 metros de longitud. Pasaron más de 20 años para que llegara el túnel la Llorona, de 435 metros, en la vía a Urabá.

En 2000 se construyó el segundo túnel de Guarne –paralelo al primero en la carretera- con la misma longitud del tubo pionero, convirtiéndose en el primero con dos sistemas paralelos de tránsito unidireccional. Cinco años después se estrenó el túnel Fernando Gómez Martínez o de Occidente, que con 4,6 km se convirtió en el túnel carretero más largo en su momento.

El esplendor que vivimos en tunelería se puede resumir si comparamos las ejecutorias de medio siglo con las alcanzadas en cinco años. De los 130 km de túneles que se están construyendo en el país, 85 km están en Antioquia.

Esta era de modernos y equipados túneles la abrió en 2019 el de Oriente, de 8,2 kilómetros, el más largo del país hasta que inauguró un año después el de La Línea, con 8,65 km. En la red 4G se destacan el segundo tubo de Occidente (4,6 km); el segundo de La Quiebra entre Santiago y El Limón (4,1 km), que pasa por debajo de la casi centenaria obra de Alejandro López; el túnel de Amagá (3,6 km), el Mulatos (2,5 km en Tarso), el de Fuemia (2,2 km, entre Uramita y Dabeiba) y el de La Sinifaná (1,4 km) en la concesión Pacífico 1. Además por obra pública se construye el que será el más largo del continente, el Túnel Guillermo Gaviria Echeverri, de 9,73 km, en el Occidente.

La senda de una nueva etapa de florecimiento económico para el departamento la marcarán estos caminos que recorren el corazón de las montañas. Una vez más Antioquia rebluja dentro de su cordillera para encontrar su redención .

Reblujando en la cordillera, esta tierra ha encontrado siempre su redención. Así fue dos siglos atrás, cuando pese a estar lastrada en oro, era la provincia más miserable del Virreinato, y lo es ahora con sus nuevas autopistas que cruzan luminosas entre las montañas. De los 1.700 kilómetros de vías que componen la red de cuarta generación, 85 son de túneles que atraviesan macizos y serranías.

Y es que a finales del Siglo XVIII, las minas que brotaban a simple vista se habían agotado y no había utensilios ni herramientas para buscar el brillo puro en las vetas. Esta decadencia productiva marcó una era de pobreza en el epílogo de la Colonia, que solo se pudo superar en las primeras décadas de la República —entre 1820 y 1850—, cuando ingenieros europeos trajeron consigo nuevas técnicas de explotación de minas de veta e infraestructura, entre ellas, la tunelería. Los pioneros en obras subterráneas fueron los ingleses que en 1852 levantaron la mina El Silencio, en Segovia, la misma época en la que nació el Zancudo en las montañas de Titiribí.

Entonces, la minería antioqueña tuvo una nueva era y se convirtió en impulsor de fortunas, empresas, comercios y bancos, hasta que un siglo después la posta la tomó la expansión del café. Ese péndulo económico está resumido en dos obras de Pedro Nel Gómez: El Barequeo (1936) y la Danza del café (1936).

Claro que la relativa abundancia de esas épocas tenía la misma dificultad de ahora porque rodear las montañas para superarlas y bajar a los valles del Magdalena o del Cauca, y de ahí al mar, era demorado y complejo. Es que trasegar por la cordillera ha puesto a prueba el ímpetu de este pueblo montañero que ha tenido que templar el espíritu para cualquier gesta.

De eso da cuenta el ferrocarril, que se empezó a construir en 1874 y solo pudo entrar a Medellín en 1914, aunque el trayecto hasta Puerto Berrío estaba interrumpido por el alto de La Quiebra, en Santo Domingo. Las locomotoras solo podían llegar a Santiago donde pasajeros y carga tenían que subirse a una recua de mulas para subir la cuesta y llegar hasta la estación El Limón, en Cisneros, para seguir el recorrido. La solución para darle continuidad al tren y con la que finalmente Medellín dejó de ser una pequeña parroquia estaba contenida en una tesis de grado escrita en 1899 por Alejandro López (Medellín, 1876; Fusagasugá, 1940): la construcción del túnel de La Quiebra, de 3,5 kilómetros, para atravesar los cañones de los ríos Porce y Nus.

El túnel se construyó entre 1926 y 1929, con el impulso del presidente Pedro Nel Ospina, uno de los fundadores de la Escuela Nacional de Minas y quien conocía y apoyaba la tesis de López. El ferrocarril y su túnel abrieron la puerta para un nuevo desarrollo porque fueron los que posibilitaron la industrialización y la salida de productos hacia el mundo.

Pero la tunelería no solo impulsó la minería y las vías, porque después de los ferrocarriles fue utilizada en la producción de energía eléctrica. Gracias a esta tecnología pudieron construirse los túneles de desviación y conducción que convirtieron al departamento en epicentro hidroeléctrico del país. En la lista de grandes construcciones aparecieron las centrales Guadalupe, San Carlos I, San Carlos II, Playas o Río Grande II, en esta última hay 32 kilómetros de túneles.

La nueva era de los túneles viales comenzó en la década de los 70 cuando se construyó el primero en la carretera Medellín – Bogotá, en Guarne, de 295 metros de longitud. Pasaron más de 20 años para que llegara el túnel la Llorona, de 435 metros, en la vía a Urabá.

En 2000 se construyó el segundo túnel de Guarne –paralelo al primero en la carretera- con la misma longitud del tubo pionero, convirtiéndose en el primero con dos sistemas paralelos de tránsito unidireccional. Cinco años después se estrenó el túnel Fernando Gómez Martínez o de Occidente, que con 4,6 km se convirtió en el túnel carretero más largo en su momento.

El esplendor que vivimos en tunelería se puede resumir si comparamos las ejecutorias de medio siglo con las alcanzadas en cinco años. De los 130 km de túneles que se están construyendo en el país, 85 km están en Antioquia.

Esta era de modernos y equipados túneles la abrió en 2019 el de Oriente, de 8,2 kilómetros, el más largo del país hasta que inauguró un año después el de La Línea, con 8,65 km. En la red 4G se destacan el segundo tubo de Occidente (4,6 km); el segundo de La Quiebra entre Santiago y El Limón (4,1 km), que pasa por debajo de la casi centenaria obra de Alejandro López; el túnel de Amagá (3,6 km), el Mulatos (2,5 km en Tarso), el de Fuemia (2,2 km, entre Uramita y Dabeiba) y el de La Sinifaná (1,4 km) en la concesión Pacífico 1. Además por obra pública se construye el que será el más largo del continente, el Túnel Guillermo Gaviria Echeverri, de 9,73 km, en el Occidente.

La senda de una nueva etapa de florecimiento económico para el departamento la marcarán estos caminos que recorren el corazón de las montañas. Una vez más Antioquia rebluja dentro de su cordillera para encontrar su redención.

Infográfico
El túnel Guillermo Gaviria Echeverri unirá los tramos Mar 1 y Mar 2 superando el alto del Toyo. Se construye con recursos de la Gobernación, la Alcaldía de Medellín y el Invías. FOTO <b>camilo suárez</b>
El túnel Guillermo Gaviria Echeverri unirá los tramos Mar 1 y Mar 2 superando el alto del Toyo. Se construye con recursos de la Gobernación, la Alcaldía de Medellín y el Invías. FOTO camilo suárez

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