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"Estamos vivos y tomando vitaminas"

ANA MERCEDES GÓMEZ , directora de este diario, proyecta una empresa de contenidos que opere las 24 horas y que produzca información con valores agregados.

  • Del "uribismo" que algunos le critican a EL COLOMBIANO, Ana Mercedes Gómez dice que es una posición editorial respetable sobre un presidente y un hombre "honesto, decente, trabajador, que quiere al país como pocos". Pero advierte que en lo informativo su | Juan Fernando Cano | Del "uribismo" que algunos le critican a EL COLOMBIANO, Ana Mercedes Gómez dice que es una posición editorial respetable sobre un presidente y un hombre "honesto, decente, trabajador, que quiere al país como pocos". Pero advierte que en lo informativo su redacción ha sido libre para dar cuenta de aciertos y errores. "No somos incondicionales de nadie".
    Del "uribismo" que algunos le critican a EL COLOMBIANO, Ana Mercedes Gómez dice que es una posición editorial respetable sobre un presidente y un hombre "honesto, decente, trabajador, que quiere al país como pocos". Pero advierte que en lo informativo su | Juan Fernando Cano | Del "uribismo" que algunos le critican a EL COLOMBIANO, Ana Mercedes Gómez dice que es una posición editorial respetable sobre un presidente y un hombre "honesto, decente, trabajador, que quiere al país como pocos". Pero advierte que en lo informativo su redacción ha sido libre para dar cuenta de aciertos y errores. "No somos incondicionales de nadie".
05 de febrero de 2011
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Subo a su oficina y le consulto: "¿directora, me regala un rato para hablar de este periódico?". Es que 99 años no se cumplen todos los días. Quiero que ese diálogo sea espontáneo y sin prefabricar nada. Incluso, que le pueda hacer un par de preguntas incómodas, que sé que muchos en la calle le querrían lanzar. A ver, doña Ana, empecemos...

Son 99 años. Pueden ser mucho o muy poco, según se les mire. ¿Qué tan viejo y qué tan joven está EL COLOMBIANO?
"Este 6 de febrero empieza a correr el año 100. Lo importante es apostarle al alma joven, que vale para las personas y las empresas. Hay cosas valiosas que dan los años, que recibimos como legado: filosofía, código ético, vivencias, ejemplo. Es lo que llamo los pilares que se deben mantener ayer, hoy y mañana. Eso nos permite asumir este oficio como un servicio en una empresa sui generis . Servicio al bien común, a la construcción de democracia, a los ciudadanos para luchar por una vida más digna regional, nacional y, por qué no, mundialmente".

Esa coherencia habla de un periódico conservador. ¿Cómo definir hoy esa categoría "conservador"?
"Desde el principio, el fundador de este periódico (en 1912), Francisco de Paula Pérez, un estudiante en ese momento, dijo que este periódico tenía una filosofía conservadora, pero que no seguía órdenes de ningún partido ni jefe político. Que era un periódico abierto, pluralista. Después, si se lee nuestro código ético, cuando empezó el dúo dinámico de don Julio C. Hernández y Fernando Gómez, eso se ratificó y está en el editorial del 2 de enero de 1930: independencia de los partidos y búsqueda del bien común. Por eso, creo, hay una lección grande: aprender del pasado y avizorar el futuro, tener esos escenarios. Si se mira el pasado, EL COLOMBIANO fue de los que más contribuyó a mostrar todas las caras de la moneda. Advirtió, además, en el período de lo que llamamos en Colombia 'La Violencia', que matarse por política era un absurdo. Hay que respetar las ideas. Eso provocó que EL COLOMBIANO fuera atacado por los extremistas, incluso conservadores. Una de las primeras bombas que estalló en Medellín (1952) fue en nuestra casa. Con el paso de los años supimos que fueron extremistas conservadores. El autor material luego se lo confesó a mi padre, cuando fue a pedirle que lo perdonara. El objetivo era matarlo".

De esa época y de "La Violencia" a hoy, ¿cómo piensa EL COLOMBIANO su papel frente a la realidad, los conflictos y el país que tenemos?
"Se debe trabajar en varios frentes a la vez: por construir la paz. Hacer lo que se deba para que el país y Antioquia no tengan tantos desequilibrios. No podemos estar tranquilos viviendo en el departamento con más desequilibrios, en el más inequitativo en lo económico y lo social. Debemos ayudar a concientizar a la gente de que este país lo arreglamos entre todos".

Y el periodismo y EL COLOMBIANO qué pueden hacer...
"Abrir espacios cuando se encuentren actores del conflicto con deseos de dejar las armas, el terrorismo y el narcotráfico, pero que sean comprobables y a la luz de experiencias internacionales. En sus distintas plataformas, EL COLOMBIANO abrirá sus espacios para que haya diálogo y entendimiento de todos. Lo otro es motivar al empresariado para que, aunque ha puesto, ponga más granos de arena. No podemos quedarnos en acciones aisladas de fundaciones. Hay que sumar acciones para que los violentos no encuentren motivos ni excusas en los cuales basar su discurso. Con o sin proceso de negociación, hay que trabajar por el país digno en que cada ser humano tenga satisfechos sus derechos y necesidades fundamentales.

Al tiempo, podemos hacer campañas para que nos demos cuenta de que las personas no solo podemos exigir derechos sino cumplir con los deberes correlativos. Eso se puede hacer en la plataforma multimedia. A quienes opinan les exigimos que lo hagan sin herir la dignidad de otros. Hay que despertar y ver la realidad en toda su dimensión".

Los periódicos afrontan la crisis del modelo tradicional de informar en papel y están viviendo una revolución. ¿Adónde va EL COLOMBIANO en ese contexto?
"Bajo una premisa esencial, ser creíbles y veraces, va con todas sus plataformas a ser una empresa de contenidos que funcione las 24 horas, con horarios escalonados, para que responda a la exigencia de la información en tiempo real. Va a desarrollar esos contenidos para que nuestras audiencias no se queden en la noticia que ya se conoce en cualquier portal. En tecnologías de la información y la comunicación frenar, parar, supone un retroceso inmenso. Vamos a aprovechar la experiencia acumulada, pero también el ímpetu y las ideas nuevas de los jóvenes para las tecnologías. Esa amalgama es maravillosa, la de las expectativas de las audiencias de todas las edades".

Se retoma la idea de que para ser visibles, notorios, hay que hacer periódicos bien investigados, bien escritos y de buen análisis. Le suena...
"Sí, sirve. Tengo el ejemplo de varios periódicos que en su plataforma de papel tienen buena circulación porque le dan a su audiencia -nosotros también lo intentamos- información con valor agregado. Esa es una pregunta diaria a mi equipo: qué tiene esto de distinto, cuál es el contexto, cuáles los antecedentes, consecuencias y proyecciones. En ese periodismo de profundidad estamos volviendo a lo que se hacía en la segunda, tercera y cuarta década del siglo XX: llegaba un telegrama con una reseña escueta y en las redacciones se le agregaban esos valores. Para eso se necesitan periodistas muy formados, que ayuden a entender. En la escritura está retomando mucha fuerza la crónica, tal vez el género más bello del periodismo".

¿Cuáles son, hoy, buenas prácticas de periodismo?
"En noticias sobre conflictos, sabiendo que la primera baja es la verdad, hay que poner todas las caras de la moneda. Ser claros al demostrar violaciones y atropellos. Visibilizar a las víctimas para generar sentimientos de solidaridad. Poner granos de arena para facilitar la comprensión de los hechos. Motivar mucho el amor por la patria, sin negar el mundo interconectado que tenemos. Me choca el periodismo de filtraciones".

Y cuáles son las malas prácticas...
"Le tengo miedo a lo que los colombianos llamamos 'la chiva'. A las primicias que salen a la carrera, sin confirmar, sin confrontar y que lesionan derechos fundamentales de la gente, sin poner todas las caras de la moneda. Prefiero que una información salga un día después, pero que esté bien hecha. Le temo a las filtraciones, porque hay alguien interesado en lesionar a otros. Me aterra que las liberaciones de secuestrados se conviertan en show mediático. No olvido la entrega del Eln de los secuestrados de La María, en Cali. Creo firmemente en el derecho a la privacidad".

¿Cuáles son los aportes a la sociedad más significativos en un periódico que tiene 99 años y va por 100?
"Luchar contra el centralismo. En consecuencia, hacer campañas por la descentralización administrativa. Falta mucho. En la región, EL COLOMBIANO defendió la salida al mar en un departamento que vivió, por muchos años, de espaldas al mar. Eso en pro de la competitividad. Otra lucha es el apoyo a las obras por el sistema de valorización, para que el que tiene más pague más y, al tiempo, se abran oportunidades de trabajo. Cuando vemos que hay posiciones serias, les apostamos a la paz y a los diálogos. Ocurrió con el EPL, con la CRS, procesos serios que llegaron a la paz. Con el Gobierno de Andrés Pastrana y las FARC, en el Caguán, les apostamos hasta que nos dimos cuenta que era un proceso inmaduro y que no había voluntad real de la guerrilla de negociar la paz. Abrimos espacios como las Páginas para un Diálogo por Urabá. Consultamos los puntos de vista de los sectores enfrentados y cómo se veían en un Urabá en paz. Fueron tema de tesis en universidades extranjeras. Y permitieron, por primera vez, que los actores del conflicto se hablaran. Sin insultos y de manera propositiva.

La otra gran labor es reconocer a los Colombianos Ejemplares, instituciones y personas, para que se siga y se copie ese buen ejemplo. Otro aporte es la campaña ininterrumpida de valores, convivencia y civismo, Prensa-Escuela y los derechos del niño".

¿Cuál es la fórmula del equilibrio en un diario que es regional, pero que también debe contar a Colombia y al mundo?
"Para EL COLOMBIANO siempre ha sido importante lo que pasa en el resto de Colombia y del mundo. Ahora con mayor razón, en un momento de globalización y con todas las tecnologías de información y comunicación. Ya somos ciudadanos del mundo. No obstante, es muy importante lo regional en un país de regiones muy diferentes. Antioquia tiene gran influjo en los departamentos vecinos. Por eso los medios regionales son fuertes, cada uno con su impronta".

Al empezar este conteo regresivo para los 100 años, ¿cuáles son los cambios y las innovaciones más importantes del periódico?
"Hay una reingeniería para enfrentar la demanda de información las 24 horas. Cambios en las estructuras de las plataformas que producen esas informaciones. Cambios en los perfiles del equipo, con la camiseta de un medio de comunicación moderno. Habrá cambios físicos: viene una rotativa nueva que permitirá ser más versátiles en el manejo del tamaño de las publicaciones, en su producción frente a nichos barriales y temáticos. Eso permitirá trabajar en más publicaciones y prestar servicios a terceros con una calidad uno A. Mientras tanto, integramos las redacciones de papel y digital, con comunicación permanente y fluida".

A propósito de cambios, hay versiones de prensa que dicen que usted se retira de EL COLOMBIANO. ¿Es cierto?
"Son eso, versiones de prensa. Versiones de gente que escribe o habla con el deseo. Eso será cuando lo considere, porque tampoco me pienso atornillar en un puesto. No quiero ser la Mubarak de EL COLOMBIANO".

Según usted, una persona que lleva tantos años en este oficio y que debió enfrentar tiempos muy complejos, especialmente del país, cuáles son sus máximas del periodismo...
"La búsqueda de la verdad es esencial. Tener un sentido profundo de amor por el mundo, por el país y por el departamento. Ser pluralistas y permitir analistas y opinadores de todo el espectro político e ideológico. Ser libres sin caer en el libertinaje. Tener principios éticos".

Usted habla mucho del "bien común". ¿Eso qué es?
"Según mi definición particular -puede haber otras-, es lo que beneficia a todos los ciudadanos y personas. Es lo que le sirve a la dignidad general. La de todos los seres humanos e, incluso, otros seres vivos. Se opone al bien particular, de conveniencias personales, de filosofías mezquinas del beneficio propio. Es pensar en grupo: dos cabezas piensan mejor que una y cuatro ojos ven mejor que dos".

Hay quienes le critican a usted y a EL COLOMBIANO tanta cercanía y militancia con el gobierno del ya expresidente Álvaro Uribe. ¿Usted qué les responde?
"Periodísticamente, en lo informativo, jamás ninguno de los colegas del equipo ha recibido una orden mía de no sacar alguna información que cuestionara la gestión, por ejemplo, del presidente Uribe. Lo que sí pido es que se haga con respeto y poniendo todas las caras de la moneda. Eso en lo informativo. En lo editorial creemos que el expresidente Álvaro Uribe Vélez es un hombre honesto, decente, trabajador, que quiere a este país como muy pocos. Lo hemos escrito, pero igualmente lo hemos criticado cuando consideramos que se equivocó y que alguna política no ha sido la adecuada o fue insuficiente. Le criticamos, por ejemplo, cuando nombró facilitador al presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Fuimos los primeros. El paso del tiempo nos dio la razón. Dicen que este periódico es uribista, solamente uribista, pero casi nunca nos destacan en Bogotá cuando criticamos alguna obra de gobierno de él o de su gabinete. Editorialmente, no somos incondicionales de nadie. Somos incondicionales con nuestra propia conciencia y rectificamos cuando hay que rectificar. En 2002 no dijimos 'vote por Uribe'. En 2006 sí invitamos a votar por Uribe, respetuosamente, porque son los ciudadanos los que deciden. Igual ha pasado con la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín".

Este periódico palpita. Su directora también. ¿Gozan de buena salud periodística?
"Sí. EL COLOMBIANO, su directora y el equipo humano de colaboradores. No soy yo sola. Sola no podría hacer nada. Gozamos de buena salud. Hay vitaminitas que nos tenemos que tomar. Vamos a tomárnoslas, para llegar al cumpleaños 100 con más fuerzas y cambios que, creo, nos permitirán servir mejor a la comunidad y cumplir el derecho a la información, libres y socialmente responsables".

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